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Acerca de la Adopción
por Gustavo Román Rodríguez


           Es bien significativo el incremento en el número de adopciones de niños según reportes de instituciones de protección al menor. La adopción de un niño suele ofrecer un mejor futuro a un ser, y una plena realización a la pareja que la decidió. En la historia abundan los hijos adoptados que tuvieron un destino grandioso; tal el caso de Moisés. Casi siempre la adopción representa una compensación psicológica para un niño abandonado o no deseado, y para un matrimonio estéril o sin hijos; pero este importante paso en la vida de la pareja no implica una solución exenta de riesgos y dificultades: en muchas ocasiones genera más tribulaciones y angustias que dichas y alegrías. Para prevenir aquellas, deberían tenerse en cuenta algunas condiciones que ofrezcan mínimas garantías al niño y a los padres: idealmente la pareja debiera de carecer de hijos legítimos; haber alcanzado -por lo menos uno de los miembros- la edad de 30 años; llevar casados al menos 5 años -lo que acredita cierta estabilidad; y disfrutar de salud suficiente. Además, deben aprobar una adecuada evaluación psicológica y comprobar solvencia económica para asumir la nueva responsabilidad.

           Una consideración muy importante es que la adopción mientras más precoz -con respecto a la edad del niño- es mejor. Así los lazos que éste establece con los adoptantes, tendrán mayor semejanza con los de una familia natural.

           Una vez efectuada la adopción, surge un interrogante a los padres: ¿cuándo se debe dar la información al niño, acerca de su verdadero origen? Las investigaciones llegan a la conclusión de que al niño se le debe aclarar su procedencia en la segunda infancia, con un margen suficiente antes de la pubertad, es decir, entre los 10 y 12 años, y esta información debe suministrarse con todos los elementos de la prudencia para no generar sentimientos de menor valía o disminuir su autoestima. El niño jamás debe conocer su verdadero origen por boca de terceros, son sus nuevos padres los llamados a esta tarea.

           Entre los niños adoptados son relativamente frecuentes los trastornos de conducta, que a veces se traducen en comportamientos francamente antisociales. Esta especie de psicopatología específica, se debe a las carencias sufridas antes de la adopción y a la propia situación adoptiva, que constituye realmente una situación convencional cuyo agente más patógeno consiste en darle al niño una educación artificial, exenta de castigos por sentimientos de pesar o de culpa. Debido a un exceso de ternura, las madres adoptivas suelen ser sobreprotectoras, y esto unido a una insuficiente autoridad del padre, produce como consecuencia actos de desobediencia, pereza escolar y a veces rebeldía extrema.

           La mujer solitaria que adopta un niño, corre el riesgo de acumular los peligros afectivos y educativos de la madre soltera y de la madre adoptiva. Se puede pensar sin ironía alguna, como dice M. Porot, que en muchos casos hubiera sido más razonable la adopción de un animal doméstico.



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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