Noticia de un secuestro
(Entrevista concedida por García
Márquez con motivo de la publicación de su último
libro a la revista colombiana CAMBIO 16)

Fotografía: Gianfranco Gorgoni/Sygma
EL 21 DE MAYO
DE 1948 apareció en El Universal de Cartagena de Indias la columna
"Punto y aparte", el primer escrito periodístico de un estudiante
de Derecho e incipiente cuentista llamado Gabriel Garcia Márquez.
Hoy, casi medio siglo después, tan lejos de ese mundo que "era tan
reciente que para nombrar a las cosas había que señalarlas
con el dedo", el desconocido periodista se ha
convertido no sólo en uno de los más
grandes escritores del siglo XX, sino en la noticia. Hace tan sólo
dos semanas ocupó los principales titulares del mundo cuando los
secuestradores de Juan Carlos Gaviria le pidieron que fuese él el
presidente de Colombia. "Nadie con un gramo de sensatez tomará cualquier
decisión bajo la presión de un secuestro", respondió
el Nobel.
Sabe del tema. Su
nunca olvidado oficio lo llevó a investigar durante tres años
el secuestro de cinco mujeres y cinco hombres colombianos a manos de los
Extraditables. Noticia de un secuestro,
que será publicado esta semana, es,
no sólo la culminación de la técnica periodística
y literaria del autor -los capítulos nones tratan del mundo exterior,
los pares llevan al encierro, a lo interno-,sino también un
ejemplo de la noticia humanizada, con protagonistas de carne y hueso, donde
Garcia Márquez abre -como en aquel Relato de un naufrago-
ese espacio fascinante que la frialdad periodística les niega cotidianamente
a las víctimas: el de los recuerdos.
CAMBIO 16 "Noticia de un secuestro"
es un libro cuyos protagonistas tienen nombre y apellido conocidos y hablan
por teléfono con su autor. ¿Que tan difícil le resultó
escribirlo?
GABRIEL GARCÍA MARQUEZ.
Todo libro es difícil. Cien años desoledad lo fue
por la enorme carga mítica que llevaba dentro. El otoño
del patriarca lo fue también por su enorme carga de ficción
histórica, y Noticia de un secuestro
lo es por su enorme carga de realidad periodística.
P. Nadie cree que a estas alturas
le resulte difícil conseguir reportajes como al resto de los mortales.
No es lo mismo el periodista feliz e indocumentado de hace 40 años
que un Nobel al
que nadie le niega ahora una entrevista.
R. Yo no me gané ese privilegio
por influencias ni por plata, sino subiendo escalón por escalón
en el oficio de periodista. Cuando tenía tu edad me tocaba luchar
contra las mismas dificultades que tú has encontrado ahora para
que yo te concediera esta entrevista. Y no se olvide que para hacer un
trabajo como éste se necesita más humildad siendo premio
Nobel que reportero raso.
P. Y usted que ha inventado un
chocolate que hace levitar, no podría inventar los detalles a su
antojo?
R. De poder, se podía.
Pero el reto era jugar limpio. Lo que yo quería era escribir un
reportaje con todas sus leyes, y en ellas no cabe la invención.
Hoy me alegro: el libro no tiene una línea
imaginaria ni un dato que no esté comprobado
hasta donde es humanamente posible. Sin embargo, estoy seguro de que costará
trabajo creerlo, porque parece más novela que cualquiera de mis
novelas. Creo que ese es su mayor mérito.
P. Los victimarios tenían
la misma disposición? Por qué no habló usted
con Pablo Escobar?
R. Con los victimarios habría
sido distinto, porque quizás hubieran querido aprovechar el relato
para justificarse. Pablo Escobar estaba todavía vivo en la cárcel
cuando empecé la investigación y sé que él
tuvo noticias del libro que yo estaba escribiendo. Había resuelto
discutirlo con él en persona sólo
cuando ya tuviera el primer borrador, pero
murió antes. Estoy seguro de que yo me hubiera puesto en su lugar
para ser justo con él. En un buen reportaje puede no haber buenos
ni malos, sino hechos concretos para que el lector saque sus conclusiones.
