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Las cenizas de Angela


Frank McCourt es un personaje atípico. Empieza a escribir ya jubilado. No asciende escalón por escalón la larga senda de la fama sino que su primer libro lo catapulta como a ninguno. Infancia y adolescencia miserable, en un ambiente que nada pronostica para su futuro. Y efectivamente, hasta la aparición de Las cenizas de Angela a sus 66 años, era un oscuro maestro en Nueva York, para ser inmediatamente después uno de los 35 personajes más famosos del año según Vanity Fair, figurar 70 semanas seguidas en la lista de los best sellers del New York Times, estar traducido a más de 20 idiomas y figurar en más de 50 entradas en Internet. ¿Vocación tardía o escritor inédito?

Pero también es típico de un sector contemporáneo de la población. Marginado en una región marginada, desarraigado, sobrevive contra toda esperanza.

Las rápidas y sucesivas reimpresiones y ediciones para América Latina de esta novela, publicada por Scribner en 1996 en Inglés, incitaron mi curiosidad, contra la convicción de que los best sellers son sospechosos de por sí. Primera edición en español, para esta región en septiembre de 1997, reimpresiones inmediatas en ese mes y en octubre. Segunda edición en noviembre de 1997. ¿Efecto publicitario? ¿Boom artificial? ¿Riqueza novelística?.

En esos meses había leído un par de reseñas elogiosas. Cosas del distribuidor, pensé. ¿Quién la había leído y analizado tan pronto? La casualidad de un amigo olvidadizo de visita en las vacaciones de fin de año la puso en mis manos. No la tenía en la lista de mis compras y los escritores irlandeses no son mis favoritos. Pero como me ha sucedido con las buenas novelas, una vez empezada, no pude abandonarla.

Las Cenizas de Angela tiene magia que atrapa. A años luz del realismo mágico del llamado boom latinoamericano de las últimas décadas, McCourt se inscribe en un realismo cruel y descarnado más bien emparentado con Dickens. Sin artilugios de tiempo ni espacio, narra linealmente los sucesos de su infancia y adolescencia como los rescata de la memoria sesenta años después. Pareciera que con ellos se libera de viejos fantasmas. Función catártica de la literatura.

Nacido en Nueva York en 1930, pronto es llevado a la Irlanda de sus padres, a Limarick. Desde allí arrancan sus recuerdos y la narración, hasta el regreso a la deslumbrante ciudad, a sus 19 años. El segundo párrafo del libro es su mejor resumen: “Cuando rememoro mi niñez me pregunto cómo sobreviví. Fue, claro, una infancia miserable: la infancia feliz difícilmente vale la pena para nadie. Peor que la infancia miserable común es la infancia miserable irlandesa, y peor aún es la infancia miserable católica irlandesa.” Es la única frase que subrayo en el largo texto pues el resto es flujo incesante de narración escueta, ausente de frases rimbombantes y solemnes que puedan quedar para citas citables de las selecciones del Reader Digest.

La narración es descarnada y cruel como lo fue su infancia. La Nueva York de la gran depresión no tiene campo para inmigrantes, aun cuando tampoco lo tiene para nadie la Irlanda de los alrededores de la 2ª Guerra Mundial. El tiempo de la novela coincide con el tiempo del autor narrador. Novela autobiográfica. Completa el suceso exterior con la percepción desde la perspectiva del niño y adolescente que fue sobre el mundo que le ha tocado en mala suerte. A la edad en que escribe, mira su infancia con un dejo de humorismo cínico cercano al sarcasmo y la narración va tomando los tonos propios del habla de cada edad.

¿Y cuál es ese mundo? La Irlanda secularmente sometida al inglés, empobrecida por las depresiones no superadas de la entreguerra europea, la fuerte tradición católica en que se cría, enfrentada a la visión protestante dominante. El catolicismo lo encierra en el círculo infernal de la culpa por el pecado. Su contraparte es el mal encarnado. Y la guerra. La guerra que conduce a la paradoja en que se encuentran los irlandeses de apoyar con mano de obra barata al protestante inglés, del cual apenas acaban de liberarse formalmente, en su enfrentamiento con el alemán. El peor sometimiento, sin embargo, ha quedado: el de la cultura religiosa opresiva del espíritu (“...condenación. Es la palabra favorita de todos los sacerdotes en Limarick “), el de la desigualdad y la pobreza, el de ser periféricos frente al vecino imperio decadente.

