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Razones de la educación monolingüe por Emilio Bernal Labrada ¿Cómo estimular el aprendizaje del español? Hablábamos de que los padres hispanos deben hablarles español a los niños. Es decir, en la máxima medida posible, el español debe ser el idioma del hogar. ¿Para qué hablarles el inglés a los hijos si van a aprenderlo de todas maneras? Lo que necesitan aprender y practicar es el español, que es el idioma que fuera de la casa por lo general no se habla sino muy poco. Si no, ¿cuántas veces nos hemos topado con un anglohablante de origen hispano que nos dice, quejumbroso, que no habla el idioma de sus padres porque estos nunca le hablaron español. Claro que si el padre hispano espera a que el niño ya sea adolescente para hablarle en su lengua, ya habrá perdido los mejores años para el aprendizaje idiomático. Preocuparse de que el niño no aprenda inglés es como temer que no aprenda a caminar, cosa que se aprende automáticamente, sin esfuerzo. ¿Quién duda de que el muchacho va a aprender inglés sin problemas, igual que los chinitos y esquimalitos aprenden sus respectivas lenguas oyéndolas desde su más tierna edad? |
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Así, el niño aprende el idioma sin ningún esfuerzo de estudio formal (ese aprendizaje un tanto forzado que, por cierto, no es la actividad infantil más popular, por decir lo menos). Por ejemplo: el niño no vive con los padres, uno de los padres no es hispano y el idioma de la casa es el inglés, o se da el caso que por simple desidia u ocio los padres no hacen ese pequeño esfuerzo. Como decíamos en el segmento anterior, si el español (o en todo caso otro idioma) no fuera útil, ¿por qué será que los embajadores y demás funcionarios del servicio exterior estadounidense enviados a países de habla española son en número creciente hispanos o norteamericanos que conocen nuestra lengua? Y no se diga que la educación en español le resta fuerza al inglés. Es precisamente lo contrario, como ahora lo vamos a demostrar. El niño que se cría en escuela bilingüe tiene una gran ventaja sobre el que no conoce el español. ¿Por qué? Pues porque el que sabe nuestro idioma conoce mejor todas las voces de origen latino (cuyo significado suele ser igual o muy parecido) -- sabe que "facile" vienen de "fácil", "beneficent" viene de "benéfico", "compile" viene de compilar, "aperitif" o "aperitive" viene de "aperitivo", "aperture" viene de "apertura", "condiment" viene de "condimento", "epilogue" viene de "epílogo"-- todo lo cual da más vocabulario y es de gran ayuda en la ortografía. Aparte de lo cual, el bilingüismo infantil --como lo ha señalado ya un lector de la primera entrega-- abre la mentalidad del niño y le facilita el aprendizaje de más idiomas y le da más perspectivas intelectuales de todo género. Ello se debe a que el español, a diferencia del inglés, tiene casi perfecta correspondencia entre ortografía y pronunciación, de modo que quien sabe ambos idiomas tiene una gran ventaja en el conocimiento de la ortografía inglesa, aparte de que conoce el significado de muchísimas voces de origen latino que para el norteamericano monolingüe son más misteriosas. |
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Hay un mito muy difundido de que el chino es el segundo idioma del mundo por el número de personas que lo hablan. Nada más falso. Desmienten esa afirmación una serie de hechos contundentes. Primero, el chino no es un solo idioma, sino un conjunto de centenares de dialectos. Segundo, la importancia de una lengua no se mide por la magnitud de la población que supuestamente lo habla, sino por su influencia internacional en los ámbitos cultural, económico, social y hasta político (seamos realistas). ¿Cuántas obras literarias escritas en chino son mundialmente conocidas o han ganado el premio Nobel? ¿Cuántas personas que conoce usted, sin ser chinos, pueden comunicarse en ese idioma? ¿Cuán fácil es toparse con un euroamericano que conozca siquiera una palabra de chino? ¿Quiénes fuera de China son capaces de descifrar un texto en chino --y menos aún de escribirlo--? Digámoslo ya: el español es por amplio margen el segundo idioma del mundo en importancia, vale decir, difusión geográfica, influencia política y valor cultural. Por último, vamos al aspecto de estimular a los niños a apreciar y abrazar el idioma de sus padres y antepasados, que es nada menos que la segunda lengua internacional y, por cierto, la segunda de Estados Unidos, que cada vez cobra más auge dentro de sus fronteras. Ese estímulo es sencillísimo. En lugar de regañar y hostigar a los niños para que lo aprendan --cosa siempre negativa--, se les premia. Es decir, se les dan estímulos positivos. Cada vez que aprendan una palabra o frase nueva se les da una recompensa (por ejemplo, acumulando "puntos" para un premio especial al cabo de cierto plazo). Si los niños son dos o más, se establece una competencia amistosa entre ellos para darle un premio al que gane, otro al que quede en segundo lugar, etc. Verán ustedes cómo se esfuerzan por ganar los concursos y hasta se divierten. Y por si ello fuera poco, se le hace saber al niño que con el dominio del español tendrá una asignatura ya aprobada --y con muy buena calificación--¡casi sin tener que estudiar! Mientras sus condiscípulos tengan que gastar tiempo en hacer difíciles tareas y estudiar intensamente para aprobar exámenes, el chico bilingüe puede concentrarse en otras asignaturas --o dedicarse a distintas actividades--, pues ya se sabe de memoria lo que otros tienen que esforzarse por aprender. ¿Se le ocurre a usted un incentivo mejor para un niño que no tener que estudiar algo, porque "nació" sabiéndolo? En tal caso, le rogamos comunicárnoslo, pues será uno de los grandes descubrimientos de nuestra era. Conclusión: las razones de la educación monolingüe son sólidas, pero con el prefijo "sin-"; es decir, ¡las sinrazones! Anterior artículo de esta serie: © Emilio Bernal Labrada ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: elabrada@dgs.dgsys.com
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