<<<  Por la salud mental


Sobre suegras, yernos y nueras


Una de las situaciones más difíciles que debe enfrentar la mujer madura se presenta cuando los hijos han llegado a la mayoría de edad y hay que cederlos a ésos intrusos que se llaman marido o esposa. Ha llegado el momento de renunciar a ellos y aceptar forzosamente que los hijos no son de su propiedad.

La solución de éste conflicto no se dá siempre en forma adecuada, y por el contrario se presentan con frecuencia verdaderas situaciones dramáticas, que justifican en parte la actitud despectiva contra la suegra que observamos cotidianamente en los chistes, las comedias de teatro o Tv, y las tiras cómicas. Los lectores de éstas últimas, estamos familiarizados con las arremetidas de doña Tremebunda contra su yerno Condorito, sólo amortiguadas por la astucia verbal y el cinismo de éste; igualmente con el sufrimiento de Olafo El Amargado, cuando llega, no de visita sino de hospedaje, la madre de Helga a tomar las riendas del hogar.

Las múltiples relaciones conflictuales que se plantean en la relación entre suegra y yerno tienen raíces muy profundas que fueron magistralmente expuestas por Freud:

"sabido es que, incluso en los pueblos civilizados, constituyen las relaciones entre yerno y suegra uno de los lados más espinosos de la organización familiar... más de un europeo se sentirá inclinado a ver un acto de alta sabiduría en las prohibiciones impuestas por los pueblos salvajes a la relación entre dichas dos personas de parentesco tan cercano. No puede dudarse de que la situación psicológica del yerno y la suegra entraña algo que favorece la hostilidad y hace muy difícil su vida en común... A mi juicio trátase aquí de relaciones ambivalentes compuestas a la vez de elementos afectuosos y hostiles ".

Algunos de éstos afectos resultan fácilmente explicables. Por parte de la suegra existe la ansidedad de separarse de su hija; la desconfianza hacia el extraño al cual se ha entregado, y la tendencia a imponer a pesar de todo, su autoridad, como lo hace en su propia casa. Por parte del yerno, hay generalmente la decisión de no someterse a ninguna voluntad ajena . Freud, al referirse a los tabúes de las tribus primitivas, menciona algunos de ellos, que podrían resultar extraños para nuestra mentalidad de presuntos civilizados; la prohibición más extendida recae sobre las relaciones entre suegra y yerno, que existe en los pueblos australianos, melanesios, polinesios y entre los negros africanos en general.

En las islas Banko, el yerno y la suegra deben evitar aproximarse el uno al otro. Cuando por casualidad se encuentran en el camino, la suegra debe apartarse y volver la espalda hasta cuando el yerno haya pasado. En las islas Salomón el hombre casado no debe ver ni hablar a su suegra. Cuando la encuentra, debe fingir no conocerla y correr tan rápido como le sea posible a esconderse. La comunicación entre ellos se efectúa por medio de una tercera persona o hablándose en voz alta, separados por un obstáculo natural.

Entre los zulúes, existe la costumbre que el hombre se avergŁence de la suegra; no entra en la cabaña si ella se halla adentro y cuando se encuentran uno de ellos debe esconderse entre los arbustos o el hombre debe taparse la cara con el escudo.

Las relaciones entre suegra y nuera no son menos conflictivas. El problema se intensifica cuando los lazos entre madre e hijo han sido muy intensos por tratarse de ser hijo único o cuando no existe el padre en el hogar . En tales casos es bien difícil la aceptación de esa especie de cuerpo extraño representado por la nuera, que amenaza con romper el débil equilibrio afectivo de la suegra. Casi siempre la entrada de la novia o esposa en el medio familiar suele ser recibida con reparos o críticas solapadas. Estas relaciones conflictivas sólo se resuelven positivamente en razón directa con la madurez, bondad y capacidad amorosa auténtica de ambos componentes.

Es muy importante el entender que nuestros hijos se pertenecen únicamente a sí mismos y que nuestro interés central no debe ser el retenerlos sino ayudarles a que sean felices en sus propios destinos.

Afortunadamente la calma y la estabilidad llegan casi siempre a la par con el nacimiento de los nietos, pues la madre-abuela encuentra una renovada manera de ejercer sus ansias maternales, favoreciendo la gratitud, la felicidad y la libertad de sus hijos.



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
  Preguntas, comentarios o referencias: roman@avan.net


<<<  Por la salud mental