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El "espanglés" en las noticias
por Emilio Bernal Labrada, (La Revista, columna: Nuestro idioma de cada día)

A continuación la sinopsis de una charla que dimos en la reunión anual de la American Translators Association (ATA), celebrada en San Luis, Misuri, del 2 al 6 de noviembre, sobre la infiltración del español por el inglés en las noticias difundidas por la prensa hispana --tanto escrita como aérea, es decir, la de radio y televisión-- en Estados Unidos y muchas veces en los propios países totalmente hispanohablantes.

Digamos, ante todo, unas palabras acerca de la labor que desempeña la Academia Norteamericana de la Lengua Española en este ámbito. A través de "Glosas", publicación periódica que divulga y esclarece aspectos problemáticos del idioma --sobre todo lo referente a los anglicismos y traducciones deficientes del inglés al español--, y de su Boletín, con artículos de interés general y cultural, lucha constantemente en defensa de nuestro idioma. Por encontrarse en Estados Unidos, donde el español está rodeado y circunscrito por el inglés, la Academia tiene una responsabilidad mucho mayor en la materia. Aceptando de buen grado semejante reto, se mantiene lo más activa posible para atajar la insidiosa y persistente tendencia, aunque cabe decir que es labor ímproba que al parecer conlleva pocas recompensas aparte de la satisfacción de saber que cumple cabalmente con esa responsabilidad en la medida de sus posibilidades. Aparte de ello, cuenta con la actuación individual de sus miembros, que escriben artículos, distribuyen columnas y dan entrevistas y conferencias para promover la cultura y el buen uso del castellano. Mucho me complace decir que figuro entre ellos y me ofrezco a ustedes para cualquier duda que tengan o consulta que deseen hacerme al respecto.

Entrando en materia, podemos decir que estamos ante el espectáculo de un lenguaje noticiero en que abundan no solamente las voces que palpablemente constituyen anglicismos, sino una redacción apegada al estilo del inglés, en que cunden la voz pasiva, la colocación impropia de adjetivos y otras características de ese idioma y brillan por su ausencia los giros auténticos del español.

Preocupa seriamente que a nadie parecer habérsele ocurrido contratar un buen redactor o traductor para que redacte o al menos revise las noticias antes de que salgan al aire o se impriman. Es así como el lenguaje empleado por los medios informativos hispanos, sobre todo los de la difusión, es fuente de los más disparatados yerros y (sin querer) humorísticas fallas, dignas de nuestra atención y en especial de la del traductor.

Es de lamentar que se contamine y desnaturalice el castellano por obra y gracia de unos pocos, que son los que controlan la redacción y difusión de noticias en el ámbito nacional estadounidense a través dos grandes cadenas televisivas: Univisión y Telemundo. En un lugar acaso menos influyente, pero tal vez aun más contaminadas, más sujetas a la presión y los errores (y horrores) procedentes del medio inglés en que se desenvuelven, se encuentran las emisoras radicales locales y los órganos de la prensa escrita: diarios, semanarios, mensuarios, revistas, etc.

Pudiera decirse que lo peor de estas influencias proviene de la publicidad, puesto que los anuncios, al repetirse y machacarse diariamente por los medios informativos, llegan a adquirir, de tanto leerse y oírse, carta de naturaleza en el idioma. El martilleo constante, día tras día --y a veces, peor aun, año tras año-- de lemas y dichos publicitarios, cala en la conciencia individual y colectiva, produciendo desfiguraciones del idioma y hasta de la misma forma de hilvanar nuestro pensamiento. Por eso resulta tan importante atajar este mal, cortarle el paso antes de que llegue a constituir una "masa crítica" capaz de dañar y desnaturalizar la raigambre, no solo de la lengua, sino de nuestra propia cultura.

