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La lección de la pelota de tennis por María del Carmen Siccardi Yo creo firmemente que todos y cada uno de nosotros somos capaces de CREAR en nuestras vidas TODO lo que queremos. Mas aun, estoy convencida que lo hacemos constantemente, el problema es que no estamos conscientes de COMO lo hacemos. En mis años de estudios en metafísica he encontrado cientos de formulas para la manifestación consciente. De una forma u otra todas integran los conceptos de intención-deseo. Ojo, esto es muy importante. La manifestacion rápida y efectiva no es producto de nuestra NECESIDAD, sino de nuestro DESEO. O sea, que no es cuestión que “necesito” un auto, sino que “quiero” un auto. La designación de “necesidad” es nuestra evaluación subjetiva y analítica. Pero el proceso de manifestación es universal, funciona para todos de la misma manera, y no integra juicios de bueno o malo---necesario o innecesario. Simplemente se logra la manifestacion si se ejecutan los pasos necesarios. En teoría sabemos cuáles son los pasos necesarios: deseo, expresión clara del deseo, y plena confianza en que el deseo se manifestará. Cuando elevamos una plegaria estamos de manera tremendamente efectiva haciendo operar el proceso universal de manifestacion. Vamos a la iglesia motivados por un deseo, expresamos nuestro deseo a la deidad mediadora (la Virgen o algún santo) y, dependiendo de cuánta fe sentimos en esa entidad mediadora, para cuando terminamos ese interludio nos vamos totalmente convencidos de que nuestro pedido queda en buenas manos y que se cumplirá. |
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Esa es la teoría, pero en la práctica nos falta algo. Después de mucho análisis he llegado a la conclusión que lo que nos falta es la suficiente fe y que nuestro propio proceso analítico obstruye la manifestación. Somos muchos los que hoy en día experimentamos serios problemas de “fe” con los credos establecidos. De modo que voy a valerme de un ejemplo mucho mas mundano para evitar conflictos y dogmas de tipo religioso. Permítanme compartir la anécdota de una experiencia que viví recientemente que me instó a tratar de entender todo este misterio de la manifestación en nuestras vidas. Tengo un amigo muy particular. Es un hombre que no hace NADA para ganarse la vida, pero vive como un rey. A pesar de no contar con el más mínimo recurso personal, constantemente habla de las grandes aventuras en las que va a participar (todas carísimas). Esto no tendría nada de especial ya que estoy segura que todos conocen por lo menos a un soñador, lo distinto de este caso es que cada vez que me reencuentro con él me cuenta como todos y cada uno de sus increíbles sueños se han convertido en realidad bajo las circunstancias mas extraordinarias. Al principio estaba convencida que me estaba tomando el pelo, pero he tenido oportunidad muchas veces de constatar que dice la verdad. Mas aun, recientemente yo misma presencié los resultados de su extraordinario poder de manifestación. Fui a pasar un fin de semana con él en la casa de playa de sus padres. Nos preparábamos para ir en bote a alguna de las muchas islitas que hay en la Bahía de Cheseapeake, en la costa de Virginia, y teníamos con nosotros a su perro. Cuando estábamos listos a salir de la casa mi amigo me dijo que quería una pelota de tennis para jugar con su perro cuando llegáramos a la playa. Recorrió por toda la casa y sus alrededores buscando una, pero yo observé que era poco probable que tuviera suerte porque sus padres no juegan tennis. Salimos de la casa, pero rumbo a donde íbamos a recoger el bote, mi amigo decidió desviarse del camino para entrar a un viejo club donde habían varias canchas de tennis. Yo comenté que el club lleva años abandonado y que dudaba mucho que encontrara ahí una pelota de tennis. Pero estaba empecinado y caminó por todo lo que había sido el área de deporte del viejo club, pero no encontró ninguna. |
