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El anarquismo


El fundamento del anarquismo es combatir al Estado, repudiando con ello cualquier idea de autoridad que vaya en contra de la libertad individual. Así de simple. El Estado regula y norma la conducta social del individuo coartándole al mismo tiempo su libertad personal y despojándolo de su verdadera esencia. Ya lo decía Stirner, refiriéndose al único fin que mueve los intereses del Estado: limitar, domar, sujetar al individuo, subordinarlo a algún aspecto general, y remataba sentenciando:
el Estado no es más que la manifestación evidente de la limitación de mí mismo.
El Estado, pues, es opresor, limitante, esclavista. Proudhon, buscando la mejor manera para declararse anarquista, ensayando su frase más nítida y contundente, dijo:
El gobierno del hombre para el hombre es la servidumbre. El Estado dominador es esencialmente egoísta, arrogante y frío. Es un hipnotizador que ejerce malévolamente su poder amparado en símbolos de patriotismo y de religiosidad que, aunque está concebido para frenar y moderar las tendencias animales de los hombres, al hacerlo en nombre de esos pruritos y de esos privilegios, desde una concepción subjetiva, objetivamente maltrata al individuo amparado por su prepotencia y arbitrariedad. Así pues, por encima de este aplastante poder no hay nada, a no ser que el individuo se rebele, lo denuncie y lo combata; a no ser que cada uno de nosotros se convierta en un fiero militante anarquista.
Esta reflexión me la causan las injusticias cometidas a diario por las autoridades colombianas. Las miles de injusticias, atropellos y desmanes cometidos por la policía, el ejército y los organismos de seguridad del Estado. Los miles y miles de muertos inocentes que matan indiscriminadamente las autoridades legalmente constituidas amparadas por la Razón del Estado y por lo que un general chafarote denomina irresponsablemente la violencia legítima del Estado.

Hace algunos meses, los tombos de la Dijín (organismo de seguridad estatal) asesinaron, fusilaron a plena luz del día y ante decenas de asustados civiles, a dos indefensos obreros que transitaban muy cerca de un atraco a un carro de valores. Luego de hacerle al uno 9 disparos a quemarropa mientras arrodillado les decía que él nada tenía que ver con el asunto, al otro, tirado en el suelo, le pegaron 18 tiros, lo patearon y, luego, y ya muerto, con gran torpeza le colocaron un arma en su mano derecha para hacerlo aparecer como un miembro de la banda.

¡Los imbéciles cómo iban a saber que este humilde obrero era zurdo!


Y hay que decirlo con rabia: cuánta verdad no encierra la observación lacerante de Victor Hugo :
... esa prostituta que se llama la razón del Estado.
No deberíamos seguir limitándonos a la protesta, a las vociferaciones, a los ruidos. Hay que ser anarquistas y consecuentes con ello, pese al consuelo que nos causa saber que en tanto que indisolublemente ligado a la religión, el Estado está condenado a desaparecer en cuanto la Historia conduzca a la religión a ser una idea superflua:
L`Etat n`est pas quelque chose d`absolu, de définitif, c`est une institution historique, transitoire, une forme passagère de la Société.


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