Aunque podríamos hacer una lista prácticamente interminable de ejemplos de anglicismos, vamos a mencionar los siguientes, entre los que son univerbales y se emplean con gran frecuencia en el lenguaje de la radio y televisión hispanas: compromiso (por "avenencia", transacción), aplicación (por "solicitud"), someter (por "presentar", "entregar"), autopreguntarse (por "preguntarse"), anticipación (por "expectativa"), y pero (por "sino").

Respecto a este último caso, "pero" en vez de "sino", cabe advertir que se trata pura y sencillamente de un desplazamiento debido a la ingerencia del inglés. En ese idioma hay una sola voz ("but") que hace las veces de "pero" y de "sino", siendo el caso que en español son dos conceptos bien diferenciados que importa distinguir. "Sino" --y no nos referimos al sustantivo, que significa destino--, sino (fíjense bien) de la conjunción adversativa que indica sustitución, oposición o contraste. Por ejemplo: no fue ella, sino él; no lo entendió bien, sino mal; no huyó, sino que se entregó; no comió, sino que bebió; no tomó su medicina, sino solo aspirina. En los primeros dos ejemplos, noten que no es posible sustituir "sino" con "pero", porque la frase carecería de sentido. En los demás, el "pero" (suprimiendo el "que") le cambiaría el significado.

Pasando a los anglicismos pluriverbales, vamos a escoger al azar algunos entre los más escuchados, a saber: dejar saber (por "avisar"), carpeta roja (por "lujo", "fastuosidad"), ciencia ficción (por "ficción o fantasía científica", "fantaciencia"), daños personales (por "daños y perjuicios"), de acuerdo a (por "según"), de hecho (por "es más"), y estrictamente hablando (por "en rigor").

En cuanto al último caso estamos ante un calco clarísimo del inglés "strictly speaking" que no tiene la más mínima razón de ser, pues en español lo que se ha usado desde tiempos inmemoriales es "en rigor". Y una aclaración respecto a "dejar saber" ("let you know"): en español no es lo mismo "dejar saber", que implica revelar lo que antes estaba oculto, y "avisar", que significa "poner en conocimiento", "advertir de" un acontecimiento o "dar una noticia". Son dos conceptos bien diferenciados. Otra vez, como en "pero/sino", vemos que el español tiene en estos casos una precisión que se le escapa al inglés, pues engloba dos conceptos distintos en una sola voz o frase.

No vamos a proseguir este análisis, que dejaremos para un futuro documento más pulido y organizado, no prestándose para una charla como la presente, en la que por consideración al público, no queremos correr, en lo más mínimo, el riesgo del soporífico.

Digamos, en conclusión, que no somos únicamente los traductores los que debemos colaborar en este gran empeño por salvar a nuestro idioma de perecer ahogado en la marea anglicista. Todos debemos poner nuestro grano de arena para sacarlo a flote --valga la contradicción--, pues nos incumbe defender y resguardar lo que es nuestro para el disfrute de la actual generación y de las del futuro. El idioma, como cualquier cosa, se degenera y se deteriora si no se cuida y se cultiva. Y nada más precioso que la lengua que aprendimos en el regazo materno y el seno de la familia, y que debemos transmitir a nuestros descendientes tan bien como tuvimos la suerte de recibirla, o mejor aun, si es posible.

Si bien justo es decir que los traductores, en general, ponemos --tengo el orgullo de contarme entre ustedes-- especial cuidado en el uso del idioma, pues ese es nuestro oficio y misión, muchas veces hasta nosotros mismos dejamos infiltrar en nuestra redacción y nuestro pensamiento, por la simple presión del inglés --por un proceso casi de ósmosis--, los más inusitados y sigilosos anglicismos.

Ojalá que al llamar la atención a esta situación contribuyamos a esclarecer y acaso rectificar en algo esta lamentable tendencia, así como crear una toma de conciencia individual y colectiva que tienda a superarla, y que nos lleve a valorar y enaltecer la lengua española, dándole el lugar y el respeto que se merece.



© Emilio Bernal Labrada   Columna: Nuestro idioma de cada día
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