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La vulnerabilidad del adolescente


"Vivimos en una época de decadencia. Los jóvenes ya no respetan a sus mayores. Son groseros y mal sufridos. Concurren a las tabernas y pierden toda noción de templanza". Así reza una inscripción existente en una tumba egipcia de alrededor del año 3000 antes de Cristo. Sócrates en el año 450 a.de C. se expresaba de análogo modo.

En los tiempos que corremos, numerosos grupos de profesionales se ocupan de analizar a los adolescentes: los antropólogos examinan sus costumbres; los educadores expresan su frustración ante la imposibilidad de motivarlos y mantenerlos quietos en la aulas; los psiquiatras, psicólogos y sociólogos se enfocan en los problemas de consumo y adicción a drogas, la delincuencia y violencia juvenil; la policía trata de ingeniárselas para apartarlos de la senda del mal; los epidemiólogos y sexólogos estudian con asombro el incremento de las enfermedades de transmisión sexual ; los comerciantes de la música y la ropa investigan y recurren a sofisticados medios publicitarios para obtener beneficios de esta agitada edad. Definitivamente la segunda década de la existencia es tan distinta de la niñez y de la edad adulta en cuanto a sus aspectos físico, emocional y social, que a sus miembros se les debe considerar como una clase distinta de la sociedad, dotada de intereses, necesidades y problemas enteramente específicos.

En 1904, el educador G. Stanley Hall en su monumental estudio sobre la Adolescencia, fue el primero en ofrecer una magnífica descripción de este período de turbulencias y sobresaltos, y llegó a compararla a 'un segundo nacimiento'.

La adolescencia entre nosotros, se ha situado entre los 13 y los 18 años, pero estamos enfrentados a la progresiva aparición de relaciones sociales y sexuales a una edad más temprana. Hasta no hace mucho, esta precocidad se atribuía a las presiones que ejercían los adultos sobre los niños en el sentido de obligarlos a "crecer con mayor rapidez". Actualmente, se interpreta este fenómeno como una aceleración de orden fisiológico. En los últimos cien años, la menarquia -primera menstruación- ha venido anticipándose en cuatro meses por década, de modo que la edad promedio se sitúa hoy en los 12 años, previéndose que descienda a los 11 en el año 2000.

Esta aceleración también se ha dado en la talla y el peso . Tanto varones como mujeres alcanzan tallas y pesos propios de la edad adulta en una fase anterior a la registrada por sus progenitores, y acusan estaturas más elevadas que estos. Naturalmente que en este proceso hay enorme influencia de factores genéticos, culturales y nutricionales.

Los niveles de maduración emocional y social en cambio, parecen eludir a todo intento de medición. Esta dificultad, ha legitimado el término "crisis de identidad", para describir la pérdida de continuidad del adolescente con respecto a su propia niñez, bajo el impacto de los diversos cambios que afectan cada aspecto de la existencia y en especial la imagen física y emocional de sí mismo. Para repetir la expresión de un colega estudioso de la adolescencia, al levantarse cada mañana, el joven ve en el espejo a una persona que no es él.

Todo este proceso de cambio y el esfuerzo requerido para reorganizar el propio Yo, colocan al adolescente en un estado de vulnerabilidad con respecto a las ideologías, las religiones y los valores , cuyos influjos pueden traducirse en alteraciones del comportamiento, en rebeldía o en hostilidad abierta hacia la sociedad.

Lo importante es entender que muchos de los aspectos de la conducta de los adolescentes, no son un reflejo claro de su personalidad, sino una consecuencia del proceso de su desarrollo físico y mental. Así entenderemos mejor, su lucha por la independencia y la necesidad de encontrar su propia identidad.



© Gustavo Román Rodríguez   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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