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Donde Santiago perdió el nombre, o cuatro Santos en uno Complacemos a nuestros lectores --aunque con algo de retraso totalmente ajeno a nuestra voluntad-- haciéndoles el relato ofrecido. Allá donde Santiago perdió el nombre, por cambiar un refrán y sin ánimo de ofender a nadie, es el lugar donde nacieron San Diego, San Jacobo y San Jaime. Todos y cada uno de los cuatro, aunque no vinieron al mundo simultáneamente, son variantes del mismo santo y el mismo nombre. Que cómo ha podido ocurrir semejante rompecabezas lingüístico-religioso, nos preguntan. Pues igual que ha sucedido con toda la evolución idiomática humana, desde que el hombre primitivo comenzó a comunicarse con sonidos. Primero fue el nombre de Jaime, en idioma israelita Chaim (hoy sigue siendo común éste y la transcripción anglojudía Hymie), que de alguna manera pasó a ser Jacobo. De Santo Jacobo, nombre originario de uno de los doce apóstoles de Jesucristo, surgió con el tiempo la abreviación Santiago. Más adelante se confundieron no solo el pueblo sino también los religiosos, y pensándose --a base de Santiago-- que había un santo o personaje llamado Diago o Diego, surgió San Diego. A todas estas, cabe notar que en inglés el nombre se conserva intacto, al menos en cuanto al santo, que es uno solo: Saint James. Lo cual nos lleva a la onomástica y su parienta la toponimia, temas de gran curiosidad intelectual, dignos de acuciosa investigación. Peritos en la materia que conozcamos hay pocos, pero podemos citar al mexicano Gutierre Tibón, autor de la interesante obra "Onomástica Hispanoamericana", en que les sigue la pista a nombres, apellidos y toponímicos del continente, remontándose a la época de la antigua Grecia y Roma y aun más allá. Al hurgar en lo que pudiéramos llamar la la arqueología de la onomástica, nos ilustra de manera sorprendente y sobresaliente. |
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A base de estas fuentes, entre otras --y sin ser expertos en la materia ni mucho menos--, damos a conocer algunos datos de interés en cuestión de nombres y apellidos. Como se sabe, algunos denotan lugar o procedencia (Santiago [precisamente], Sevilla, París, Valencia, Montes, Ríos, Fuentes, etc.), oficio o profesión (Herrero, Labrador, Ingenieros, Mestre (maestro), Lacayo, etc.), materiales (Piedra, Roca, Madero, Robles, Arenas, etc.) y colores (Blanco, Negrete, Rosado, Rojas, Pardo, etc.). Luego tenemos la gran categoría de los patronímicos, sin duda la más numerosa --al menos en cuanto al número de personas que los ostentan--, derivados del nombre de pila del progenitor. Como ocurre en casi todos los idiomas importantes, ello se suele señalar con un prefijo, o más frecuentemente con un sufijo. Es así es en el caso nuestro, que lo hace mediante con el emplo del simple sufijo ez. De tal modo resulta que tenemos de Sancho, Sánchez, de Fernando (o Hernando), Fernández (o Hernández), de Pedro, Pérez, de Ramiro, Ramírez, de Lope, López (aunque desusado hoy día, era nombre común en la época de Lope de Vega). Y por cierto, de Diego, Diéguez y su apócope Díaz. Ello ocurre en casi todos los idiomas. Por ejemplo, en inglés con son, como en Johnson; en sueco con sen/ssen, como en Johanssen; en irlandés con O’, como en O’Higgins, héroe de Chile; en escocés con Mc/Mac, como en MacDonald; en Inglaterra con Fitz --del anglonormando fils, hijo-- como en Fitzpatrick, el hijo de Patricio; en polaco con wicz o ski, como en Sienkiewicz o Krakowski (este último hijo de Krako, que probablemente tomó el apellido de la ciudad de Cracovia); en ruso con sky, como en Kerensky; en griego con poulos, como en Stavropoulos; en árabe con ibn, como en Abdul ibn Saud; y entre los judíos tradicionales con ben, como en Yakub ben Abraham, que viene a ser Jacobo, hijo de Abrahán. Dejemos para otra ocasión la historia de los títulos de respeto, como el inglés mister/mistress y nuestro don/doña. Sobre esto último les anticipo viene del latín domine, con lo cual se le atribuye al así apelado la cualidad de "dominador". © Emilio Bernal Labrada ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: elabrada@dgs.dgsys.com
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