"Desgraciadamente
las revoluciones parecen conllevar una tendencia a la estratificación
(o quitinosidad, para seguir con la imagen). En sus formas iniciales, esas
revoluciones adoptaron formas dinámicas, formas lúdicas,
formas en las que el paso adelante, el salto adelante, esa inversión
de todos los valores que implica una revolución, se operaban en
un campo moviente, fluido y abierto a la imaginación, a la invención
y a sus productos connaturales, la poesía, el teatro, el cine y
la literatura. Pero con una frecuencia bastante abrumadora, después
de esa primera etapa las revoluciones se institucionalizan, empiezan a
llenarse de quitina, van pasando a la condición de coleópteros.
Bueno, yo trato de luchar contra
eso, ése es mi compromiso con a las revoluciones, a la Revolución,
para decirlo en general. Trato de luchar por todos los medios, y sobre
todo con medios lúdicos, contra lo quitinoso. El Libro de Manuel
fue una tentativa de desquitinizar esos proemios revolucionarios que vagamente
se asomaban en Argentina y que no llegaban a cuajar. Ese libro fue escrito
cuando los grupos guerrilleros estaban en plena acción. Yo había
conocido personalmente a algunos de sus protagonistas aquí en París,
y me había quedado aterrado por su sentido dramático, trágico,
de su acción, en donde no había el menor resquicio para que
entrara ni siquiera una sonrisa, y mucho menos un rayo de sol.
Me di cuenta de que esa gente,
con todos sus méritos, con todo su coraje y con toda la razón
que tenían de llevar adelante su acción, si llegaban a cumplirla
si llegaban al final, la revolución que de ellos iba a salir no
iba a ser mi Revolución. Iba a ser una revolución quitinizada
y estratificada desde el comienzo. El Libro de Manuel es un desafío,
pero no un desafío insolente ni negativo. Es un desafío muy
cordial: vos has visto que yo a los personajes con toda la simpatía
posible. Por ejemplo a Marcos, el jefe de ese grupo de guerrilla urbana
que está un poco de vacaciones en Europa en ese momento. Y él
mismo discute con sus amigos, si no este problema, problemas paralelos.
Yo no los atacaba, muy al contrario. Si hubiera tenido ganas de atacarlos
no habría escrito la novela. No sólo no era un ataque, sino
que era una tentativa de ponerles en el bolsillo un libro que tal vez los
hubiera ayudado un poco".
[Parte de una charla entre Omar Prego y Julio
Cortázar aparecida en "La fascinación de las palabras"
de Omar Prego y Julio Cortázar (1985). ©1997 Alfaguara] |