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En el mes de la Herencia Hispana: Idioma, Herencia, Cultura
por Emilio Bernal Labrada, (La Revista, columna: Nuestro idioma de cada día)

Tres elementos que, al combinarse por cierta mágica alquimia que las funde en una sola, producen lo que llamamos "raza".

No la raza que deslinda a los humanos por el color de la piel y demás nimios detalles, sino la que nos marca y nos une por idioma, herencia y cultura: es decir, la estirpe que nos da la característica de nuestra manera de ser, la raza hispana.

De ahí que, el 12 de octubre, aniversario de la huella colombina en el Hemisferio Occidental, se celebre lo que se ha dado en llamar el Día de la Raza. Porque, cualquiera que sea nuestro color de piel, si hemos nacido o nos hemos criado en un entorno en que se habla el español, en que se percibe la herencia de nuestra manera de ser, en que se nutre nuestra cultura, nuestra raza es una sola: la hispana.

Eso lo constatamos en el trato personal con todo el que proceda de cualquier país donde arraigó el espíritu nuestro, desde el Caribe a Tierra del Fuego o a Filipinas. En seguida sentimos con esa persona una especial comunicación que difícilmente es palpable tratándose de gentes que, con todo respeto, sean de crianza ajena a la nuestra, ya sea sajona, hindú, oriental o de otra raíz. Se mide ese trato, esa manera de ser, por el respeto, la cortesía, la observación de formas y fórmulas y la atención a las señales que nos damos en la conversación y el diario intercambio. ¿No ha notado usted, amigo lector, que si por azar estamos hablando inglés con un hispano, todo cambia si uno le comunica su hispanidad? El trato se hace en seguida más ameno y familiar, menos tieso y mecánico, ¿no es cierto?

No es crítica, sino simple observación de un hecho. Y es natural, porque si somos minoría -por fuerte que lo sea- en medio de un "mundo ancho y ajeno", al decir del escritor peruano Ciro Alegría, nos vamos a identificar con los nuestros, vamos a simpatizar y a darnos apoyo. Sentenció José Martí: "Trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras", lo que bien pudiera aplicarse a "la trinchera del idioma".

Viene al caso recalcarlo por la importantísima razón de que, si así no obramos, cometemos doble falla: primero, no nos identificamos con nuestro prójimo hispano, perdiendo la oportunidad de hacer ese vínculo, ese contacto; y segundo, y acaso más grave, hacemos falta a nuestra cultura, perjudicando su pervivencia y la de nuestro idioma en este país. Es decir, que nos dejamos absorber al cauce mayoritario de la cultura general anglosajona que, aunque sea muy respetable, no es lo nuestro y no es lo que nutre y caracteriza nuestra personalidad.

En una palabra, nos vamos desnaturalizando en lo que ha sido, es y debe seguir siendo nuestra estampa, y en lo que nos distingue y nos destaca de los demás por lo aquello que dijimos en un principio: idioma, herencia, cultura.

Lo que es precepto esencial que cabe recordar al comenzar el mes de la herencia hispana. Rindámosle así a nuestra raza los honores que se merece.


© Emilio Bernal Labrada   Columna: Nuestro idioma de cada día
Todos los derechos reservados por el autor
  Preguntas, comentarios o referencias: elabrada@dgs.dgsys.com


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