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Nostalgia del cine


El cine ha sido magia y fantasía. El secreto de la fascinación del cine consiste en que es una imágen de la vida: vivir es hacer algo, es ocuparse de algo, estar en un lugar determinado del espacio, en un momento específico del tiempo; el cine, como ningún otro arte, nos ofrece la oportunidad de ver cambiar el horizonte, el espacio y el tiempo en torno nuestro, bañarnos en la belleza de sus colores y sus armonías sin otro esfuerzo que el de mirar y escuchar para lograr el estímulo final de nuestras emociones.

En cierta forma, el secreto de la popularidad del cine estriba en que es un arte que satisface imperiosas e íntimas necesidades psicológicas del ser humano. Por una especie de ósmosis espiritual salimos de nosotros mismos y nos proyectamos sobre la pantalla al identificarnos con los héroes, galanes, villanos o víctimas del film, y al final regresamos a nuestros hogares con el espiritu cargado de ilusiones, satisfacciones, frustraciones o simplemente maravillados por un magnífico espectáculo creado con los múltiples recursos técnicos de que dispone en la actualidad el séptimo arte.

A su vez, el cine posee un mágico poder de universalización. En la pantalla del cine se proyectan temas eternos con el lenguaje universal de las imágenes.

El teatro sería el arte que podría equipararse al cine, pero aquél está sometido a la rigidez que el escenario impone en su espacio: en el teatro, el espectador tiene que mirar en todo momento todo el escenario y a todos lo actores que en él hay; sólo mediante un haz de luz puede concentrarse la atención en un personaje para resaltar su importancia. El cine en cambio, posee ésa facilidad con la que el director puede llevar de la mano al espectador para que reciba el máximo impacto de la acción en la historia contada en la película.

Lo que el cine hace en el espacio es aprisionar en dos dimensiones un mundo tridimensional. El director puede hacer de la cámara lo que el escritor de su pluma: una pupila que lo ve todo y solamente elige lo que sirva para reforzar la acción, hacerla más bella o interesante, más sensata o emocionante.

Pero... ¡Qué tristeza! la televisión ha venido derrotando paulatinamente al cine, suscitando toda una época de crisis. Hace varios años el cine inició una ofensiva contra la Tv. oponiendo a ésa pantalla diminuta, pantallas gigantes como la del Cinerama y la del CinemaScope, y realizando fastuosas y gigantescas reconstrucciones históricas como Cleopatra, El Cid, Los Diez Mandamientos, Ben Hur. Pero todo esfuerzo ha sido inútil, los 'teatros' de provincia desaparecen -como quedó magistralmente plasmado en 'Cinema Paradise'- ; las grandes máquinas proyectoras de 35 mm. han sido reemplazadas por pequeños proyectores de video. Sólo logran sobrevivir los cines de las ciudades capitales, merced a las campañas publicitarias o a nuevas modalidades de salas como el moderno cine-bar.

Desaparecen las salas de cine y con ellas las 'colas' -que veíamos en los estrenos- de multitudes que enfrentaban el reto de entrar a un recinto donde las leyes físicas señalaban que no era posible acomodar mil personas donde no cabían más que trescientas. Estas 'colas' que servían como espacio de agradable comunicación democrática, son bien diferentes de las que observamos en oficinas públicas para obtener certificados, permisos, visas y que son detestables por el ambiente de sombría incomunicación, originada casi siempre en la agresividad pasiva de los burócratas que las atienden.

Produce desconsuelo la agonía del cine, que como medio de comunicación de ideas y emociones y como registro de acontecimientos históricos llegó a producir un impacto psicosocial tan grande y ha logrado constituirse en acontecimiento tan importante en la historia de la humanidad como en su momento lo fueron -valga la comparación- el descubrimiento de la rueda o el de la electricidad.

La Tv, está derrotando al cine. Una vez más... David vencerá a Goliat?



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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