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La razón está loca: confesión de parte por Jorge Echeverri González Cuando joven fui llamado a desposarme con la razón y sus manifestaciones en forma de reflexiones filosóficas gastaron muchos de mis años mozos. Gusté de su lecho suave y el apasionamiento de mi joven espíritu le entregó mucho de lo mejor de mi vida. Hoy todavía gozo con ella cuando contemplo sus insanias lúdicas. Pero ahora he vivido que no son más que eso y ya no llena mi corazón. Ahora revisando papeles viejos, encontré este escrito de 1981, del cual no me arrepiento, aunque si lo escribiera hoy lo escribiría distinto. "Hay más cosas en el cielo y en la tierra de las que nuestra filosofía imagina" Shakespeare No hay ninguna persona sensata, y mucho menos ningún filósofo (y hay qué colocarlos aparte, porque tengo mis dudas sobre si estos son personas sensatas)... no hay, decía, quién no esboce una sonrisita burlona o un mohín de desprecio, cuando se enteran de que en alguna época de occidente se discutieron ardientemente temas como el sexo de los ángeles o el problema del ombligo de Adán. Hoy, para la mayoría de las personas, no solo las sensatas, la situación no es que haya variado mucho. Los problemas que se sigue planteando el común de la reflexión filosófica es similar al del ombligo de Adán o al del sexo de los ángeles. Los únicos que escapan a esta percepción son los mismos filósofos. Por eso empiezo haciendo una profesión de antifé: no creo en la filosofía. |
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La filosofía es una ficción racional. Una ficción construida no por la
imaginación, como lo es la literatura o el arte, sino una ficción
construida por otra entidad: la razón. La razón tiene dos creaciones
grandes en occidente: la filosofía y la ciencia. Pero la física y la
biología, la astronomía y la zoología, la medicina y la química... han
servido en cuanto son modelos o interpretaciones del mundo para que el
hombre lo pueda manejar. En cambio la filosofía se ha perdido en sus
propios laberintos por lo cual ha sido desterrada de la vida de casi
todos los hombres. Una interpretación del mundo, cualquiera que ella sea, tiene funcionalidad en la vida del hombre. Todo hombre, todo grupo humano, comunidad, raza o pueblo necesita de una interpretación del mundo para no naufragar. La comprensión del mundo no es un oficio de lujo o elitista, de la filosofía o de la ciencia. Tan necesario como la comida o el sexo es proveerse de un mínimo marco de interpretación de los acontecimientos cotidianos. Descifrar las experiencias con cualquier medio "explicativo" es tener control sobre ellas. Es por tanto parte de nuestra orientación vital. Pero la filosofía ya ni siquiera nos sirve como interpretación del mundo. Está en el puro terreno de la ficción sin sentido, en donde sólo le quedan dos caminos: declararse de una vez un elegante y lujoso juego intelectual donde las reglas son infinitas y complicadísimas, o desaparecer para dar paso a una nueva forma de reflexión, no del todo racional. Pero como los filósofos no nos damos cuenta de que estamos haciendo ficción, nos movemos en su juego, sin ser conscientes de él. Nos creemos que estamos construyendo verdades cuando en realidad estamos construyendo un muro que nos impide llegar al mundo. Hemos llegado a la paradoja suprema: la razón está loca. |
© Jorge Echeverri González ( Todos los derechos reservados por el autor ) Preguntas, comentarios o referencias: jorgeche@col2.telecom.com.co
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