Obras de Mario
Vargas Llosa publicadas en Alfaguara
La ciudad y los perros
se desarrolla en un colegio militar, el Leoncio Prado de Lima, en el que
las condiciones de vida son tremendamente duras. Vargas Llosa fija su mirada
desolada en la fuerte jerarquía piramidal que impera en el colegio,
espejo de la sociedad limeña, donde la humillación, la traición,
la violencia, la explotación y la degradación humanas son
la garantía para que cada estrato de la pirámide conserve
sus privilegios. El escritor, aferrado en ese momento a las tesis sartrianas
del compromiso del intelectual realiza un retrato social y político,
una descripción de las condiciones de vida en el Perú que
ponen de manifiesto la corrupción y la brutalidad de su sociedad.
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Los cuadernos de Don Rigoberto
Rigoberto, un maduro empleado
de una compañía de seguros, combate su banal existencia con
una rica imaginación que va plasmando en cuadernos. Todos sus deseos
ocultos van quedando reflejados en estas anotaciones que lo distancian
cada vez más de su vulgar existencia, un refinado compendio de la
imaginación erótica. Pero la particularidad de estas fantasías
es que parten siempre de pinturas, obras literarias y piezas musicales
constituyendo un verdadero y exquisito índice de la pintura y la
literatura eróticas de todos los tiempos.
Como contrapunto al florido
universo de don Rigoberto, está el inquietante y perturbador ambiente
que se forja alrededor de su pequeño hijo, Fonchito. Obsesionado
con la vida y la obra del pintor austríaco Egon Schiele, el muchacho
se sueña como la encarnación del pintor maldito y
su misterioso mundo de niñas perversas y autorretratos angustiosos.
Entre ellos, la madrastra. Una mujer que es para ambos la figura principal
de ese doble mundo de deseos y realidades. Una mujer a la medida de sus
más exigentes fantasías.
Los cuadernos de don
Rigoberto es, sin lugar a dudas, la obra definitiva de Mario Vargas
Llosa sobre el erotismo. En ella se despliegan ante el lector las claves
que nuestra memoria cultural ha dado, a través del arte, sobre los
misterios del placer sensual.
Narrativa breve
reúne los relatos más significativos de Mario Vargas Llosa.
Los jefes, el primero publicado por el autor (1959), y con el que
obtuvo su primer reconocimiento literario, el Premio Leopoldo Alas. Cuando
escribió Los cachorros, el escritor peruano era ya dueño
de todas sus facultades narrativas, razón por la que el mundo al
que da vida es un muestrario de la diversidad de las pasiones personales
y colectivas. ¿Quién mató a Palomino Molero?
es un retrato de la impotencia de un individuo ante la corrupción
de la sociedad. El hablador es una muestra de la habilidad narrativa
de Vargas Llosa: dos relatos alternados confluyen en una demostración
de la existencia de un inconsciente colectivo que hace a los individuos
experimentar momentos de ficción que reafirman el significado de
la existencia. Elogio de la madrastra es la primera incursión
de Mario Vargas Llosa en la literatura erótica. En este magnífico
relato la perversidad y la sensualidad, la culpa y el deseo se entreveran
hasta dar forma a una de las piezas más logradas de este género,
hasta que aparezca su máximo hallazgo: Los cuadernos de don Rigoberto
(Alfaguara, 1997).
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Conversación en la Catedral
La novela recrea la opresión
de la sociedad peruana bajo la dictadura de Odría a través
de diversos ambientes estudiantiles. En la obra se ponen al descubierto,
dentro de un complejo entramado de vidas privadas, los mecanismos mentales
y morales de los que gobiernan, las costumbres que genera el poder, y las
distintas retóricas de las personas que lo ejercen, secundan o envidian.
Cuatro libros estilísticamente diferenciados, por los que discurre
lánguidamente la conversación entre Santiago y Ambrosio que
da título a la novela.
La Casa Verde
es sin duda una de las más representativas y apasionantes novelas
de Mario Vargas Llosa. El relato se desarrolla en tiempos distintos, con
enfoques diversos de la realidad, a través del recuerdo o la imaginación,
y ensamblados con técnicas narrativas complejas que se liberan a
través de una desenvoltura narrativa ágil y precisa.
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Pantaleón y las
Visitadoras
Pantaleón Pantoja, un
capitán del ejército recientemente ascendido, recibe la misión
de suministrar un servicio de prostitución a las fuerzas armadas
del Perú (dentro, claro está, del más absoluto secreto
militar). Estricto cumplidor del deber, Pantaleón se traslada a
Iquitos, en plena selva, para cumplir su objetivo, pero se entrega con
una obcecación tan absoluta, que termina por poner en peligro el
engranaje que él mismo había desencadenado. Así arranca
la novela de Mario Vargas Llosa Pantaleón y las visitadoras,
publicada en 1973 y llevada más tarde al cine.
Mario Vargas Llosa utiliza
esta anécdota para subrayar la hipocresía de las instituciones
que se llaman ejemplares frente al oficio más viejo del mundo.
El eterno debate entre verdad y mentira, necesidad y virtud, las
perniciosas consecuencias que depara la observancia rigurosa del deber,
valores fundamentales de esta extraordinaria novela.
Concebida y ensamblada con
pericia de maestro, Pantaleón y las visitadoras supone un giro en
la obra narrativa de Mario Vargas Llosa: el realismo social presente en
sus primeras obras da paso a una precisa dosificación del sentido
del humor, la sátira y la ironía, que enriquecerán
significativamente el desarrollo de su peculiar universo literario.
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La Tía Julia y el Escribidor
Ya en el título se recoge
la doble historia en que se vertebra su argumento: por un lado, la relación
amorosa del joven escritor Varguitas con una mujer de su familia mayor
que él, la tía Julia; y por otro, la desaforada presencia
del folletinista Pedro Camacho en la misma emisora de radio donde Varguitas
trabaja.
La noble pasión amorosa
entre la tía Julia y el aprendiz de novelista, que la sociedad limeña
de los años cincuenta trata por todos los medios de impedir, se
combina incesantemente con las narraciones truculentas del folletinista
de las ondas. El contrapunto de una encendida pasión con aires shakesperianos
y su correlato melodramático y la inesperada confluencia del devoto
de la alta literatura y el escribidor rastrero son algunas claves de esta
narración mayor de Mario Vargas Llosa.
La tía Julia y
el escribidor reúne el interés de los relatos de aventuras,
donde la atención del lector queda sujeta a un final feliz continuamente
postergado, y el más desternillante y grotesco pasatiempo, gracias
sin duda a las divertidas aportaciones del escribidor Camacho, uno de los
grandes personajes del novelista peruano.
[Alfaguara Global (http://www.alfaguara.com)]
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