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Mayo del 68: el fin de una ilusión Hace dos semanas estoy frenado para escribir. Había decidido dedicar algunas de las columnas al análisis de Mayo del 68 dado que entiendo que es una fecha simbólica de este siglo, y creo que tiene importancia capital en la historia de este fin de siglo. Pero documentándome para hacerlo, me encuentro con un artículo que puede parecer irreverente de un grupo de jóvenes redactores del periódico El Tiempo de Santafé de Bogotá (Col.). Lo primero que dice es que los jóvenes de hoy están jartos de mayo del 68. Y nos reta: ¿si los jóvenes de los 60s no pudieron cambiar el mundo por qué nos refriegan tanto esa fecha? Les confieso que entré en crisis. Veamos uno de los párrafos que escriben: “seamos realistas, pidamos lo imposible. ¿Un detergente que deja la ropa más blanca que el blanco? Podría ser. La imaginación al poder. ¿Una nueva versión de Office de Windows? ¿Por qué no? Eso está bien, que celebren, que festejen. Que conmemoren. Que hagan sesiones solemnes como en los colegios. Que nos echen en cara que ellos sí fueron jóvenes, que ellos sí soñaban, y que nosotros, los seguidores de The Cash, Pearl Jans y Las Almas, apenas somos unos pobres alienados por los videojuegos, la sociedad de consumo y el sálvese quien pueda de la era del no-futuro.” La crítica de estos jóvenes termina señalando que “imperio más, imperio menos, el mundo sigue igual, aunque en París ya no haya adoquines”. En efecto: del Boulevard Saint Michel desaparecieron por orden de la municipalidad, para que no se pudiera con ellos levantar nuevas barricadas, gesto caricaturesco de la transformación que en tiempos de Napoleón III y bajo la dirección de Hausman transformara a la París de recovecos y calles laberínticas, en una urbe moderna con grandes avenidas y bulevares con centro L’Etoile. Y eso es lo que parece ser finalmente Mayo del 68: una caricatura de la Revolución Francesa. |
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En mi auxilio recurro a un compañero sociólogo quien viviera como
estudiante los incidentes de ese mayo. Se niega, sin embargo a hacerme
un análisis sociológico, pues para él, dice, esa es su experiencia vital
más maravillosa, pues vio cómo las personas cambiaban de actitud de un
día para otro y se vivió, dice la solidaridad de clases. Y ¿por qué mayo
del 68 no triunfó como revolución? Porque, simplifica, el partido
comunista vendió el movimiento, y su intención anarquista no estaba
preparada para vencer la fortaleza gaullista. Entonces ¿qué queda del grito de Jim Morrison (Los Doors): We want the world and we want it now? ¿Sólo una frase hueca? Será cierto, entonces, que la nostalgia del coctail desvirtuó el verdadero contenido de aquella década? ¿Y que mayo del 68 no pasa de ser un lugar común de esa nostalgia? De pronto a este fenómeno se puede aplicar la afirmación de Octavio Paz (Dialéctica de la Soledad): “el hombre moderno ha racionalizado los mitos. Muchas de nuestras verdades científicas, como la mayor parte de nuestras concepciones morales, políticas y filosóficas son nuevas expresiones de tendencias que antes encarnaron el formas míticas”. Según Paz, las modernas utopías políticas nos anuncian una nueva edad de oro... la del día a día. Y yo que tenía bien coleccionaditos los graffits de ese mayo hasta ahora glorioso en mi pobre magín, ¿qué hago con ellos? Una buena referencia: Destruir por Destruir de Gabriel Albiac |
© Jorge Echeverri González ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: jorgeche@col2.telecom.com.co
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