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¿Se puede predecir el futuro?


El interés del hombre de conocer el futuro se remonta al comienzo de la historia. La motivación que sirve de base a la práctica es la ansiedad de poder CONTROLAR el desenlace de actividades y acontecimientos que son importantes en nuestras vidas.

El hombre prehistórico se valía de fenómenos naturales en los que "leía" augurios sobre el resultado de sus expediciones de caza. En la antigüedad los oráculos, como el famoso de Delphi, ofrecían a los más altos mandatarios pronósticos de la suerte de todo el país.

Pero en la actualidad al hablar de pronósticos enseguida conjuramos imágenes de mujeres frente a bolas de cristal o métodos poco confiables como son los horóscopos en los diarios. ¿Quiere decir que el hombre moderno ha evolucionado a tal grado que ya no necesita ni busca controlar su futuro? ¡NO! La diferencia estriba en el TIPO de oráculos que social y culturalmente se nos permite validar.

Por ejemplo, escuchamos el informe del tiempo todas las noches para saber cómo vestirnos al día siguiente. Los hombres de negocios no desatienden ni un día los análisis económicos de los expertos en el mundo de finanzas. Las encuestas públicas anuncian con anticipación el resultado de procesos procelitistas. A pesar de la buena reputación de que gozan todos estos oráculos modernos, ¿cuándo fue la última vez que un meteorólogo pronosticó con acierto una tormenta, los economistas estuvieron de acuerdo cuándo bajaría la inflación, o ganó las elecciones el candidato que todos proclamaban como el favorito?

Estos pronósticos no son más confiables ni exactos de lo que pueden ser los de una persona que lee el Tarot, una carta astrológica o la palma de la mano, pero socialmente no es aceptable ir en busca de tales recursos desmereciendo totalmente su valor. ¡Hay algo un tanto cruel en una filosofía que nos permite valernos de asesoría para aumentar nuestro caudal monetario en la Bolsa de Valores, pero no para superar un agobiante trauma emocional!

Más allá de la polémica en torno a las calificaciones de las personas que ofrecen este tipo de servicios, tratemos de entender hasta qué punto nuestro empeño por conocer el futuro es o no factible. Claro está que la explicación que voy a ofrecer es una muy personal que no puede verificarse "científicamente", pero los que SIENTAN que tiene validez los invito a adaptarla como propia.

Yo parto de la premisa que no existe UN futuro sino una INFINIDAD de POSIBLES FUTUROS. Este concepto es uno realmente fascinante para quienes nos gusta jugar con ideas abstractas, pero voy a tratar de presentarlo simbólicamente de manera más concreta.

Imagínense una carretera por la que van transitando en auto. Forman parte de un enorme grupo de autos que se desplazan por la vía principal. Pero de cada 50 metros la carretera lleva a un círculo de convergencia que ofrece la posibilidad de una gran variedad de rutas. La mayor parte del tráfico continúa en dirección recta, atravesando el círculo y siguiendo por la salida directamente opuesta a la que entraron -- es la ruta más fácil de decidir. No obstante, nada evita que cualquier auto se desvíe hacia alguna de las otras salidas diagonales que desembocan en el círculo. Luego, la carretera continua recta por otros 50 metros cuando se repite la aparición de un nuevo círculo. No importa la salida que se tome, al cabo de 50 metros, todos los autos van a tener que entrar en otro círculo.

La carretera es nuestra vida, los círculos son las decisiones que constantemente tenemos que tomar. Ya se trate de decisiones trascendentales o aparentemente inconsecuentes, SIEMPRE estamos decidiendo la próxima salida, cada una de las cuales nos lleva hacia un potencial futuro diferente. ¡A veces nos atascamos un poco y terminamos dando vueltas en el círculo, pero tarde o temprano tenemos que salir por algún sitio!

Esto no quiere decir que estemos cambiando nuestro DESTINO FINAL, pero sí las EXPERIENCIAS que viviremos a lo largo de nuestra ruta. Basándome en el conocimiento que tengo de astrología puedo decir con plena confianza que todos contamos con ciertas "lecciones" que tendremos la oportunidad de vivir y entender durante el curso de nuestras vidas. Cómo llegamos a aprender esas lecciones (incluso si logramos hacerlo del todo) es donde entra a tallar nuestro libre albedrío.

La astrología, la numerología o la palma de la mano nos sirven para entender cuáles son esas lecciones. Son algo así como mapas que nos ayudan a decidir con mucho más acierto si queremos comprar un par de patines o un boleto de avión cuando descubrimos que tenemos que viajar desde Nueva York a Los Angeles.

Por otro lado, las lecturas de cartas o consultas con psíquicos o channels nos proveen conocimiento más inmediato sobre el rumbo de la carretera por la que vamos transitando. Es por esto que en otra de mis columnas comento que el valor del Tarot está en permitirnos entender el posible futuro hacia el que nos dirigimos EN EL MOMENTO QUE FORMULAMOS LA PREGUNTA.

Todos tenemos la opción de decidir por cuál salida continuar nuestra jornada, pero si sabemos a dónde vamos a llegar al final de cada intersección, se nos hace mucho más placentero el camino. La diferencia está entre ir a ciegas, adivinando o simplemente siguiendo el flujo principal del tránsito sin saber a ciencia cierta hacia dónde vamos, o contar con un mapa que nos permite escoger la vía más agradable y rápida para llegar a donde queremos ir.


© María del Carmen Siccardi   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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