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Ecología médica y el drama de los desplazados
por Gustavo Román Rodríguez


A través de los siglos el ser humano ha luchado contra el hambre, la enfermedad y la guerra, las tres grandes amenazas que tienden incesantemente a cambiar el mapa de la humanidad. La gran herramienta de la cual disponemos hoy en esa lucha es la integración de la medicina del hombre con su medio ambiente. La protección contra los peligros procedentes del interior del ser humano (estrés, angustias, tensiones) y los que vienen del medio que lo rodea (infecciones, desnutrición, traumatismos), no debe estar limitada a las naciones civilizadas y los grandes centros urbanos, sino que debería estar a la disposición del mundo entero.

El único modo de hacer seguro y habitable nuestro planeta es darle a la desvinculación entre el ser humano y su ambiente una sana, adecuación.

El concepto de la ecología médica concibe la enfermedad como una convergencia en el tiempo y el espacio de estímulos ambientales orgánicos, inorgánicos y socio-culturales en la persona del enfermo. Estos estímulos pueden provocar una respuesta mórbida o sea una enfermedad transmisible, degenerativa, comportamental, etc, que a su vez se resuelve en una adaptación ecológica (supervivencia) o en una total inadaptación (muerte).

La influencia de la tierra sobre el hombre habría que estudiarla a partir de la influencia del hombre sobre la tierra. Cada raza, cada grupo étnico, cada individuo, lleva dentro de sí una imagen del ambiente ideal, que ellos mismos se esfuerzan por construir dentro del marco geográfico del entorno. Así como en el hombre parte de su carácter se revela en la mujer que ha elegido, la condición de un pueblo se delata por el medio ambiente que ha escogido; si éste es adverso a su psicología, viene la perturbación y la emigración hacia una tierra que le proporcione más seguridad, es decir, a una tierra más prometedora. Pero lo importante es comprender por qué un pueblo se desplaza y se adscribe a un nuevo medio. Muchas veces pretende ciertamente ganar, satisfacer sus necesidades, algo así como incorporarse a un ambiente anhelado. Pero cuando esta emigración es forzosa y el desarraigo es producto de una hostilidad súbita e incontrolable del medio ambiente, como en el caso de grandes desastres naturales o del injerto brusco de una violencia indiscriminada entre los hombres -como la que se presenta actualmente en muchos rincones de la geografía nacional- el impacto al individuo o grupo de individuos es deletéreo, pues agrede directamente sus componentes biológicos, psicológicos y sociales, afectando gravemente su salud física y mental. Se requiere de una gran rusticidad y capacidad de adaptación -que afortunadamente poseemos en buena proporción los colombianos- para lograr la supervivencia.

Es esta la gran tragedia que viven hoy los desplazados por la violencia, cuyo problema no es sólo de comida y techo como creen muchos...



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