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Serie: errores históricos de traducción De muros y murallas Esa infame barrera levantada por los soviéticos alrededor del sector occidental de la capital alemana, baldón que duró unos treinta años, ha sido, y sigue siendo, un error histórico de traducción que hasta ahora, que sepamos, ha pasado totalmente inadvertido. Nos referimos, para más señas, al llamado "muro de Berlín". ¿A qué se debe semejante fenómeno lingüístico? Pues ya ustedes lo habrán adivinado: al inglés. Más concretamente, en este caso, a las deficiencias del inglés, que nosotros calcamos campantemente. El vocabulario de ese idioma es copioso en algunos casos y escueto en otros, como este, en que la voz wall sirve lo mismo para "pared", que para "muro"..., ¡que para "muralla"! Lo que había en Berlín, y sigue en pie en algunos tramos --como especie de monumento a la maldad que imperó una vez en Europa del Este y la ex Unión Soviética-- no es ni pared ni muro: es una muralla hecha y derecha. Por la altura, el grueso, los refuerzos, las alambradas, en fin, porque no es una simple hilera de ladrillos que separa dos aposentos de una armoniosa vivienda, sino una verdadera fortificación que en su época le sirvió al totalitarismo para aislarse de toda contaminación democrática. Una imponente barrera que, por su maligna mole, custodiada día y noche por soldados fuertemente armados, impedía que sus atrapados súbditos la franquearan y se escaparan de la esclavitud. Sépase de una vez y por todas, pues, que ese espanto que rodeó a la capital alemana durante casi tres decenios nunca fue un simple muro. Fue, sencillamente, una espesa muralla, de las que hoy quedan en pie en el mundo al menos dos que mucho se destacan. Una, muy concreta, es ya una especie de monumento histórico que, levantado hace unos dos mil años, hoy puede calificarse de símbolo de opresión: la Gran Muralla de China. La otra es una barrera natural --el hermoso mar Caribe--, que lamentablemente rodea y encierra a otro pueblo que merece mejor suerte, pero que ya lleva dos generaciones aherrojado a los caprichos de un tirano. No cabe duda de que, en su día, esas murallas también caerán. © Emilio Bernal Labrada ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: elabrada@dgs.dgsys.com
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