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Adicciones sin drogas En los adictos a las drogas existe una profunda necesidad de lograr seguridad y autoafirmacion que son esenciales para una existencia positiva y de las cuales carecen en grados variables. Los adictos representan el tipo de "compulsivos" más netamente definido, lo cual sugiere el caracter urgente de la satisfacción de ésas necesidades y la gran frustración que experimentan en sus intentos de reemplazarlas con las drogas. La situación se torna más complicada por la acción de los efectos químicos de éstas. Los efectos habituales de las drogas usadas por los adictos son o bien sedantes o estimulantes. Inicalmente ellos pretenden cambios en las emociones o las sensaciones , pero en realidad intentan satisfacer la necesidad interior de sentirse seguros y de elevar su propia estimación. El individuo se hace dependiente de éste efecto, el cual se va volviendo tan abrumador que logra anular cualquier otro interés; así por ejemplo, la falsa esperanza de éste placer artificial, hace que la sexualidad vaya perdiendo todo su atractivo. Los adictos no toleran la tensión; no pueden tolerar el dolor psicológico, la frustración ni las situaciones de espera. Después de ésas "calmas transitorias ", el dolor o la frustración se hacen más intolerables, dando lugar a un uso más intenso de la droga. Todos los mecanismos y síntomas de las adicciones pueden presentarse también sin el empleo de ninguna droga y por lo tanto, sin las complicaciones acarreadas por los efectos químicos de ésta: Una categoría especial es la de los ADICTOS A LA COMIDA, que tienen compulsión a la glotonería . Estas personas comen hasta hartarse, aún sin sentir hambre; se atragantan de dulces, helados, ponqués, chocolates y harinas. Estos glotones, se parecen a los alcohólicos que cuando ingieren una o dos copas, ya no pueden parar. El glotón empieza a comer y tampoco puede parar, por ésa fuerte avidez que se despierta cuando ingiere el primer bocado. La consecuencia de ésta adicción es obviamente la obesidad, que una vez instaurada, inicia un dramático proceso de oscilación entre los deseos imperiosos de comer sin necesidad biológica, y los débiles e inútiles esfuerzos por contenerse. Otro tipo de adicción igualmente importante, está representado por los ADICTOS AL AMOR, es decir, aquellas personas para quienes el afecto o el cariño desempeñan el mismo papel que los alimentos. Son incapaces de retribuir amor; sólo experimentan una apremiante necesidad de ser amados. Estos adictos al amor representan un alto pocentaje de los hipersexuales, que como en el caso de Don Juan, tratan de contrarrestar un cierto sentimiento interno de inferioridad, mediante la continua comprobación de sus éxitos eróticos. La incapacidad de alcanzar un auténtico placer final, induce a la búsqueda incesante de nuevas aventuras amorosas. Finalmente, otra adicción más dramática y sobrecogedora es la ADICCION AL JUEGO, descrita formidablemente por F. Dostoievski en su libro "El Jugador", proyección de su propio padecimiento adictivo, pues el autor llegó a despojar a su esposa de sus últimas prendas para sentarse excitado por la compulsión, en la mesa de juego. Aunque parezca extraño, no es siquiera el afán racional de ganar dinero, sino un deslumbramiento extraño que embarga al compulsivo, en el cual, la excitación de estar perdiendo, adquiere un mágico poder estimulante. El juego se transforma así en una situación de peligro, que el individuo procura controlar, pero que termina finalmente por arrollarlo. La prevención de éstos trastornos de la personalidad, se logra con una buena dosis de amor y de estímulos positivos, que recibidos por el niño en una forma constante, le permiten estructurarse como un individuo de elevada autoestima y con la seguridad necesaria para enfrentar las múltiples dificultades de la vida. © Gustavo Román Rodríguez ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: roman@avan.net
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