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El fútbol es poesía colectiva
por Jorge Echeverri González


Porque, después de muchos años en que el mundo me ha
permitido variadas experiencias, lo que más
sé, a la larga, acerca de moral y de las obligaciones de
los hombres, se lo debo al fútbol.

Albert Camus


¿Qué ingredientes tiene el fútbol para que convoque tantos intereses? Un análisis superficial nos podría llevar a la conclusión de que este deporte masivo despierta interés en masas amorfas que se unifican alrededor de ídolos construidos por el poder de los medios y de la publicidad. Pero nuestro asombro aumenta cuando encontramos que personajes notables, por ejemplo intelectuales de renombre han dedicado páginas elogiosas al fútbol. Y sus nombres son garantía de que no son individuos amorfos perdidos en una masa, pues por sus escritos sabemos que están curados de ser ovejas sumisas que siguen al rebaño. Tal es el caso de Alberto Camus, o Edgar Morin, por ejemplo. Umberto Eco no ha sido indiferente al fenómeno y lo ha analizado desde su perspectiva de la cultura de masas.

Alberto Camus dedicó una bella página a este deporte la que tituló "Lo que debo al fútbol" la cual es citada insistentemente cuando se toca el tema. Según su afirmación el fútbol le inspiró su saber moral y de comportamiento de los hombres. Según Camus, entonces, en el fútbol podemos aprender tanto como de la filosofía práctica. Podríamos pensar que Camus dice esto desde una perspectiva en que el fútbol todavía no se había contaminado de la comercialización de la publicidad que ahora lo invade. Sin embargo, más recientemente Edgar Morin también le dedicó afirmaciones elogiosas como la que inspira el título de esta columna: "No veo el fútbol como una forma de alienación moderna, lo siento más bien como una poesía colectiva". Este filósofo y científico francés, quien preside la comisión que creó el consejo científico nacional francés para la reforma del pensamiento y de la enseñanza, declaró a la prensa, en el reciente mundial de fútbol en ese país: "He anulado todas mis citas y mis compromisos durante el mundial para dedicarme a ver los partidos". Tal vez comparta la apreciación de Camus: "no hay un lugar de mayor felicidad humana que un estadio lleno de fútbol".

El novelista checo Milán Kundera los acompaña en sus elogios: "creo que el fútbol es un pensamiento que se juega, y más con la cabeza que con los pies". Kundera acompañó al equipo francés, según el reportaje del periodista y escritor Germán Santamaría, enviado especial para este evento del periódico El Tiempo de Bogotá, quien agrega esta poética frase: "tal vez ellos (los jugadores) tengan la hermosura y la tragedia de las mariposas, que vuelan tan, tan alto y tan bello pero que jamás pueden apreciar y admirarse en la belleza de su vuelo". Este periodista cita también a la octogenaria Francoise Sagan: "el fútbol me recuerda viejos e intensos amores, porque en ningún otro lugar como en el estadio se puede querer u odiar tanto a alguien".

El fútbol permite sacar a relucir la faceta lúdica del ser humano. Esa faceta que permite al niño empezar a construir su mundo simbólico y que no debemos perder nunca. La faceta lúdica permite una gratificación individual o de grupo desinteresada. Pero también desarrolla necesidades de defensa individual y de especie. El juego es el principal elemento constructor de los esquemas de socialización y de respeto de reglas. Y el juego físico, el deporte, en el que se emplea el cuerpo en sus mejores expresiones, no sólo físicas sino también pasionales debería contribuir a la estetización de la vida cotidiana. "Es algo bellísimo; al menos tan hermoso como el sexo, la reflexión filosófica y los juegos de azar en que se apuestan frijolitos" al decir de U. Eco.

Pero el fútbol en su actual versión se ha desfigurado. No es juego para los jugadores profesionales, sino trabajo y tormento. Para el espectador tiene tanto de manía (de nuevo Eco) como el comportamiento de quien fuera domingo a domingo a ver parejas que hacen el amor o fingen hacerlo. En los equipos nos quieren hacer ver el símbolo de las nacionalidades y nos apasionamos por ello, sin para mientes en que es un espectáculo montado para producir dividendos económicos. Ya no es tan importante en la camiseta el nombre del país como el de las marcas que pagan por aparecer en las pantallas que las enfocan. Pero aún así, conserva su poesía. La poesía del cuerpo en acción que todos desearíamos tener. La poesía de la plasticidad física. Y es este ingrediente de la poesía el que finalmente todavía salva al fútbol. Como finalmente salva la vida.



© Jorge Echeverri González   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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