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El destino y el azar


Aunque a veces estamos dispuestos a darle al azar alguna tregua para que opere, lo cierto es que quienes se amparan en él, quienes cansados de esperar que sus esfuerzos concreten por fin algo, se abrazan a su de pronto sin pausa ni tregua y sin saber siquiera que con ello le están torciendo el cuello a lo que puede ser su verdadero destino. Porque es que un destino no se forja acumulando casualidades, ni dormido en el regazo de los sueños embrutecedores y torpes del azar. Y si lo pensamos bien, como ya lo dije en mi libro Reflexiones existenciales, cuando el azar nos sorprende con una dádiva, a menudo esta dádiva la recibimos como algo extemporáneo, como algo que esperábamos pero que después de que nos llega no merece nuestra gratitud. Es una dádiva que recibimos, muchas veces, con un adormilado e ingrato ya para qué...

El destino no se forja ciertamente en un camino empedrado de casualidades. Las casualidades sí ayudan, es cierto, pero no construyen nada.

No debemos engañarnos, pues, a la espera de un puede ser, ni dejemos que entre el destino y el azar, en manguala, nos resuelvan nada. Es al hombre a quien corresponde resolverlo todo sin más ayuda ni más recursos que los que la madre naturaleza pone a su alcance, eso sí, siempre y cuando el hombre posea con fiereza la voluntad y las ganas imprescindibles para moldear esa naturaleza al antojo de sus necesidades y caprichos.

La naturaleza es poco lo que da espontáneamente; a ella hay que arrancarle, muchas veces combatiéndola y venciéndola, básicamente transformándola, el fruto que deseamos. Ella no está ahí para alfombrarnos el camino hacia el destino que hemos querido para nosotros. La naturaleza es como el terreno agreste sobre el cual, a nuestras necesidades y antojo, habremos de forjarnos una vida a imagen y semejanza de nuestros más acariciados sueños.

Cada cual se fabrica su destino, decía Cervantes en La Numancia, y agregaba, no tiene aquí fortuna alguna parte. Otro autor hablaba sobre la belleza del destino cuando éste consistía en tener genio mientras se permanecía en la sombra, pero es Winston S. Churchill, el gran inglés, escritor y político de la guerra como pocos, quien mejor sintetiza mi idea sobre el destino y el azar cuando afirma:

Debemos siempre estar en guardia contra las casualidades o circunstancias que intentan desviarnos de nuestro camino; y la gloria de la naturaleza humana reside en nuestra aparente capacidad para ejercer un control consciente sobre nuestro destino...



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