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Política y Medios
por Gustavo Román Rodríguez


Definitivamente los medios de comunicación ejercen sobre las masas una decisiva influencia para crear imágenes políticas y también para destruirlas. La radio, la prensa y la televisión son medios que producen y reproducen constantemente figuras y rostros, modelos de identificación y líderes carismáticos, por lo cual los políticos tienen en ellos el vehículo indispensable para alcanzar el éxtasis del estrellato, pero también, como en el ritual erótico y macabro de la araña 'viuda negra', que después del apareamiento devora al macho, pueden encontrar también la muerte política y social.

Sin la continua exposición a los medios no hay éxito posible hoy día, ni siquiera la posibilidad de existencia pública; esto explica por qué la fama no alcanza dimensiones sociales duraderas y también explica lo efímero del triunfo. Un trinufador de hoy, puede ser el gran perdedor de mañana.

Los medios de comunicación generan en las muchedumbres avidez por héroes y fascinación por el éxito rutilante, pero también por el fracaso estrepitoso; su lógica interna favorece el surgimiento volcánico de una figura política, pero también la circulación profusa de actualidades de impacto social intenso y la transformación de cualquier evento en algo monstruoso.

Tal es la razón por la cual lo político se espectaculariza, fenómeno especialmente evidente en los Estados Unidos, donde aún se practica el sistema 'hollywoodense'de fabricación de divinidades y destrucción de mitos.

Hace cuatro décadas Leonard Hall, líder del partido republicano dijo: "vended vuestros candidatos de la misma manera que en el mundo de los negocios, se venden los productos". Fueron sin embargo los demócratas quienes mejor tomaron nota de esta recomendación. El triunfo y mito de Kennedy se fraguó en las cadenas de televisión y radio, derrotando a Nixon por telegenia y pericia seductora ante las cámaras y los micrófonos. Esta lección fue aprendida rápidamente por todos los hombres públicos con responsabilidad electoral. Las prácticas habituales de la actividad política se adaptan a las leyes de los grandes titulares, de la publicidad agresiva y del sistema audiovisual. De esta manera han surgido los duelos preelectorales en los estudios de televisión, las alocuciones a la nación a través de la pantalla chica y los programas en los que un político responde en directo a las preguntas de los teleespectadores o radioescuchas. En el super publicitado caso Clinton-Lewinsky, los republicanos pretenden ganar la batalla con la misma arma que dió al traste con la presidencia de Nixon: los medios de comunicación. Las principales cadenas de televisión han presentado el video con el humillante y degradante testimonio del presidente Clinton ante el Gran Jurado Federal. La cinta mostró a un presidente nervioso, evasivo, titubeante, frente a unas preguntas que ni el más obcecado tribunal de Inquisición pudo haber formulado.

La difusión de este porno-video al mundo entero, ha constituido una flagrante violación al más elemental de los derechos humanos, el derecho a la privacidad y a la intimidad; y la vergüenza y escarnio a que fue sometido el presidente, no tiene ninguna diferencia con las lapidaciones a que eran sometidas las adúlteras en la época de Jesucristo.

Desafortunadamente para los republicanos, el arma se ha devuelto como un bumerang, pues el presidente Clinton, ha aprovechado las mismas cámaras para, con cara de contrición, pedir el perdón de todos y cada uno de los norteamericanos y de las instituciones, lo cual aunado a la repulsión que produjo el video en la mayoría de las gentes, inclina todas las encuestas a su favor, por lo que será muy difícil que el Congreso opte por su destitución.

Han originado los medios de comunicación un fenómeno político paradójico: un presidente bastante desprestigiado como persona, que recibe el apoyo mayoritario del pueblo, como el más prestigioso mandatario.

Este oscuro episodio de la vida política del país más poderoso del mundo -y cualquiera que sea su resultado final- abre nuevamente el debate acerca de las normas y limitaciones de lo medios, del control de la información y la prevención de la manipulación política y además, de su posible influencia nociva en la vida de las naciones y los individuos.



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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