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Entre chatear y leer el Quijote


Hace unos años que ya me parecen muchos pero no quiero acordarme de cuantos, cuando en el cuarto de mis hijos de había computador, cometí la osadía de leerles página por página, noche a noche, El Quijote de la Mancha. Bueno, no fue el único que les leí. Estoy convencido de que la mejor literatura infantil es la mejor literatura, así como la mejor música infantil es la mejor música, pues a veces pareciera que tomaramos a nuestros niños como pequeños idiotas.

Y fue una experiencia maravillosa. La lectura reposada, sin afán de cumplir como si fuera una tarea, sino solo por el placer de la prosa cervantina, de las aventuras, los dichos y refranes, repitiendo o saltando si era del caso, sin la preocupación del argumento, me permitió en ese largo recorrido de año y medio comprender la dimensión de la grandeza de esta novela.

Hace 450 años probablemente el 29 de septiembre, nacía Miguel de Cervantes. Parece que en el mundo de habla hispana no le damos la suficiente importancia a estas efemérides. Sin embargo con El Quijote aparece un nuevo concepto de novela, la novela moderna. Se inventa así, casi sin darse cuenta, uno de los generos más ricos y enriquecedores de la literatura.

La grandeza de Cervantes en novela tiene poco parangón. Pocos escritores logran llegar a los ideales, a las angustias, a los sobresaltos espirituales del ser humano como este genio. La pareja errante y su mundo, cuando se miran como una gran parábola nos revelan las contradicciones internas de ese hombre que se asomaba a un mundo nuevo. Un mundo donde lo maravilloso, imaginario y espiritualmente sagrado, empieza a desaparecer y el imperio de lo profano es la nueva perpectiva.

Yo no sé si El Quijote se lee tanto como se edita. Pero es uno de los libros más traducidos e impresos de la historia. Lo cual dice de su universalidad. Tampoco se que pasará ahora con los libros frente al computador, pero si sé que no leerlo es perderse de una aventura y un goce internos que solo los que lo hacemos podemos comprender y que pocos maestros de literatura han logrado inculcar en sus alumnos, pues cometen absurdos de pedir que se lea por obligación y no por placer. Tampoco sé que va a pasar con los libros impresos y editados en papel. Con el cine primero y el televisor después, pronosticaron la desapación del libro, y no paso a mayores. Ahora lo mismo. Puede que sea asi, pero se que todavía el libro impreso tiene vida para rato, y que monumentos como El Quijote son de esa cultura y no tienen equivalentes internéticos y no se cuando los van a tener. Mientras tanto, los que nos criamos en la cultura de la palabra impresa, todavía los podremos disfrutar más que algunas aburridoras e insulsas sesiones de chateo que tanto se ven por estas pantallas.



© Jorge Echeverri González   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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