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La premiación de los "Oscar":
Hollwood naufragó en un mar de chabacanería



Bueno, aparte de la propia chabacanería de la ceremonia de premiación, en que los maniáticos cinemáticos se felicitaron hasta más no poder, en tanto que los laureados se desembarazaban de los discursos más cursis imaginables (llamémoslos "discursis"), los comentaristas hispanos no se ponían de acuerdo sobre cómo pluralizar el nombre de la estatuilla o símbolo del galardón. Por momentos nos endilgaban "Oscars", al estilo inglés, y acto seguido decían "Oscares", al estilo español. Como tampoco se decidían por la pronunciación del malhadado buque cuya resucitación le ha sido tan lucrativa.

Les parecía que decir "Titanic", como es debido, era tal vez demasiado español y lo anglificaban diciendo "Taitanic". Lo cierto es que el titánico "film" (ignoran u olvidan que desde hace decenios nuestro idioma aceptó y castellanizó el vocablo con "filme") había sufrido un trágico "hundimiento". Lo que ya raya en la amnesia, pues para eso tenemos la muy castiza y descriptiva voz "naufragio". Que es algo más que un simple "hundimiento" (que pudiera ser intencional o inconsecuente), pues implica un hecho infortunado que suele entrañar considerables desgracias personales y pérdidas materiales.

Pero bueno, volviendo a la pluralización del pobre "Oscar" (apodo que se le pegó cuando una de las primeras estrellas con él galardonadas dijo que se parecía a su tío así nombrado), igual gracia nos hicieron cuando la ceremonia de la premiación discográfica, que dieron en llamar "Grammies". Conforme a ese patrón, según ya comentamos en el correspondiente artículo, en el futuro no hablaremos de los Premios Nobel, sino de los "Premios Nobeles", los Planeta serán los "Planetarios" y los Azorín serán sin duda los "Azorines".

Qué pena que Hollywood no usa en su votación el sistema que algunos comentaristas televisivos llaman el de "boletas ausentes", ya que entonces, gracias a esa ausencia, las boletas no podrían contarse y tal vez no ganarían filmes tan caros y descomunales como "Titanic", sino acaso los de menor presupuesto y más calidad, como "L.A. Confidential".

Bueno, me limito a citar lo que han dicho ya en varias ocasiones los presentadores de una cadena de "Poca Visión" al hablar de comicios celebrados en Estados Unidos. Pregunta: ¿cómo se cuenta una boleta ausente? Y si la boleta está ausente, ¿se vota con una pluma imaginaria? Nada, una auténtica misión imposible. En primer lugar, claro, las boletas no pueden estar "ausentes"; en todo caso diríase que habrían desaparecido o que faltan. Pero no, nada de eso. Las boletas están muy "presentes" y no han sido objeto de hurto ni trampa ni nada por el estilo, aunque ya sabemos que en la política se dan , de cuando en cuando, --por no decir casi siempre-- esa clase de tejemanejes, por no decir cosas aún peores. Vamos al origen del intríngulis, que está en absentee ballot, lo cual, a su vez, nos da la solución: el que está ausente (de su distrito electoral) es el votante, y no la boleta. Conclusión: se trata del voto por correspondencia, y no de brujería electoral, aunque de eso también hay gran abundancia.

Pero bueno, Hollywood está presente --y pretende estar omnipresente-- también en la política, con una orientación muy peculiar, de la que hablaremos en otra ocasión. Por ahora, vamos a cerrar diciendo que los comentaristas insistieron en que los galardonados se "llevaban el premio a casa" --copia del inglés take home--, como si no se lo pudieran simplemente "llevar" o "cargar con él" a donde mejor les pareciera.

En fin, que para los que vimos la ceremonia por el tubo pantalla, la cinemaniática orgía hubiera quedado mucho mejor si el naufragio se hubiera reducido a la décima parte del tiempo, desahogándonos un poco de la marea del autoelogio.



© Emilio Bernal Labrada   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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