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Idiomas "diferentes"
por Emilio Bernal Labrada


           En nuestro viaje a la Tierra Santa, poco antes del cacareado (y falso) milenio, leímos un rótulo que proclamaba que en ese lugar se guardan versiones del Padre Nuestro en 64 idiomas diferentes. Fíjense bien: se trata de lenguas diferentes, no de esas que se parecen tanto que son como gemelas. Lo cual, haciendo una retrotraducción, delata su origen inglés, ya que en ese idioma es muy común el dislate: different languages. En español no sentimos ninguna necesidad de explicar que los idiomas son diferentes, ya que lógicamente lo damos por supuesto.

           Lo que nos recuerda que hay en Roma una estatua de Moisés en que el pobre aparece con un par de cuernos semibovinos que le salen a ambos lados de la frente, por encima de las orejas. Y no es que Moisés tuviera --ni menos, por alguna oculta razón, mereciera-- semejante apéndice, con el que seguramente jamás ni se le hubiera ocurrido soñar. No, señores: estábamos ante un grave error histórico de traducción, plasmado esta vez en piedra, nada menos. Dejándose llevar por una errada descripción, que si mal no recuerdamos se había traducido del arameo, el escultor se había guiado por un fantástico disparate. Donde debía decir que los celestiales rayos del Todopoderoso iluminaron la frente de Moisés para darle a entender los Diez Mandamientos, el traductor confundió "rayos" con "cuernos" y optó por ponerle estos. ¡Menuda diferencia!

           Cosa parecida es lo que nos dijeron en las noticias el otro día, en que se referían a un par de percances con armas de fuego, que por casualidad habían ocurrido el mismo día y en la misma ciudad, Washington. Pero, traduciendo a la letra del inglés, nos dijo el presentador que se trataba de "incidentes separados". De lo cual surge la pregunta: ¿separados por qué, una pared, un edificio, una cuadra? En español común y corriente diríamos simplemente "distintos incidentes" o bien "incidentes no relacionados entre sí".

           No satisfecho con eso, siguió explicando el presentador que en uno de los incidentes los presentes fueron "presos del miedo". Lo cual es bien raro, puesto que el miedo no puede "apresar" a nadie; lo que sí hace es privar temporalmente de ciertas facultades intelectuales --que es, por cierto, lo que parece haberle ocurrido a nuestro presentador--. Digamos, para aclarar, que los seres animados son presa (en singular, ya sea individual o colectivamente) del miedo, el pánico u otra fuerte emoción.

           Estar preso, o privado de libertad, es cosa bien diferente, pero muy recomendable como castigo para el presentador por su alevoso y múltiple atentado contra el idioma español. Por lo menos hasta que recupere esas facultades intelectuales que tanto le brillaban por su ausencia. Por presa, preso: nada más justo. ¿No creen ustedes?.


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