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Lemas sin "electricidad"

Aunque cueste creerlo, Estados Unidos se vuelve rápidamente país bilingüe. En la televisión, la telefonía, la radio y la prensa escrita se puede escuchar el español o bien optar por mensajes, opciones o subtítulos en nuestra lengua. Lo cual sería mucho más grato para nosotros los hispanos (o "latinos", como parecen habernos bautizado) si los dos idiomas fueran español e inglés, en vez de inglés y spanglish.

Por ejemplo, hablemos de la curiosa traducción del lema publicitario de una gran compañía que fabrica aparatos en General Eléctric-os. ¿Estamos claros? Créase o no, dice así: "Creamos cosas buenas para la vida". Como traducción del lema inglés, deja mucho que desear. Y como lema español, muchísimo más. El original --"We bring good things to life"--, es al menos un buen juego de palabras, pues tiene un doble significado:
  1. damos "vida" a cosas buenas, y
  2. brindamos cosas que son buenas para la vida.
Pero la versión española desperdicia esa posibilidad y nos da solo el segundo significado, en forma bastante ramplona, por cierto. ¿Qué tal si le damos una mano a la monumental empresa para que salga del atolladero? Algo así como...


Ah, señores de la electrificación general, ¿pensaron ustedes que les íbamos a dar el lema, así como así? Pues no precisamente, aunque sí les vamos a dar algunas fórmulas que les estimulen el magín, de modo que no van a malgastar su tiempo totalmente.

Como los lemas tienen que ser frases impactantes de simpatía, ingenio y sabor popular, no pueden ajustarse a los moldes del pensamiento en idioma ajeno. Por eso es que suenan a moneda falsa cuando no los acuñamos en nuestro idioma y nos limitamos a traducir las palabras de un original exógeno. El plúmbeo sonido de la falsificación no es el alegre cascabeleo de la frase autóctona engendrada en la ingeniosa picardía de lo hispano, sino el sordo rumor de un material antipático y contrahecho.

Es el contraste entre la pesadez del plomo y el tintineo de la auténtica plata de la simpatía, moneda de curso corriente y "legal" en nuestra lengua, con la que cerramos los tratos del espíritu y del alma, más que los puramente mercantiles. Porque el entendimiento, en su sentido más profundo y verdadero, viene a ser una comunicación espiritual.

Y la comunicación que nos da la empresa General es una desilusión no solo por el lema, sino en cuanto al texto en sí, que nos dice: "...olvídese de toda preocupación por las inevitables salpicaduras, derramadas y chorreadas". Para decirlo en los términos más sencillos y fácilmente comprensibles, señores de la "ineléctrica" comunicación, hay que cambiar la categoría gramatical de sustantivo ("derramada") a verbo, así: "olvídese de todo lo que se salpique, derrame y chorree".

Ah, y las fórmulas para el lema, que casi se nos olvidan: Algo así como "La inventiva al servicio de nuestros clientes", "Crear es el arte de vivir mejor", o "El ingenio, puesto a sus órdenes". Si les gusta, estamos a las suyas.



¿Alguien dijo hamburguesa?

Así lo expresa, más o menos, el anuncio publicitario --por lo demás bastante simpático-- de una cadena que podríamos llamar Maldonado. (Por cierto, según los peritos en la onomástica, el apellido "Maldonado" no es más que una castellanización del que hoy nos trae la comida relámpago de estos comivetes.) Pero bueno, el caso es que nos tergiversa, así, gratuitamente, nuestro peculiar y singularísimo gracejo. ¿Cómo?, se preguntan ustedes. Pues sencillamente se toma el lema en inglés y se traduce al pie de la letra. De modo que "Did somebody say...?" se transforma en "¿Alguien dijo...?"

Pero nuestra fraseología popular no es así. Si no, fíjense que solemos decir "¿Quién dijo miedo?", y no "¿Alguien dijo miedo?". La pregunta de rigor para cuestionar la sabiduría de una decisión es siempre "¿Quién dijo?", y no "¿Alguien dijo?" Y recordemos que cuando alguien manda callar con un impertinente "ssssst", la pregunta con que nos burlamos jocosamente del "mandón" es "¿Quién se desinfla?" y no, claro está, "¿Alguien se desinfla?". Así que ya saben, señores de Maldonado, a poner el sabor de la publicidad a la altura que supuestamente tienen las papas fritas.

No hay que confundir la "gimnasia" con la "hamburguesa", ¿no?



© Emilio Bernal Labrada   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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