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Malraux, una maquinita de billetes falsos Siempre me ha parecido André Malraux una figura intelectual atractiva, carismática, en extremo brillante. Nada más, pero tampoco nada menos, siendo honestos. Pero hay que verlo en el fondo no sólo de su pensamiento sino de su praxis política, en el manejo de la cual hacía gala de un sólido temperamento, aunque al mismo tiempo no podía esconder el carácter voluble que poseía para administrar esa praxis. ¡ Qué enorme político desaprovechándose! Un tanto camaleón; un poquito versátil en el mal sentido de la palabra, por cuanto no llegaba ni se comprometía con la profundidad sin reversa de nada; a veces, lustroso por fuera - ¡ qué manejo de la palabra! ¡ cuánta belleza en sus contundentes, breves y precisas definiciones! ¡ qué pasión más artística por el arte ! - pero, ¿ y de resultas qué? Este Malraux ensoñador, conquistador, mil veces abrazador y definitivamente abrasador, embelesador, hipnotizador y fascinante, de cuyos encantos nadie ha podido escapar y en cuyos sueños a más de uno nos hizo naufragar, acaba de ser expuesto en una especie de sala de cirugía para la búsqueda de su verdad por Bernard Frank en un reciente artículo publicado por la revista Le nouvel Observateur, en donde lo expone descarnadamente como el encantador mitómano del siglo xx y el hombre que siempre tuvo la necesidad de encasillar a todas las grandes figuras mundiales de su exquisito tiempo [ Trotski, Stalin, Blum, de Gaulle, Mendès France, Mao, Nixon, etc. ] y a quienes se arrimó con gracia e inteligencia en búsqueda de elementos que le dieran luz a su juicio sobre la historia que le correspondió vivir y que ilustraran mejor sus maravillosos libros, encasillarlas digo, o mejor, dice Bernard Frank, con el único fin de hacer funcionar bien su maquinita de billetes falsos. Cuánta verdad no encierra esta afirmación de Frank... Y nos cuenta Frank también, en este artículo, que cuando él tenía 19 años, hablándole a Sartre sobre Malraux con disimulo, para ver, para divertirse, Sartre le dijo: ¡ Oui, Malraux a un style, mais il est mauvais ! [ Sí, Malraux tiene un estilo, pero es malo ]. Pero con todo, si se quiere tener el placer de leer una escritura hermosa, si se desea sumergirse en el esplendoroso mundo de la belleza de las palabras, de las insinuaciones ideológicas metálicas, con sonido argentino pero tan sólo con un acento de flauta culebrera, habrá siempre que volver a este Malraux desaprovechado. En fin, Malraux ya fue, y no pudo. Sin embargo hay otros y ya vienen y vendrán muchos más y mejores. © Germán Uribe ( Todos los derechos reservados por el autor ) |
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