El Soldado se liberó del cinturon y las gafas, y saltó a tierra firme.
- Ahora Maga, me toca a mi: Elige el canguro que más te guste.

La Maga entornó los ojos y señaló sonrientemente el canguro que más le gustaba.
El Soldado se aproximó al canguro, le dijo un secreto en la oreja y junto con otro —que se parecía muchísimo al que señaló la Maga— se acercó a ella diciéndole:
- Ahora Maga, vamos a hacer una carrera muy divertida, pero tu no tienes que hacer ninguna trampa utilizando tus poderes mágicos. La carrera conciste en llegar hasta la meta final, sin caerse. Si te caes, hay que lograr subir nuevamente al canguro y ¡ala... hasta la meta! ¿Qué te parece?
- ¡Qué divertido! Pero ¿de verdad no puedo usar ningun truquito?, preguntó a ver si cambiaba de idea.
- No, no, me tienes que dar tu palabra de Maga que no lo harás.
- Te doy mi palabra de Maga que no haré ninguna trampa, ni mágica ni no mágica.
Dicho esto, los dos tenían que acariciar a los canguros para que los conocieran, y también tenían que decirles sus nombres, salvo la Maga, que no debía delatarse como Maga, sólo podía decir M-ga.
El Soldado le propuso a la Maga que cuando su pañuelo cayera al suelo sería la partida.
Así que cuando llegó a la tierra, los canguros emprendieron a saltos su carrera hasta el final.
La Maga no tenía experiencia en esto, y tampoco podía usar sus artes mágicos de modo que se caía muchas veces. Afortunadamente sabía correr bastante bien, pero con todo lo que corrió, lo que se cayó, llegó mucho después que el otro corredor y bastante agotada también. El Soldado la consoló diciéndole que la primera vez que el lo había hecho también le pasó lo que a ella.
Como la Maga quería aprender, estuvieron corriéndo muchas carreras hasta que finalmente lo logró.
- Oye, Soldado que divertido, me gusta mucho saber cangurear, gracias a ti hoy lo sé.
El Soldado se sonrojó porque no esperaba un agradecimento de la Maga.
- ¿Has visto Maga que sí podemos contar cuentos?, le dijo el Soldado sentado al lado de la Maga.
- Si, es muy divertido también, pero ahora me tengo que ir porque tengo una clase de carrera de canguros con obstáculos.
- ¡Uy Maga! ¿Tanto has aprendido ya?, ¿puedo yo tomar clases contigo?, le preguntaba el Soldado.
- Es que las clases son en la Escuela de Magas, Soldado... allí solo pueden entrar bueno... ya sabes, Maguitas como yo... Pero cuando lo aprenda te enseño, ¿si?
- Si, ¿me lo prometes?
¡Palabra de Maga!
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