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Lady Di: Cenicienta o Julieta?


Muy grande sería nuestro desconcierto si empezáramos a leer un cuento de hadas que rápidamente fuera cambiando en su trama y finalizara en una especie de tragedia shakespeariana. Es el desconcierto que nos ha dejado el triste final de una princesa que logró poseerlo todo, menos el amor. Ese fue su sino trágico.

Nacida en el seno de una aristocrática y acaudalada familia, de la cual recibió todo tipo de comodidades, pero que le negó los aportes afectivos necesarios para cimentar sus más elementales sentimientos de seguridad. Cuidada inicialmente por "nurses", a buena distancia del regazo materno -en una etapa en que el bebé requiere el calor y el amor que solo la madre puede brindar-; y después por sus abuelos.

El padre, conde adinerado y alcohólico tenía pésimas relaciones con la madre, que al parecer, le era infiel. Su ambiente de crianza era completamente inadecuado.

Contaba escasos 8 años de edad cuando sufrió el impacto de la separación de sus padres; el trauma se acentuó cuando fué confinada en un internado en donde realizó sus estudios escolares. Ese lapso de vida de esta niña rica, se caracterizó pués por una enorme miseria afectiva que la marcaría durante toda su vida.

Como mecanismo de compensación, se graduó en educación pre-escolar, tal vez para ofrecer a los niños de su kinder todo el amor del que ella careció y quizás para recibir de ellos pequeñas dosis de ternura. Su encuentro con el príncipe Carlos le abrió como a la Cenicienta, a muy temprana edad, un mundo de fastuosidad que ninguna mujer rehusaría; pero esa fué su posterior desgracia : el ingreso al seno de la familia real, en la cual priman la rigidez de las normas, la exigencia exhaustiva del protocolo, el aislamiento del mundo externo y la carencia casi absoluta de afecto.

Como una gran paradoja, su permanencia dentro de la realeza constituyó la etapa más triste de su vida. Ella, tierna y sensible, necesitada de amor, no pudo tolerar la indiferencia afectiva del príncipe, cayendo por esto en severas depresiones. La confirmación de la infidelidad de su cónyuge con la cortesana Camila Parker, constituyó golpe severo a su autoestima y la condujo a intentos de suicidio y a la aparición de crisis de bulimia, repetición probable esta última, de sus primigenias experiencias infantiles (el bebé llora por necesidad de calor o afecto y se le tranquiliza con comida).

La imperiosa necesidad de afecto -para recuperar su autoestima- y la soledad, la incitaron a algunos flirteos en la corte, frustrados y frustrantes por el ámbito de clandestinidad en que se desarrollaban. Trató una vez más de subsanar su déficit afectivo, entregándose por completo a actividades caritativas, acariciando y recibiendo caricias de desvalidos, mutilados y enfermos de sida, lo cual generó severas críticas de la realeza por sus frecuentes violaciones al protocolo, que le prohibía el contacto físico con la plebe. Además se fueron incubando celos en los demás miembros de la familia real, debido a la popularidad que fué adquiriendo en el reino. Porque necesitaba amor, se hacía amar. Ahora, ya divorciada, creyó encontrar un poco de felicidad en un seductor y millonario egipcio, que terminó al igual que ella, ofrendando su vida en aras del amor, como en la tragedia de Romeo y Julieta.

La existencia de la princesa fue pues, de un permanente trasegar en búsqueda del sendero del amor y cuando este no se encuentra, el camino nos conduce inevitablemente a la muerte. Es la dualidad perpetua del Eros y el Tánatos en el ser humano.



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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