Podemos concluir, como el autor, con la única palabra del XIX capítulo de su novela: ¡AJA!. Sí, ¡ajá!, aquí hay un gran novelista del interior del hombre. De un hombre que nos hace resonar fibras internas a muchos hombres. Del interior oprimido y desarraigado del hombre de siempre. ¡Ajá!, aquí nos identificamos con ese pequeño Frankie de dos, tres años con hambre permanente cuando nos acordamos que en nuestro desayuno solo había un pequeño pan con agua de panela. ¡Ajá!, acá nos acercamos a su escolaridad, a su sometimiento a la dura escuela de tradición inglesa donde el castigo es norma y la letra, aún ahora, con sangre entra. ¡Ajá!, aquí lo vemos recibir los continuos portazos en las narices cuando pretende acceder al mundo religioso vedado para el marginal, ya sea del colegio de élite, de la sacristía implacable en la cual creía ilusamente su madre que podía llegar a ser monaguillo, del monasterio o de la casa de jesuitas cuando se acerca a ellas intentando limpiar su culpa interna exacerbada por las primeras cervezas la última noche de sus quince años.

¡Ajá!, ahora no le queda más remedio que estar destinado a la condenación eterna por haberse masturbado en lo alto de la colina, frente al pueblo y ante el mar y por el iniciático y desritualizado acto sexual con la tierna y tísica Teresa Carmody, que muere de eso, de tísica y deja en el adolescente apenas despertando a la vida, el penoso sentimiento de haberla arrojado al infierno sin posibilidad de redención.

¡Ajá!, y sólo entonces le queda el sueño americano. Para su Nueva York natal regresa después de ahorrar durante cuatro años, en un intento por recuperar el único asomo de felicidad en esos 19 años: el recuerdo de un país luminoso donde hay comida y las películas son el alimento de sus sueños. Y a los 19 años, este país deslumbrante no lo frustra y lo recibe con fanfarrias de placer en casa de mujeres solitarias y marchitas que tratan de compensar su fracaso amoroso en farras de fin de semana mientras sus esposos cazan venados.

¡Ajá!, y acá nos deja, mirando desde cubierta junto a sus sueños, río Hudson arriba, el titilar de las luces de América, con la nostalgia de que, a pesar de lo que dice, la infancia miserable y la adolescencia solitaria y culposa, son iguales en todas partes.

¡Ajá!


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Correos y comentarios a columnas anteriores


Sobre Cuando el amor llega así de esa manera
  • Excelente articulo!!!! Joost Scharrenberg (Webmaster de Mundo Latino)

  • Gracias a Yolanda Bezares quien, desde California, me responde la pregunta: usando Yahoo y buscando bajo carlos-monsivais, encontraras cerca de 520 artículos acerca de el, o suyos. Y bajo silvia-oroz hallaras 21.
Sobre Entre chatear y leer el Quijote
  • Excelente comentario sobre la lectura, la literatura y este hermoso texto "El Quijote", que aún después de tanto tiempo sigue vigente.

    Adriana Lucía Cardona
Sobre En el Castillo de Barba Azul
  • José Luis Saavedra C: George Steiner vinó a la ciudad de México en el marco del XIV Festival del Centro Histórico y dió una conferencia sobre Humanidades y profetizó que de aquí a dos siglos las humanidades (como ciencia) habrán desaparecido. Claro que quiere equivocarse.
Sobre ¿Y usted sabe qué es cultura?
  • Coatl, mordiéndose la cola (Roberto Baca):
    Yo resumiría la cultura de este siglo es sólo dos palabras: Cambio Total. ¿Cuál será la cultura del próximo siglo?¿La estabilización gradual?

  • Leopoldo Perdomo: (muy extractado)
    Me gustó tu análisis de las respuestas a un asunto tan complejo como esa pregunta. ...este siglo se caracteriza por "la velocidad del cambio en las variables culturales", "la difusión vertiginosa del conocimiento por todo el planeta". Pienso que la tarea más seria que nos espera para el siglo XXI, es la Revolución de la Inteligencia.

  • Lourdes de Gómez (Mérida Yucatán, México). Extractos: Tengo la leve sospecha que mi capacidad intelectual esta averiada, sugiero que es demasiada información sobre un tema demasiado general... sin embargo como tema de reflexión es buena.

    Nos pone a pensar que es lo que realmente se tiene, la cultura, a mi buen entender (y no soy muy estudiada) son los legados que nos dejan...



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