P. ¿Por qué
Escobar no y los Ochoas sí?
R. Con los hermanos Ochoa fue
distinto. Están presos los tres, y a punto de cumplir su condena.
Pero lo que no se sabe y va a saberse en el libro es que dentro de la cárcel
ellos se constituyeron en
un canal de comunicación ante Pablo
Escobar y Alberto Villamizar, gracias al cual salieron con vida los dos
últimos secuestrados -Maruja Pachón y Pachito Santos- y Escobar
se entregó. Los Ochoas, que están condenados por narcotráfico
y enriquecimiento ilícito, pero no por homicidios ni terrorismo,
hicieron un trabajo que debió haberse tenido en cuenta para descontarles
la pena, de acuerdo con la ley, pero no sólo no se hizo, sino que
tampoco ellos lo reclamaron.
P. ¿Cómo hizo para
hablar con ellos, cómo fue el encuentro?
R. Para ver a los Ochoas no había
problema. Ellos reciben visitas, reciben la comida de su casa... Pero si
yo me aparecía por allí hubiera sido una noticia escandalosa
que me habría obligado a revelar el secreto del libro que estaba
escribiendo. Así que me tocó esperar una buena oportunidad,
y me la dio un grupo de periodistas norteamericanos de alto nivel que el
presidente Samper invitó el año pasado para que estudiaran
la situación del narcotráfico en Colombia. Mientras ellos
conversaban con los Ochoas yo aprovechaba para hablar con cada uno de estos
por separado sobre las dudas que aún me quedaban. Las mandé
en primer borrador cuando lo tuve listo y ellos no solo me hicieron anotaciones
muy pertinentes, sino que me corrigieron datos equivocados y me dieron
otros nuevos.
P. ¿Qué piensan
hacer los colombianos para no llegar al siglo XXI en la misma situación
en la que están hoy?
R. ¿Y cómo
piensas tú que podemos pensar en el siglo XXI si todavía
estamos tratando de llegar al siglo XX? Piensa que me he pasado tres años
tratando de que no haya un solo dato falso en un libro, para un país
en el cual ya no se sabe donde está la verdad y donde está
la mentira. Qué porvenir puede quedarle a la literatura de ficción
si un candidato presidencial no se da cuenta de que sus asesores sagrados
reciben millones de dólares sucios para su campaña. Donde
los acusadores no se toman en cuenta porque en medio de las muchas verdades
que dijeron, colocaron también muchas mentiras. Donde el Presidente
se constituye a su vez en acusador de sus acusadores con el argumento de
que estos sí recibieron la plata, pero no la ingresaron en la campana
porque se la robaron. Donde -según eso- tres de sus ministros están
a las puertas de la cárcel por haber manejado un dinero que no existió
y encubierto un delito que no se cometió. Donde varios de los 15
jueces que juzgan al Presidente están acusados del mismo delito
que deben juzgar. Donde hay seis parlamentarios en la cárcel y más
de 20 investigados, y el Procurador está preso y el Contralor General
acusado de enriquecimiento ilícito. Donde el Gobierno no tiene tiempo
para gobernar y el Estado está cayéndose a pedazos, y la
sociedad está dividida entre los que lo creen todo y los que no
creen nada, sin mucho fundamento para lo uno ni lo otro. Y donde al final
los capos presos y acusados de haber dado el dinero sucio dejan sin piso
al Presidente, a sus asesores, al país y a todo el mundo, porque
aseguran que no dieron ni un centavo. En un país asi - qué
carajo!- a los novelistas no nos queda más remedio que cambiar de
oficio. [Cambio 16-Colombia Mayo 6-13 1996]
|
| |