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En el castillo de Barba Azul Un libro llamado En el Castillo de Barba Azul, podría parecer de literatura infantil o de historia. Por eso, el que con este título publicó en 1991 Gedisa Editorial en su primera edición en español, necesita del subtítulo para empezar a entender su verdadero contenido: Aproximación a un nuevo concepto de cultura. Nos introduce así, de una vez, en el problema de repensar el concepto de cultura, pues como ha sido construido necesita de revisiones a fondo. George Steiner fue invitado por la Universidad de Kent de Canterbury y la T.S. Eliot Memorial Lecture Foundation, para un ciclo de conferencias en las que al principio desmonta el mito de los valores de la cultura occidental y analiza los signos que muestran su destrucción o caída, para luego sintetizar los fenómenos monitorios de una nueva cultura, o lo que en el texto llama la poscultura. Occidente, su desarrollo científico, el imperio de la razón, su convencimiento de ser portador de La Civilización, así con mayúscula, condujeron a que los representantes de esa cultura sobre todo en el siglo XIX fueran optimistas del continuo progreso que tales hechos presentaban. Pero cuando se suponía que el siglo XX iba a ser el heredero de las realizaciones del espíritu autorrealizado, nos encontramos con las peores manifestaciones de la barbarie en el centro mismo del desarrollo de esa cultura tenida como máxima. La ley del progreso que era su motor no alcanzó a ser desmontada por las dos grandes guerras. Solo en 1968 se produce la crisis definitiva que conduce a la quiebra de lo que quedaba del concepto de cultura como se heredó de occidente. A partir de ahí los mejores representantes de la cultura occidental, los intelectuales, quedan sin rumbo, sus imaginarios simbólicos se derrumban y entramos en la barrena de los cambios de los cuales las manifestaciones políticas y sociales de los dos últimos años, entre las cuales ocupan lugar primordial la reunificación de Alemania, la caída de los gobiernos socialistas de Europa oriental y la disolución de la Unión Soviética son algunos de sus hitos. La orfandad de los intelectuales es tratada con sutil ironía por Umberto Eco en su discutido Péndulo de Foucault, libro este que aún no ha sido analizado en sus variadas dimensiones. Y los cambios sociopolíticos han sido tan imprevisibles y rápidos que han cogido de sorpresa a todos los analistas que son desbordados por el atropello con que cada nueva situación llega y pasa sobre los anteriores. Todo esto viene a confirmar la tesis de Steiner: la historia está pasando a un nuevo estado del ser y el antiguo tiempo toca a su fin. No nos debe sorprender tal conclusión que ya se puede colegir desde toda la obra de Nietzsche, o el Freud de Malestar en la Cultura. Pero no son muchos los que intentan llevar a fondo "la relación entre las estructuras de los inhumano y la matriz contemporánea de una elevada civilización". La conclusión del autor es que la cultura no alcanzó a ser una barrera suficiente que contuviera la barbarie, la inhumanidad que caracteriza al hombre del siglo XX. Y lo resume en una frase que nos debería hacer pensar: "La adormecida prodigalidad de nuestra familiaridad con el horror es una radical derrota humana". En el capítulo III Steiner hace el inventario de la destrucción de occidente, la destrucción de sus "formas internas", manifiesto en la supresión de vigencia de supuestos de su cultura: ¡que su legado era lo mejor que se había dicho y pensado, que el centro de la cultura y el mundo está en la cuenca del Mediterráneo, de lo cual se deriva que Europa es el centro de la cultura, que la curva de la historia occidental es una curva ascendente, que su característica es el humanismo! El autor desmonta cada uno de estos supuestos o mitos, como camino para llegar al meollo de su reflexión: "la cultura no es la mera suma de varias actividades, sino que es un estilo de vida". ¿Vale la pena este estilo de vida ? ¿Para qué elaborar y transmitir cultura si ésta hizo tan poco para contener lo inhumano? Y ¿no se paga por la cultura un precio demasiado alto? Algunas de las respuestas se presentan como "contraculturas". El autor termina sus conferencias mostrando que en este fin de siglo se está construyendo una cultura más allá, por eso la llama la poscultura. Aun cuando advierte que por ser protagonistas de su creación no tenemos la distancia suficiente para percibir todas sus características, arriesga a plantear que la poscultura esta cimentándose en estos cuatro grandes grupos de fenómenos: el fin de la lógica del pensamiento basada en la palabra, para dar paso a una nueva humanización independiente de las letras, en donde es importante la presencia permanente de la música en la vida de las nuevas generaciones y el dominio de lo visual; el papel de las ciencias naturales y su lenguaje matemático en el mundo futuro; el procesamiento electrónico de datos y las grandes modificaciones intencionales del hombre sobre su nicho ecológico. El análisis sobre la presencia de la música en la vida contemporánea y en la configuración de unas nuevas humanidades es uno de los apartes del libro más claros y bellos, el cual vale la pena de ser leído por sí mismo. Precisamente es de este análisis de donde toma el autor el título de su obra. El Castillo de Barba Azul es una ópera de Bartók. Al final de la obra, Judith, uno de los personajes, pide que se abra la última puerta que da a la noche, mientras un movimiento tentativo de arcos ascendentes y descendentes de la orquesta "que nos hace contener el aliento", acompaña sus palabras. Con esta figura musical y "tocante a una teoría de la cultura, parece que nos encontraramos en el punto en que está Judith de Bartók cuando pide que se abra la última puerta que da a la noche". Y ya que el centro cultural de occidente se ha quebrado, ¿qué nos queda? He aquí una de las pocas voces esperanzadoras para nosotros proveniente de los países del norte: la cultura occidental "solo puede resucitar por obra de una violenta transfusión de esas energías, de esos modos de sentir propios de los pueblos del 'tercer mundo'. Ellos tienen verdadera 'alma', ellos poseen la belleza de la negrura y el eros". Nos queda a nosotros, hundirnos con occidente, o generar alternativas para la cultura. © Jorge Echeverri González ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: jorgeche@col2.telecom.com.co
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