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El perfume, historia de un asesino
por Jorge Echeverri González


¿Qué tiene esta pequeña novela de 237 páginas, del autor alemán Patrick Süskind para en 12 años se haya mantenido en las listas de las preferencias del público? La leí por primera vez recién publicada en español (1986, Seix Barral) y ahora la releo y he concluido que su magia reside en el extraño olor que exhala.

Que El Perfume sea la historia de un asesino, como figura en el subtítulo no es lo que le da su valor. Tampoco que se catalogue como novela de terror con ingredientes policiacos, porque su terror se disuelve en humor sardónico y la trama policial en lento pero corrosivo desprecio por el género humano. Su valor encuentro que reside en presentarnos la historia de una pasión obsesiva, lo cual no es novedad en la literatura sino hasta cuando mencionamos que su objeto son los olores.

En nuestra cultura occidental hemos considerado el olfato como un sentido de segunda categoría, junto con el gusto y el tacto, desde la perspectiva estética. Los sentidos nobles son el oído y la vista y por eso son los sentidos de las llamadas bellas artes. Las tradicionales siete, o la más moderna del cine están ligadas a uno de estos dos sentidos o a ambos. El tacto por su parte tiene presencia humana como fuente de goce y placer, sobre todo en la relación sexual y por consiguiente ha estado presente en la historia de pasiones y obsesiones, con mayor razón de asesinatos. También lo tiene en menos grado el gusto, aunque no tengo datos de que produzca desbordes homicidas. Pero nos queda difícil concebir que pueda darse la pasión obsesiva, la búsqueda de la belleza y del amor, a costa de cualquier precio, por medio del olfato.

El Perfume, historia de un asesino, es la parábola de un hombre que no olía a nada en absoluto, que no emitía ningún olor, inoloro, pero que era capaz de percibir y diferenciar cualquier olor por tenue o distante que estuviera. Por poco muere al nacer entre pescados podridos y basuras. Crece de milagro al cuidado de nodrizas mercenarias. El amor, el afecto, la belleza, están lejos de su vida. Sin inteligencia ni sensación humana, como no sea la olfativa, Jean Baptiste Grenouille va dejando tras de sí y sin enterarse, un rastro de muerte, hasta que configura su destino al percibir en medio de la multitud "el indicio" de una fragancia, más que una fragancia en sí, y la certeza de que era algo jamás olfateado antes. Busca esta fragancia calle a calle y la encuentra en una bella adolescente a la que huele hasta marchitarla por completo pero conservando para siempre la fragancia en su pasión. Ese día decide ser el más grande perfumista, decide conseguir el olor de la belleza pura.

La novela se desarrolla en forma lineal, desde el nacimiento hasta la muerte del personaje. No hay trastocamientos de l tiempo ni des espacio. La anécdota nos va aprisionando y la trama nos lleva por la narración sencilla a las diferentes edades biográficas del personaje y en su desarrollo el autor logra el milagro de irlo tornando en paradigma para entender la naturaleza del hombre. No es la novela río a que nos tenía acostumbrados la narrativa del siglo XIX, sino la mirada de un aspecto representativo del ser humano que se analiza y se desarrolla en su totalidad relativa, con sencillez y sin truculencias narrativas. El aspecto que toma es la falta de esperanza del hombre, desde una perspectiva pesimista del ser humano, nota por demás frecuente en literaturas de este fin de siglo XX (caso por ejemplo de El Señor de las Moscas de Golding).

La parábola nos lleva a concluir que el ser humano es despreciable, sólo digno de odio, imprevisible, voluble. Cree encontrar la belleza por la vista y el oído, pero no percibe que depende de otros factores. Sin embargo hay en los olores también una fuerza de persuasión tan fuerte por lo menos como las palabras, el destello de las miradas, los sentimientos manifiestos o la voluntad. La fuerza de persuasión del olor particular no se puede contrarrestar pues nos invade creando un ambiente irracional, muchas veces inaprehensible conscientemente, que nos llena, nos satura y no existe ningún remediocontra ella. Grenouille no puede aceptar otro mundo que ese en "el que sólo vivían las fragancias de la tierra desnuda" soportable si fuera un mundo sin seres humanos.

Al penetrar en la narración nos encontramos con que el libro es un frío y penetrante análisis de la condición humana. El ser humano tiene una debilidad que no percibe: "quien domina los olores domina el corazón de los hombres". Por consiguiente, Grenouille va a crear el perfume sobrehumano "tan bueno y pletórico de vigor que quien lo oliera quedaría hechizadoy no tendría más remedio que amar a la persona que lo llevara, es decir, a él", el despreciable Grenouille. Se dedica así a conseguir el perfume humano, pero no cualquiera, sino "aquella fragancia de ciertas personas extremadamente raras, que inspiran amor". Lo logra y lo comprueba al cambiar los sentimientos de miles de personas en la plaza del patíbulo. Pero al encontrar la fórmula para que lo amen los hombres que antes lo despreciaban "le invade la enorme repugnancia que le inspiraban los hombres". "Lo que siempre había anhelado, que los demás lo amaran, le resultó insoportable en el momento de su triunfo, porque el no los amaba, los aborrecía. Y supo de repente que jamás encontraría satisfacción en el amor, sino en el odio, en odiar y ser odiado". Por eso resulta tan terriblemente sardónico el que Grenouille, al haber colmado su destino y transformar su triunfo en la última desesperanza, termine en medio del grupo de deshechos humanos, quienes "por primera vez habían hecho algo por el amor".

El éxito de El Perfume nos demuestra que la narración sencilla, sin truculencias ni experimentos sigue siendo la preferida de muchos lectores, sin afirmar por ello que sea la mejor o peor manera de narrar. Novelas como la de Süskind nos atrapan y nos trastornan hasta el punto de que al concluir su lectura podremos seguir amando u odiando como antes, pero jamás podremos seguir percibiendo los olores de la misma manera.



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