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El poder del futbol por Jorge Echeverri González En días del mundial de fútbol Francia 98, hablemos de fútbol. No soy experto sino simple espectador y sólo por televisión, del mayor espectáculo masivo de los tiempos contemporáneos. Sobre todo del que sostiene el ritmo de convocatoria cíclica cada cuatro años. Por eso algún dato o cifra a la que me refiera puede estar errada, lo cual no cambia el fondo de la reflexión. Pero también soy espectador de lo que funciona alrededor de este fenómeno lo cual me inquieta. ¿Qué ingrediente mágico tiene el fútbol que puede convocar pueblos enteros, paralizar naciones, cambiar el ritmo de las economías, alterar el temperamento de los pueblos? Si miramos el asunto desde la perspectiva de la participación de Colombia a los mundiales de fútbol, podemos ir acotando el tema. Estamos en 1962. Santiago de Chile. Por primera vez Colombia asiste a un mundial. Sólo recuerdo una circunstancia: juegan Colombia con la Unión Soviética (normalmente los comentaristas dicen "contra", esto me suena a antiguas luchas tribales). Es el enfrentamiento de un gigante con un enano. La Unión Soviética está en auge político. Es gran potencia. Va ganando 4 a 0. Por un misterioso azar, para mí, empieza a remontar el marcador. Y de pronto, incluyendo un gol olímpico (entiendo que es un gol directo, sin intermediarios, al cobrar tiro de esquina) el marcador se coloca 4 a 4. El país estalla en júbilo. Se mitifica la acción. David ha vencido a Goliat nuevamente (porque en la conciencia popular eso fue un triunfo). Se arma la fiesta. |
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Pasa un largo rato para que Colombia vuelva a clasificar. Y lo hace para
el evento de Italia 90. El equipo es juvenil. Ha venido de triunfar en
un campeonato también mundial de esa categoría que se realizó en Moscú.
Sólo recuerdo el gol de Rincón con el cual, ya finalizando el partido,
Colombia empata con Alemania. Se repiten las escenas de júbilo y fiesta.
El optimismo cunde por todo el país, y las juveniles figuras se
convierten en símbolo de la nacionalidad, en especial el llamado "Pibe"
Valderrama con su encendida cabellera, y René Higuita, melenudo jugador
de la portería quien, con sus arriesgadas jugadas fuera del área hace
pasar a los aficionados de la exaltación casi al infarto. Este jugador
se hizo famoso por muchas actuaciones, pero creo que la de antología es
la de atajar el tiro de un delantero inglés con un espectacular
malabarismo que en la jerga llaman "del escorpión", y eso en Wimbledon.
El acto es calificado de "irrespeto" a uno de los grandes del fútbol. El
delirio. De ese mundial de 1990 el mito del equipo crece. Sólo es
cuestión de días y seremos campeones mundiales. Se exacerba el
nacionalismo. Las tragedias internas del país no importan. Tenemos
equipo grande de fútbol. Colombia se identifica con el optimismo. La meta desde entonces es prepararse para el mundial de Estados Unidos en 1994. No hay límite en los elogios, el optimismo raya en la esquizofrenia, en los partidos previos Colombia se enfrenta a Argentina en este segundo país y un milagro lleva al límite el frenesí: Colombia derrota a Argentina 5 a 0. Ya lo damos por campeón mundial y con este triunfo se coloca como favorito de la próxima copa. A pocos les preocupa que en la celebración que se extiende por todo el país después del 5 a 0, se hayan producido 70 muertos y no sé qué tantos heridos. Un país en donde las masacres se volvieron rutinarias, asimila la muerte de 70 festejantes sin que el suceso pese en la conciencia. ¡Qué es eso ante la posibilidad de ser campeones mundiales! No alcanzo a ser analista de lo sucedido en las intimidades de este campeonato, de las cuales se ha hablado mucho, pero el sentimiento está a punto de cambiar: Ya no hay triunfos resonantes, ya no hay empates gloriosos. El azar se ha vuelto en contra y un delantero colombiano mete gol en su propia portería. En el jugador Andrés Escobar se concentra simbólicamente la negra suerte del país derrotado, del mito de pies de barro, y en confusos incidentes, poco después de su regreso, este jugador es asesinado en Medellín. Los dioses no pueden fallar. Colombia se identifica con la tragedia. |
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Entre el mito y la tragedia, caricaturizadas por la opereta de la
publicidad, aterrizamos. Básicamente el mismo equipo, con director
técnico presente en todo el ciclo, primero de asistente, luego de
titular, juega, clasifica, juega, sale en la primera fase. Vamos al
mundial pero no somos los más grandes. Colombia se identifica con la
realidad. A decir verdad me satisface más esta última característica. Responde mejor a la situación real que el mito o la tragedia. No somos más país porque vayamos a finales, ni somos menos porque nos eliminen. Alemania no se acabó porque fuera goleado por Croacia (país que ni existía cuando Alemania fue campeón en 1990). Argentina no se debe traumatizar porque no pasó a finales. México jugó bien, mostró "garra", como el Paraguay en su momento, y como muchos otros. Se gana y se pierde. Pero tal situación no le interesa al negocio. Cuando se exacerba el nacionalismo con el que se quiere identificar una selección, le estamos haciendo el juego a inmensos intereses comerciales en una época en estamos tratando de suprimirlos (los nacionalismos). El enfrentamiento futbolístico entre Argentina e Inglaterra, o entre los Estados Unidos e Irán no es más que eso: un juego. No hay detrás ningún argumento político, aunque en la sensación nacional se quiera ver como una revancha contra los imperios el triunfo de Irán o de Argentina. No puede ser excusable una guerra por el fútbol como sucedió hace pocos años entre dos países de Centroamérica, ya no me acuerdo cuáles. No entendí lo que sucedió en Santiago de Chile en noviembre de 1997. Llegué a esa ciudad el día en que clasificaba Chile para este mundial. Al salir a pasear por La Alameda, nos encontramos con el río humano que celebraba la ocasión. Miles de aficionados gritaban y cantaban, arrojaban confetis y papeles, se cubrían de harina. De pronto, en el sitio de reunión principal, al que convergían varias marchas por vías principales recibió la orden policial de disolverse. Ante la negativa, la reacción policial fue barrer con chorros de agua a los alegres manifestantes y el júbilo empezó a transformarse en conato de bronca. No supe si hubo muertos. Parecida situación de júbilo y reacción vi por noticieros estos días cuando Chile clasificó para la segunda ronda. ¿Cómo se explica el poder masificador del fútbol? El espíritu lúdico del hombre es un factor. La necesidad de mitos en una sociedad que se ha secularizado e otro. La influencia de los medios tiene su peso. La publicidad y el negocio no son gratuitos en el fenómeno. La pertenencia a un grupo, el espíritu gregario del hombre ocupa su lugar en la explicación. Tema en fin para etnólogos contemporáneos que ya no tienen tribus incontaminadas, pero que pueden encontrar en estos fenómenos de la cultura contemporánea un rico objeto de estudio. En próxima semana: la cultura y el fútbol. © Jorge Echeverri González ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: jorgeche@col2.telecom.com.co
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