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Memorial al hijo bien amado
por Guillóm D'Besnarez


A: Bernardo Riveros von Burk.

¿Que debo legarte hijo mio de cuanto logré acumular en esta vida que te sirva para avanzar por su corto pero azaroso camino? ¿Que vale la pena transmitirte que habiéndo recibido de mis mayores pase a ser tuyo amado hijo?

Recuerdo que mi padre, que no fue un hombre rico, me regaló un libro que me enseñó lo imprescindible que es educar los sentidos; saber donde sacia su sed y cuando debe descansar el peregrino. A escuchar los címbalos que repican de felicidad cuando El alma se llena con la luz del infinito; que el hombre es prisionero del bullicio que lo incapacita para oir la música que lleva dentro. Al punto de hacerlo indigno de oír la Gran Voz de su espíritu. Y que esta tierra no es sino el vestíbulo que prescede al Altar cuya luz; jamás puede ser apagada por ningún soplo mezquino porque arde sin pabilo.

No te llenes de esa luz para que te reconozcan sino para reconocerte a ti mismo y extiéndela sobre todo aquello que en ti aún no ha nacido. Móntate en sus alas si deseas conocer. Cobíjate en su ceno si deseas aprender y para no deambular entre espejismos.


II


Sabe que la ignorancia, a menos que sea superada por el conocimiento, es la peor enemiga y por ella perecemos a menos que logremos nutrirnos con la observación de las cosas más sencillas. En este afán, el sabio jamás se detiene ,como las mariposas nocturnas, a quemar sus alas en el fuego que el aceite ha consumido. Ni chapotea en el mar para salvar su cuerpo sin importarle la muerte de su espíritu. Solo así logra abrir las puertas de los sagrados recintos, cuyos tesoros brillan ante sus ojos que no le temen a la oscuridad, porque penetran todos los velos. Ni se detiene hasta llegar a la escalinata por la que asciende hasta vencer toda cumbre, todo lastre, todo abismo. Y comparte los gritos de dolor que en silencio pronuncian los que no tienen voz. los perseguidos. Entonces siente la alegría que mora únicamente en el corazón del compasivo.


III


Cuando conquistes la región del silencio, en que la injusticia cae por la ley de la causa y el efecto y sepas que Dios le da a cada quién lo que merece con el mismo tamaño y peso; sabrás que lo perdurable siempre termina sustituyendo lo pasajero.

Cuando no confíes en la justicia que se obtiene mediante la injusticia, ni en el poder temporal que concluye llevando al poderoso a integrar la marcha de los vencidos. ¡Sabrás que sin virtud no hay grandeza hijo mío!

Si una luz por pequeña que sea te muestra el camino.
Si un adiós te separa y el amor te unifica.
Si otras manos convierten tu semilla en buen pan.
Si tus ojos dejan de mirar hacia fuera y tus ojos internos logran ver más allá.
Si el injusto de hiere pero no te doblega.
Si perdieras la vida pero hay quien te recuerde
¡Volverás a empezar! Por que Dios te ha elegido para ser todo un hombre y alabando su nombre, volverás a empezar.

Sabe que para ser luz o sombra. realidad o espejismo, cada quién tiene un canto que canta en el camino. Cuando el tedio te muerda con su boca asesina nunca tengas reparo en ahogar tu dolor. Las desventuras tienen su tiempo y su medida. Toda condena lleva en sí una absolución. Solo la vida logra descifrar nuestra vida que no termina, empieza con el último adiós.

Sabe que el hijo, para el padre es siempre su niño. Comparte sus desvelos, sus penas y alegrías. Cada día que pasa se contempla en su espejo. Por eso es que te escribo este memorial para que seas el Amo de tu destino. Radiante y radiador del sonido de la forma Y de la forma del sonido. Ahora, deja que recline mi corazón sobre tu pecho y, libre ya de lo efímero, brinde por ti en el cáliz que me fue entregado y transmítelo a tus hijos..

Mi Bien amado Hijo.



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