El anarquismo
El fundamento del anarquismo es combatir al Estado, repudiando con ello cualquier idea de autoridad que vaya en contra de la libertad individual. Así de simple. El Estado regula y norma la conducta social del individuo coartándole al mismo tiempo su libertad personal y despojándolo de su verdadera esencia. Ya lo decía Stirner, refiriéndose al único fin que mueve los intereses del Estado: limitar, domar, sujetar al individuo, subordinarlo a algún aspecto general, y remataba sentenciando:
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el Estado no es más que la manifestación evidente de la limitación de mí mismo.
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El Estado, pues, es opresor, limitante, esclavista. Proudhon, buscando la mejor manera para declararse anarquista, ensayando su frase más nítida y contundente, dijo:
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El gobierno del hombre para el hombre es la servidumbre. El Estado dominador es esencialmente egoísta, arrogante y frío. Es un hipnotizador que ejerce malévolamente su poder amparado en símbolos de patriotismo y de religiosidad que, aunque está concebido para frenar y moderar las tendencias animales de los hombres, al hacerlo en nombre de esos pruritos y de esos privilegios, desde una concepción subjetiva, objetivamente maltrata al individuo amparado por su prepotencia y arbitrariedad. Así pues, por encima de este aplastante poder no hay nada, a no ser que el individuo se rebele, lo denuncie y lo combata; a no ser que cada uno de nosotros se convierta en un fiero militante anarquista.
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