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Por fin sacamos el bote y estuvimos casi una hora recorriendo el área buscando una playa aislada donde pasar la tarde. Cuando anclamos, yo decidí que quería caminar hacia el extremo opuesto. No sólo caminamos todo lo largo de la islita, sino que también la atravezamos hasta que yo encontré un lugar que me gustó. Estaba poniendo las toallas que llevábamos sobre la arena cuando de repente escuché a mi amigo decirle con toda tranquilidad a su perro: “¡Ven DJ, vamos a jugar con la pelota!” Levanté la vista y casi caigo sentada... a menos de dos metros de donde yo estaba, entre medio de unas ramas secas a la orilla de playa, ¡había una pelota de tennis! No era una pelota de goma, o de golf, o de beisbol, ¡era una pelota de tennis! La playa estaba inmaculada, no había basura, botellas, papeles, latas.... ¡pero sí una pelota de tennis! Yo no salía de mi asombro y apenas podía cerrar mi boca. Cuando le comenté que no podía creer que había encontrado ahí una pelota de tennis, me contestó como quien hace la observación más obvia del mundo: “¿Por qué? Eso era lo que yo quería”. Mi amigo pasó horas jugando con su perro y la pelota de tennis... y yo tratando de entender lo que había presenciado. Para mi había sido una maravilla, un milagro, una casualidad increíble... él no podía entender en lo más mínimo el por qué de mi asombro. Quería una pelota de tennis para jugar con su perro y ahí estaba. ¡Era así de simple y no ameritaba mayor análisis! Esto sucedió hace un par de meses y mi análisis continúa porque estoy convencida que encierra el secreto que me evita manifestar de forma inmediata un tractor cuando necesito remover tierra en mi casa, o diez mil dólares para irme a pasear por Europa. Lo cierto del caso es que yo llevo años manifestando lugares para estacionar mi auto cuando voy a la ciudad... en medio de la semana, en los áreas más congestionadas de la ciudad, yo SIEMPRE encuentro donde estacionar. ¿Pero por qué no puedo hacer lo mismo con un millón de dólares? |
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Estas son las respuestas a las que he llegado en mi análisis del caso de la pelota de tennis: En primer lugar, la mentalidad de mi amigo es tal que no fue capaz de DUDAR, ni por un momento, que no va a conseguir una pelota de tennis, a pesar de estar escuchando todas mis explicaciones lógicas de como era imposible que encontráramos una. Yo lo acuso constantemente de ser obsecado cuando quiere algo, pero lo cierto del caso es que su obseción parece ser mil veces más efectiva que todo mi raciocinio y sensatez. Mi mentalidad lógica engendra dudas y limitaciones, su obseción le impide ver nada más que el resultado que quiere. Además, como logra este tipo de resultados constantemente, no tiene razón alguna para no seguir siendo cada vez más obsecado en sus determinaciones. En segundo lugar: la pelota de tennis le llegó sin él tener que hacer NADA después de formular claramente su intención de querer jugar con su perro en la playa ESPECIFICAMENTE con una pelota de tennis. A pesar de que buscó una pelota de tennis en la casa y el club abandonado, no tuvo suerte con su esfuerzo. ¡La pelota lo encontró a él! En tercer lugar: en ningún momento mi amigo se sentó a analizar cuán importante era en su vida encontrar una pelota de tennis, cuánto necesitaba una pelota de tennis, o cuánto se mereciá una pelota de tennis. No sólo fue incapaz de dudar que tendría la pelota de tennis, no abrigó TEMOR alguno que no le llegaría. Cuando sentimos MIEDO de fracasar y nos agobiamos con todas las posibles consecuencias que generaría el fracaso... estamos literalmente obstruyendo el proceso de manifestación. ¡El día que yo pueda darle la misma importancia (o no importancia) al millón de dólares que mi amigo confiere a la pelota de tennis, estoy convencida que es el día en que me convierto en millonaria! © María del Carmen Siccardi ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: siccardi@monumental.com
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