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Los impotentes; entre la luz y la oscuridad


Cuando se haga un recuento de los triunfos y derrotas de la humanidad en este siglo, seguramente que el descubrimiento de la penicilina, el invento de la computadora, la cura del SIDA, de la calvicie ,del cancer , y de la impotencia, figurarán como ejemplos paradigmáticos en la trayectoria del hombre que ha hecho esfuerzos descomunales para vencer el miedo, el resfrío y, en nuestros días, por escapar de la soledad y trascender al universo. No obstante, "seguimos estando en la luna" ante las incógnitas ¿De donde venimos? ¿hacia dónde vamos? que continúan sin respuesta.

Convengamos que el desarrollo de la humanidad no es un resultado de la suma de los conocimientos del hombre sino de sus saltos cualitativos entre el Ser y la Nada , que hacen que el desarrollo adquiera dimensiones sinérgicas en que las partes son más que el todo y el todo es más que el infinito. En este contexto, el descubrimiento de la píldora contra la impotencia; más allá de liberar a quienes siendo incapaces de engendrar un hijo debían conformarse con escribir un libro o sembrar un arbol, es tan insólito como pudo serlo en el medioevo el "consolador a pedal" o la Radio de Galena para el hombre del siglo pasado.

Asumimos, que para un impotente la pildora es tan gratificante como para un calvo descubrir que le ha crecido una melena. Recuérdese que a estos seres humanos, como a la propiedad intelectual, la naturaleza les había prohibido su reproducción total o parcial y el único consuelo que daba la ciencia era advertir que "la impotencia no es hereditaria". Pero como la alegría en materia erótica dura tan poco, la buena noticia curativa llega con la otra mala al advertir que, entre sus efectos secundarios, el VIAGRA pudiera dejar ciegos a sus consumidores y nos preguntamos si vale la pena repotenciarse a ese precio para sentir el placer de la vida o la vida del placer. Al respecto hay dos respuestas:
  1. si esto ocurre , los que se queden ciegos gracias a la pildora, tendrán una vara para rastrear el camino.
  2. En materia de amor no hay ceguera porque, el buen amante, aún en la oscuridad, encuentra lo que se esta buscando.


© Guillóm DīBesnarez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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