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Dificultades y oportunidades para la educación que viene
por Estanislao Antelo


Hay circunstancias en la vida en las que dejar de ser lo que uno es resulta complicado. Sin embargo, dejar de ser lo que uno es, es decir, transformarse en otra cosa distinta de lo que uno es y ocupar, un lugar que no se tenia asignado, son, cuando se lo piensa en términos de identidades colectivas, dos nombres de la política.

Quiero argumentar que en la ambigua incertidumbre que ofrecen los tiempos que corren, radica una de las dificultades mayores de la Alianza, y al mismo tiempo, su mayor oportunidad. Dificultad porque están aquellos que de ninguna manera están dispuestos a dejar de ser lo que son. Piensan que es correcto y deseable ser lo que son. Son los que quieren conservar su identidad, pura, no contaminada, mientras repiten complacientes los "principios" que habitan en sus propios ombligos. Conviene llamarlos sin eufemismos, independientemente de sus posiciones político-partidarias, conservadores.

Están aquellos otros que si bien no plantean grandes oposiciones al cambiar de sitio, prefieren ser espectadores. Mientras ven pasar lo que pasa, estiman que el secreto consiste en VOLVER. Recuperar, volver, añorar, extrañar un pasado mejor. Estas son las palabras que mas usan. Conviene llamarlos nostálgicos.

Conservadores y nostálgicos componen esta primera dificultad. Ambos piensan a la Alianza –a toda alianza- como suma de partes en la que la identidad de cada una de ellas no se modifica en absoluto. Conviene según creo, abandonarlos. La gente no necesita ni conservadores, ni nostálgicos. La combinación de la nostalgia y la conservación, junto con la de un destino inexorable, es para lo que tienen plata. La gente sabe muy bien que existe una esperanza y toda esperanza se apoya en una creencia sabia y potente: del agua estancada, no hay mucho para esperar, solo veneno.

Oportunidad porque lo inédito, como argumentaba Paulo Freire, es viable. Porque la esperanza inadmisible de la gente – lo inadmisible de la esperanza no es lo que se espera sino desde donde se parte- se fortalece a partir de una sencilla ocurrencia: que algo distinto ocurra en sus vidas, que se puedan ocupar lugares que el destino simulaba tener asignado a otros. La gente le ha dado esta tarea a la Alianza y la Alianza le ha devuelto una promesa: transformar la vida política, es decir cultural, en Argentina.

La segunda dificultad central radica en la imposibilidad de representarse el Bien. Todos estamos de acuerdo en aquello que esta mal. Vivimos en lo que alguien llamó: consenso sobre el Mal. La hipótesis que se sigue es que una vez identificado el Mal se puede, a partir de esa operación, diseñar un bien posible. Sin embargo, el consenso sobre lo que es el Mal no proporciona ninguna vía para la acción. Solo nos hace olvidar la singularidad e historicidad del mal. Su ser en situación. El consenso generalizado sobre lo que es el mal –ejercicio preferido de cierta televisión que goza amplificando "la magnitud del desastre"- impide en realidad lo que es mas humano de lo humano: representarse el Bien. Impedir eso es como dice el Filosofo A. Badiou, impedir al hombre la humanidad misma.

Si pensamos entonces la educación a partir de estas conjeturas iniciales, podemos establecer un otro provisorio terreno para la transformación:

No se puede volver. No se puede volver a pesar de que si uno pudiera, traería no se cuantas cosas del pasado: Sydney Poitier, Sarmiento, Rosarito Vera y los vientos libres del 18´, en fin, elijan. Pero no. No es posible volver.

No volver no es olvidar. No se trata de tirar como burros para adelante amparados en no se que canto al Nuevo Milenio. Se trata de tomar claramente el mandato de la comunidad educativa. ¿Y cuál es este mandato?. Las políticas del Menemismo han generado por un lado, una profunda desestructuración del sistema educativo, una equivalente desarticulación de los lazos pedagógicos-culturales y por el otro un desdibujamiento de la figura del docente como aquel en el que la sociedad había depositado su confianza para la transmisión cultural y la continuidad de la cadena generacional. Esto es: las cosas no tiene sentido y el sinsentido además viene acompañado por salarios ridículos. Hay dispersión, descontento y demanda de orden. Conocemos las causas: la reforma ha sido inconsulta y autoritaria. ¿Cómo salir de ahí?

La derogación de las Leyes de la reforma es según las diferentes regiones uno de los puntos conflictivos. No son pocas la voluntades de derogar. Pero para derogar, como sabe cualquiera que habita la democracia, se necesita hegemonía, es decir, mayorías en los lugares de decisión: parlamento, Consejo Federal de educación, sindicatos, escuelas, etc...No se puede mentir. Además el problema de las políticas menemistas no es solamente un problema jurídico, sino político, es decir cultural, lo que quiere decir que hay que construir una propuesta cultural de mayorías distinta, que privilegie:

El docente como aquel que hace algo mas que transmitir contenidos significativos, procedimentales, actitudinales, conceptuales o ambientales: enlaza, junta lo disperso, produce cultura. La sociedad debe darse a si misma una profunda discusión sobre el valor de esta tarea. ¿Cuanto debe ganar aquel que participa en el diseño de nuestro futuro y el de nuestros hijos?. Programas de compensación. Se trata de restablecer la casi en ruinas equidad y garantizarla. Pero se trata además de entender a la política educativa como política de estado, es decir, como nuestra actividad diaria y permanente.

Programas de acción sobre el analfabetismo. No hay seguridad, ni derrota de la corrupción, ni justicia independiente, en un país con analfabetos. La vinculación famosa por su alabanza entre trabajo y educación, debe sumar un pensamiento sobre la Tecnología.

Trascender la forma declamatoria de la democracia. La democracia como cualquier herencia, no es algo dado sino siempre una tarea. Y en esta tarea se nos va el futuro. La tarea pedagógica por su efecto ubicuo, lento y múltiple, precisa extender los lazos democráticos capilarmente. Para esto, es preciso aceptar la renuncia a buena parte de aquello que uno consideraba irrenunciable, aceptar las formas múltiples del disenso, pensar y trabajar no tan sólo con los acuerdos, sino con los desacuerdos. La Alianza debe generar un espacio en el que la representación del Bien sea posible y para esto debe con urgencia preguntarle a la comunidad como piensa la educación del país. Preguntarle a la comunidad exige un gesto inédito: la comunidad conviene recordar también la hacen aquellos con quienes disentimos, visceral o racionalmente.

Son tiempos difíciles. Cierto. Pero ¿cuales no lo son? ¿ cuales no lo han sido?. ¿Quien no escuchó a un adulto, maestro, padre, tutor decir no entender estos tiempos?. Frente a la incertidumbre no sirve ni temer ni esperar, sino ponerse de acuerdo en como enfrentarla.

El futuro, lo porvenir, no es materia de adivinos. Hace rato que sabemos que ninguna ley divina o natural ordena las sociedades. Lo que tiene la forma del no ser aún, espera nuestras decisiones. Son estas decisiones nuestro punto de partida.



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