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Nepal, en el año 55 del tercer milenio por Emilio Bernal Labrada Apuntes de viaje Altura 8,900 metros (29,000 pies). Temperatura: 40 grados bajo cero. Vientos huracanados de 160 km/h. Eso es lo que arrostran los atrevidos que quieren asomarse a la cima del mundo para proclamar su triunfo sobre los elementos terrenales. La cúspide del monte Everest es así, para quien sea capaz de alcanzarla... y, más difícil, de regresar para contar la pasmosa experiencia. Más agradable (y algo menos peligrosa) es la caminata que hicimos por las estribaciones de los Himalaya, donde los portentosos panoramas dejan absortos al visitante y le inspiran a seguir adelante, buscando distintos ángulos y nuevas e insospechadas vistas y descubrimientos que sorprenden al viajero más experimentado. Hemos hecho en unos siete días el circuito de Anapurna, caminata de unos 80 kilómetros en incesante subibaja por las estribaciones de esta grandiosa cordillera, la mayor del mundo, llegando hasta unos 3,100 metros (10,000 pies) de altura para apreciar mejor el majestuoso paisaje. Atravesamos extensos bosques de rododendros (aquí ya no son arbustos, sino árboles de 10 a 15 metros) y, como estaban en flor, eran por doquier un espectacular despliegue de rojo vivo, mezclado a ratos con blanco y rosado. |
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Entre las copas, jugueteaban ágiles monos, siempre con el ojo avizor a las águilas y halcones que se pasean serenamente por el límpido cielo que caracteriza la temporada seca. Abajo, por los valles, cruzan impetuosos ríos y cristalinos arroyos por donde nos aventuramos en balsa, lanzándonos al albur de los rápidos, esquivando gigantescos pedruscos y torciendo por las curvas que traza la espumosa corriente. Katmandú, la capital --en idioma nepalés significa "templo de madera"-- es un mundo aparte. Aunque Nepal está en el año 2055 según su calendario --más "adelantado" que el nuestro, por así decirlo-- que parte de un acontecimiento histórico propio y nada tiene que ver con la era cristiana, en punto a desarrollo el país no ha salido del siglo 19. Lo que no es de extrañar, porque hasta 1950 estuvo vedada la entrada de extranjeros. Puede así decirse que Nepal, aún con una cincuentena de años de "delantera" cronológica, permanece sumido en ese pasado romántico que tantos dicen añorar, con villorrios sin electricidad, teléfono ni agua corriente. Algunos cuentan apenas con un rudimentario sistema eléctrico con que alumbran unos cuantos bombillos sin lámpara ni pantalla en hoteluchos o posadas a la vera de un camino de tierra. Nada igual hemos visto en el planeta tierra, salvo acaso en algún remoto lugar de la vecina India. Volviendo a Katmandú, nos adentramos en el sucio y polvoriento bazar, cercano a los igualmente sucios y polvorientos templos budistas e hindúes --cubiertos de "tarjetas de visita" dejadas por palomas que revolotean engullendo las ofrendas de granos traídas por los fieles. Quien mate una vaca en Nepal (o India) tiene que demostrar fehacientemente que el hecho fue accidental, so pena de la sentencia de homicidio aplicada implacablemente por los tribunales. Según los principios del hinduismo, las vacas, por dar el elixir de la vida que es la leche, son objeto de sagrada veneración y por tanto gozan de protección casi sobrehumana. Sospechamos que matar una persona es menos grave. Contrasta con la cochambre de Katmandú la vecina ciudad de Baktapur, antigua capital, que es interesante, limpia y mucho más hermosa, llena de plazas rodeadas de vistosos y bien conservados templos. |
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Hablábamos de que según su calendario, Nepal está en el tercer milenio. No así en cuanto al desarrollo material, aspecto en que parece estar bien afincado en el siglo 19. Pero pasemos al factor humano. El pueblo nepalés, créase o no, no es nada homogéneo. Consta de docenas de grupos étnicos bien diferenciados, con tez desde blanca a muy morena y facciones desde caucásicas a orientales, cada uno con su idioma o dialecto particular, aunque casi todos hablan la lengua nacional, el nepalés. No es como la India, cuyos habitantes casi todos hablan el inglés --aparte del hindú común y de dialectos regionales--. Sin embargo, son gente pacífica y en general honrada y gentil, muy ecuánime y de buen carácter. Los sherpas o guías de montaña son otra historia. Si bien comparten estas características, son de origen tibetano, trabajan de guías y mozos de carga con los excursionistas extranjeros y tienen la ocurrencia de ganarse la vida en el subibaja de agrestes senderos montunos. Atentísimos sin ser servirles, se preocupan por cumplir con su función y no simplemente por congraciarse --aunque sí nos cayeron muy en gracia--. Si los contratan --aunque sea para una tarea ardua y difícil, acaso arriesgada--, ¿por qué no cumplir --piensan ellos-- lo mejor posible? Se conocen de memoria los senderos montunos y andan no con las botas del explorador, sino descalzos o en todo caso con zapatos de tenis o aun con chancletas que en cualquier momento se les zafan. De increíble resistencia para su pequeñez y baja estatura, los cargadores son capaces de portar fardos de 150 kilos --más del doble de su peso corpóreo-- (aunque la carga normal es de 30 kilos), cuesta arriba y sin descanso, por espacio de varias horas. El sherpa (es el apellido de muchos de ellos, igual que nosotros tenemos "Herrero", "Labrador", "Botero", según el oficio de nuestros antepasados) es muy observador y vigila el andar y estado de ánimo de cada caminante. Nota cuando alguien se cansa o se incomoda y se ofrece a darle una mano o cargar con su mochila, pero sin el más mínimo viso de intrusión. Es atento y gentil como cosa natural, sin hacer alardes. |
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En lo político, Nepal tiene su monarca, el rey Birendra, pero siguiendo la tendencia universal es ya monarquía democrática, pues hará un par de años cuenta con un parlamento electo que es el que toma las decisiones gubernativas. Por último, ¿de dónde salió el único nombre occidental que aparece entre los picos celestiales del Himalaya? Everest es el apellido de un geógrafo británico, de nombre George para más señas, que a mediados del siglo 19 midió la altura de estas montañas y que por primera vez determinó la suprema estatura del monte Sagarmatha, que así se llama en nepalés. La ironía es que aunque Everest siempre se opuso a cambiar nombres autóctonos, un sucesor suyo insistió tanto en el empeño que consiguió ponerle su apelativo al monte un año antes de que falleciera George. De ahí que el punto más alto del planeta lleve hoy el apellido de quien luchó contra ello casi toda su vida. En fin, que ha sido una experiencia inolvidable -- por lo ardua no menos que por lo hermosa-- la que tuvimos en el país que guarda en su seno la cima del mundo, y acaso la sima en el aspecto materialista, y que nos inspira por la belleza de su paisaje y por la tranquila dignidad y donaire de un pueblo que siente el orgullo de su pasado y de sus milenarias tradiciones. Nepal, en las cumbres del mundo, aguarda desde el siglo 21 las bondades del siglo 20 occidental. © Emilio Bernal Labrada ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: elabrada@dgs.dgsys.com
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