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Historias del desarraigo


Por esas coincidencias de la vida, desde noviembre me he encontrado con el exilio. No es que yo esté exilado sino que desde noviembre he entrado en contacto con esta vivencia. Primero en Campinas (Brasil) residí un mes en casa de María Paz*, argentina, quien tuvo que emigrar de su país en la peor época de las dictaduras. Secuestrada por el régimen, logró escapar en una historia que ella no quiere contar, pues al recordarla le vuelven las pesadillas del pasado. Primero Perú, luego Brasil, han sido sus países de refugio. Aunque puede volver a su tierra, una ciudad cercana a Buenos Aires, ya está fatalmente desarraigada.

Al tiempo, en esa ciudad, me reencontré con Catalina, antigua militante del grupo guerrillero M-19 de Colombia, quien tuvo que huir de este país en la triste época del estatuto de seguridad del gobierno de Turbay, y ayudada por jesuítas, pasó por Quito y Sao Paulo, para terminar estudiando en Campinas. También puede volver, de hecho la conocí en mi casa en Colombia. Más de una década de deambular la han también desarraigado de su familia y su tierra. Y lo peor de sí misma. Es desarraigada desde dentro.

Invitado por un buen amigo, viajé desde Campinas a Montevideo. En su apartamento encontré el libro de la chilena Isabel Allende: Paula (Barcelona, Plaza y Janés, 1994). Aunque su tema central es la enfermedad de su hija, los recuerdos la llevan a la época de Salvador Allende, su asesinato, la posterior complicación de su vida en el país ensangrentado por la dictadura, y su necesario exilio a Venezuela, España y finalmente California. Ya conocía a Isabel Allende, pues había leído La Casa de los Espíritus. Sin embargo no me impresionó tanto como Paula. Sobre todo por esa vivencia del desarraigo que produce el exilio.

Y por esos cruces del destino, luego de Montevideo viajé a Santiago de Chile, última etapa del viaje, donde se repitió la escena pero al contrario: en casa de los amigos que me invitaron estaban leyendo Andamios de Mario Benedetti (Buenos Aires, Seix Barral, 1996). Aunque sin la connotación autobiográfica de la historia de Isabel y su hija Paula, su tema es el regreso, después de largo exilio, a su Montevideo. Pero él ya no es de “su” Montevideo, ya no es el mismo. El desarraigo de los años anteriores le han transformado el alma.

Todas estas vivencias de noviembre y diciembre de 1997, primero me recordaron las interminables e interesantes charlas con emigrados chilenos que, después del golpe, llegaron refugiados a mi región. Y luego se revivieron esta semana, a raíz de dialogar con Carlos Fernando, cubano, de paso por mi tierra, en misión de intercambio docente. Carlos Fernando ha crecido en la revolución (nació en 1961). Nieto e hijo de altos burgueses pre-revolución, comparte muchos de sus logros, pero tiene su visión particular del momento cubano. Era inevitable tocar el tema del desarraigo, del exilio y de sus implicaciones en las familias, las relaciones y la vida de los cubanos de los últimos 40 años.

Hoy no es la ocasión para hablar en detalle de cada una de estas situaciones y libros. Pero me ha quedado sonando muy adentro: ¿qué cultura política, que visión social, se ha generado en América, ante tanto desarraigo? ¿Qué imaginarios sociales se han desarrollado en miles y miles de familias de Uruguay, Paraguay, Cuba, Argentina, Chile, que han dispersado familias enteras por el mundo? La escisión de la familia cubana es dramática. Y el cubano que se quedó en su isla no entiende cómo el gusano contra-revolucionario del pasado, llega ahora cargado de dólares y es atendido a cuerpo de rey como turista americano. ¿Qué se está gestando detrás de esta percepción? Su visión del mundo entra en conflicto. Que, por si fuera poco, se agrava cuando ve al Pontífice de la Iglesia perseguida, por cuyas creencias tal vez sufrió cárcel, siendo recibido con honores por el líder que trató de convencerlos de la inutilidad de su religión, y cuando no pudo, los atacó como peligrosos fanáticos enemigos de su proyecto social. El summum del desarraigo interior.

Si el desarraigo individual conduce a crisis mentales, el desarraigo social es un nuevo elemento que entra en juego en América Latina, en este convulsionado cambio social de fin de siglo.


Este y los siguientes nombres propios, por obvias razones, son ficticios, pero las situaciones son reales.




© Jorge Echeverri González   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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