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Más reflexiones sobre el amor
por Germán Uribe


Me escribe Gonzalo Cantón Santelices, actor y director de teatro chileno radicado en el Canadá, un entusiasta y generoso mail que no solamente compromete mi gratitud para con él y con su esposa Emmie Thompson, igualmente actriz y mujer de teatro, sino que me obliga a continuar publicado en esta columna, periódicamente, nuevas reflexiones sobre el amor extraídas de mi libro inédito Reflexiones existenciales, en la actualidad publicado parcialmente en mi Home Page. Dice, entre otras cosas, Gonzalo Cantón: ... aún estoy atónito. Desde esa puerta entornada que invita a curiosear a las máximas acerca del amor. Me produjo un verdadero solaz ese sentido de pertenencia, de arraigo que resumen algunos pensamientos... Son realmente extraordinarios. Felicitaciones !!! Un hombre de tu sensibilidad y de tu pensar debe sentirse perdido en este milenio materialista que ya dejamos y mayor aún en el próximo a empezar.

Pero lo cierto es que, más que perdido, frente a estas y otras corresponsalías que reiteran su interés por seguir conociendo mis elucubraciones sobre el amor, lo que me siento es abrumadamente comprometido a continuar dándolas a conocer. Por ello, de nuevo, aquí van más reflexiones sobre el amor:

Artículos anteriores de esta serie:



Quizás lo más hermoso del amor es su contenido de irresponsabilidad perdonada.

El amor puede llegar a ser la más fascinante aproximación a la posesión de la libertad de dos.

La gran paradoja del amor es que es más susceptible de producir víctimas que héroes.

El amor es el más precioso contrario del olvido.

El verdadero amor no tiene protocolos.

El amor es la única instancia de las relaciones humanas que no admite condiciones.

El amor es una infiltración de vida en el corazón.

Un amor verdadero no es posible si no comparte las libertades de cada cual.

Un amor jamás podrá extinguirse mientras uno de los dos ame más al otro.

La autonomía en el amor no existe por cuanto el amor es un compromiso de dos.

La seducción no siempre conduce al amor, pero a veces es más embriagante y encantadora que éste.

El amor, contrariamente a lo que se cree, tiende a someter nuestros sentimientos y no a liberarlos.

El amor sí aliena, pero dulcemente.

Aquel que ama más entre los dos, es indefectiblemente el menos libre.

En el amor tendemos a ser para el otro, lo que quisiéramos que el otro fuera para nosotros.

En el amor no hay cabida para los términos medios. El amor es lo más parecido a un absoluto.

El amor es un deseo compulsivo por fundir nuestra totalidad en la totalidad del otro.

Lo que realmente se pone en juego en el amor es la libertad. Amar es cedérsela mutuamente un poco.

Sí, hay que admitirlo: la naturaleza del amor es rabiosamente sexual.

El sexo es el principio y el fin del amor.

El objeto sexual es la dulce y dolorosa piel del amor.

Sin sexo, el amor se convierte tan sólo en un sentimiento piadoso.

El amor asexuado es un amor travesti.

El sexo es el perfume del amor.

El sexo es al amor como el aire a la vida.



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