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Personalidad y obesidad


En distintas civilizaciones y a través de toda la historia, el comer demasiado ha consitituído un serio problema; nuestros tiempos no son la excepción. A no dudar, el hombre moderno tiene la tendencia a comer demasiado no sólo en banquetes y fiestas, sino también en su vida cotidiana. Pero lo importante no es lo que come sino el porqué come tanto. ¿Cuál es el motivo psicológico de la sobrealimentación de tantos hombres y mujeres obesos que de contínuo se esfuerzan por seguir la dieta recomendada por su médico o recortada de alguna revista, sólo para romperla secreta y clandestinamente cada vez que se les presenta la oportunidad? El incesante atentado contra las leyes y la estética del buen comer, no sería tan grave si no llevara aparejadas las penosas consecuencias psicológicas de la obesidad.

Muchas personas están convencidas de que hay que consumir comida donde quiera y siempre que se presente la ocasión. El resultado es que la comida consumida a solas mientras se mira la televisión, se habla por teléfono, se estudia o trabaja, se convierte en una fuente más de ansiedad y complejos en personas ya agobiadas por toda suerte de problemas. Tras esos muros de tejido adiposo que encierran al ser humano como si fueran paredes de una prisión, se halla con frecuencia una persona frustrada que antepone su gordura a un mundo lleno de desilusiones.

El obeso se siente motivado por un sentimiento de inseguridad personal, de desconfianza en sí mismo, de incertidumbre de lo que el ser humano puede y debe hacer de su propia existencia. Es obvio que existen causas genéticas, trastornos endocrinos y metabólicos que generan obesidad, pero una importante mayoría de los casos son resultado simplemente de una sola causa: el comer demasiado. El hombre es gordo porque come sin mesura. El problema se convierte entonces en una cuestión psicológica. Revisemos su probable etiología:

  • Algunas personas con baja autoestima, que se sienten carentes de "peso social" o de "solidez económica", tratan inconscientemente de compensar esa falta, sentándose a la mesa, aumentando su peso y solidez corpóreos.

  • Otro tipo psicológico es el de la persona gorda que al sentirse sola, busca calor humano y afecto. Al sentir que la vida le niega ese afecto, desarrolla una irresistible ansia de comer, como buscando reecontrarse con el afecto materno que recibía durante su lactancia.

  • Existe también el obeso cuya adiposidad se debe a su excesiva ambición. Es el que trata de guardar todo lo que le pertenece, aunque para guardar esa comida "que es suya", tenga que embutirla en su propio cuerpo.

  • Un cuarto tipo, es el gordo por rebeldía. Una especie de rebelde fracasado, cuya válvula de escape es engullir grandes cantidades de comida, infringiendo así las normas y reglas impuestas por la sociedad y cultura.

  • Finalmente existe el gordo cuya inseguridad se centra en su bienestar físico. Para convencerse y convencer a los demás que goza de buena salud, se atiborra de comida para adquirir esa falsa apariencia de vitalidad y felicidad, que la tradición ha atribuído a los obesos.

No hay mejor manera de combatir esta situación -que alterna entre ciclos de malos hábitos alimentarios y de obsesión por la dieta y la salud- que fortificar el ser interior y reforzar la titubeante personalidad del obeso potencial, procurando así, el renacimiento del arte del buen comer.



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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