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Clinton puso a Cuba "en China"
por Emilio Bernal Labrada


Nos acaban de dar una noticia que seguramente habrá dejado a mucho lectores patitiesos, por decir lo menos. Tiene que ver con el polikilométrico viaje --o viraje, tal vez-- que hizo el Presidente Clinton a China y con la inevitable comparación entre la manera de tratar a ese país y el contrastante trato que se da al gobierno de la fidelísima isla caribeña.

La noticia procede nada menos que de nuestros queridos amigos de la Agencia EFE, y cita textualmente al Presidente de la siguiente manera: "Estados Unidos tiene un mapa de carretera claro de lo que piensa hacer con Cuba". Ya sabíamos que la Casa Blanca cuenta con mapas de Cuba y seguramente de todos los países del mundo, pero no se nos había ocurrido que los iban a usar para fines de política exterior. Y como hace ya algunos años, por no decir decenios, que los estadounidenses decidieron descartar todo intento de beligerante pujanza --¿qué digo?, hasta de inocua influencia-- para cambiar o modificar al actual régimen, ¿cómo se explica eso de "mapa de carretera"?

Fue así como nos propusimos desentrañar el misterio e ir a la fuente originaria de la noticia, es decir, el inglés. Descubrimos que en los conceptos vertidos por el Presidente Clinton, este hizo referencia a "road map", lo que equivale, efectivamente, desde el punto de vista literal, al ya citado "mapa de carretera". Solo que al traductor de la noticia se le escapó un leve detalle: el famoso "road map" es únicamente una metáfora cuyo sentido no lo retiene en nuestro idioma la versión literal de la frase. En español un "mapa de carretera" es simplemente eso: un mapa en que aparecen caminos; nada más y nada menos.

En cambio, en inglés, "road map" tiene un sentido figurado muy distinto: significa "plan detallado" o, si se quiere, "proyecto minucioso". Nada que ver con sistemas viales ni cosa por el estilo, aunque para ser consecuentes con la metáfora inglesa podría decirse que tienen un concepto muy claro del "camino que van a seguir", es decir, que ya tienen bien estudiada y trazada la trayectoria de su política respecto a la isla.

Pero, yendo un poco más allá del normal ámbito de esta columna para incursionar en una materia que tratamos de evitar --la política-- vamos a decirles lo que van a hacer los norteamericanos respecto a la Cuba fidelísima: NADA, absolutamente NADA.

La parálisis que ha invadido su cuerpo desde el fracaso de Bahía de Cochinos, hace 37 años, sigue plenamente vigente en lo que a Castro se refiere, y nada ni nadie hará variar ese rumbo, pues tienen el piloto automático fijo en ese camino. En resumen, el "mapa de carretera" del gobierno norteamericano es una hoja en blanco en que no hay ni el más mínimo detalle. Hasta la ley Helms-Burton, tan invocada y cacareada, es letra muerta, pues su punto más trepidante ha quedado en el más indefinido (¿definitivo?) suspenso. Lamentablemente, como es un documento totalmente desprovisto de indicaciones y el derrotero ya está fijo, no hay perspectivas de flexibilidad, ni de iniciativas, ni de cambios ni de innovaciones.

Ah, olvidaba decirles que el Presidente concluyó sus observaciones pronunciando estas perlas de sabiduría oriental, seguramente adquirida en su reciente viaje: "Sea cual sea la política que sigamos, hay que estar preparados a ser pacientes". ¡Vaya, hombre! He ahí un nuevo ángulo que no habíamos tenido en cuenta: la paciencia. Seguramente que si tenemos más de la chinesca paciencia --si dice el tango que "veinte años no es nada", ¿por qué nos vamos a preocupar de cuarenta?-- todo se arreglará.

Aquí viene muy al caso un criollísimo dicho cubano: "se la puso en China". Lo que, en el argot popular, significa que el objetivo es inalcanzable, práctica y humanamente inasequible. Creemos que en este caso, Clinton ha puesto a Cuba en China. Huelgan más comentarios.



© Emilio Bernal Labrada   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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