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Infidelidad y puritanismo por Gustavo Román Rodríguez El escándalo suscitado por la final y forzada confesión del presidente Clinton sobre su relación con Monica Lewinsky, después de una batalla jurídica de varios meses, ha dejado tres víctimas con serias lesiones psicológicas y sociales, quizás irremediables: Hillary, la inteligente e imperturbable esposa; Chelsea la hija adolescente y el propio presidente. Caso aparte sería el de Monica, cuya conducta despierta muchas suspicacias: ¿por qué grabó su amiga confidente el relato de su aventura amorosa con el presidente? ¿Por qué se conservó intacto el famoso vestido "manchado"?: quizás como un fetiche simbólico de su amor por tan prestante personaje o tal vez como 'prueba reina' para un futuro proceso judicial. Hoy, sólo ella conoce la verdad íntima de todo el lío; pero si en el lapso de un año no surge la publicación de "sus memorias" -vendidas por cifras millonarias a una editorial gringa-, cobraría mayor probabilidad la primera hipótesis y en este caso sería ella la cuarta víctima de una relación amorosa que nunca tuvo futuro. De todas maneras, el hogar de Clinton ha sufrido una fractura que sólo el tiempo podrá reparar en caso de que sobrevivan los lazos afectivos de la pareja al embate de esta crisis por infidelidad conyugal. La resolución del conflicto depende de la elaboración del duelo emocional por el que atraviesa injustamente Hillary; si este proceso conlleva el perdón, la relación puede salir fortalecida y afianzado el vínculo matrimonial. |
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Mientras dura un matrimonio, el vínculo ata firmemente y es sostenido por las leyes, la moral y las buenas costumbres. Con el matrimonio nos encontramos por primera vez, ante exigencias morales y sexuales. La firmeza de los vínculos exige fidelidad y la infidelidad es castigada. ¿Denota esto una moral matrimonial innata en el hombre? Definitivamente no, pero podríamos sacar conclusiones propias comparando los preceptos de la Iglesia Católica y el puritanismo americano. La Iglesia propicia el reconocimiento de la falta, con base en la naturaleza humana (..."¡quien está libre de pecado, que lance la primera piedra! "); concede además el beneficio del perdón y propone la espera y la reconsideración de los factores que condujeron a la disfunción de la pareja, con el fin de obtener conclusiones positivas para su futuro desempeño. Pero, acepta también la separación en circunstancias de daño irreparable. El Puritanismo, con respecto a la moral sexual es rígido y sin concesiones. Procura eliminar las faltas con severas críticas y castigos ejemplares. Enfoca microscópicamente el error y pierde de vista al ser humano. Está muy bien encarnado el puritanismo americano en la figura del fiscal Kenneth Starr, quien en forma tenaz e implacable, con una minuciosidad investigativa que raya en lo perverso al sacar a la luz pública detalles de la gimnasia sexual de Bill y Monica, violando flagrantemente el derecho humano a la intimidad y sin reparos en el daño que pudiera ocasionar a la esposa e hija del primero -y quizás también a la propia Monica-. No se tuvieron en cuenta sus sentimientos para redactar el informe que está pronto a publicarse con más de 300 páginas y que incluye dibujos que según la revista Newsweek "harán que la gente quiera vomitar", lo cual transformará en publicación pornográfica el expediente de un proceso que sólo buscaba con sus pesquisas saber si el presidente mintió bajo la gravedad del juramento y si indujo a otra persona a que lo hiciera. ¿No será que las perversiones sexuales profundamente reprimidas -que con frecuencia habitan en el inconsciente de los puritanos-, salen a la superficie bajo el disfraz de la justicia? La justicia, revestida con esa indolencia puritana, similar en mucho a las normas espartanas, deja un agrio sabor de atropello a la dignidad de las personas, porque, - si se me permite el paralelo- no vacila en "sacrificar un mundo para pulir un verso". Infidelidad y puritanismo constituyen entonces las dos caras de una misma moneda, la moneda de la doble moral, que circula en el país del norte desde hace mucho tiempo. © Gustavo Román Rodríguez ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: roman@avan.net
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