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Nuevas reflexiones sobre el amor


La inesperada amplia acogida por parte de mis lectores - recibí numerosos mensajes- a una anterior columna mía denominada Reflexiones sobre el amor, y en la que reproducía algunas frases tomadas de mi libro inédito Reflexiones existenciales, actualmente publicado de manera parcial en mi Home Page, me ha llevado en esta ocasión a ofrecerles una nueva muestra de aquel puñado de pensamientos sobre un tema que, invariablemente, ha de sernos común individual o colectivamente a todos aquellos hombres y mujeres del mundo que aún nos reconocemos como seres humanos imperfectos en esta tierra desoladora e inhóspita, aunque a veces esperanzadora y tierna y feliz, y que tenemos en esta vida por única patria de nuestro cuerpo y de nuestro corazón.

El amor, pues, como ingrediente tonificador para la supervivencia del hombre, vuelve a ser motivo de estas propuestas reflexivas que dejo a su consideración:


La mujer, quien bíblicamente se nos presenta como la compañera natural del hombre es, sin embargo, a un mismo tiempo su creadora.

No es que se mate lo que se ama sino que lo que nos ama termina por matarnos.

El desamor es el privilegio más costoso de los egoístas.

Una mujer puede llegar a hacer el amor por pura gratitud, pero sin obtener placer. El hombre, en cambio, haciéndolo también por gratitud, no deja de cobrarle lo suyo al placer.

El amor les está reservado a aquellas personas que tienden a dominarse.

Siempre, cuando se cree amar, se busca cambiar al ser amado.

Para mejor amar, para amar ciertamente, sería bueno llevar siempre una sonrisa en el alma y mucha pasión en el sexo.

La única enfermedad que se auto-receta sin riesgos ni miedos es la del amor.

El amor tiene su propio camino pero también sus propias estaciones.

El amor comienza por la boca y se expande por el cuerpo pero siempre se crea se profundiza o se extingue con la complicidad del alma.

Supliendo las necesidades del que se ama, terminamos por suplir las nuestras.

Matar por amor es matar el amor.

- ¿La perdonaste?
- Sí.
- ¿Cómo la perdonaste?
- ¡La olvidé!

Dios nos libre de aquellos amores que se empeñan en destruirnos cuando se descubren destruidos a sí mismos.

Cuando se mata el amor de quien nos ama ni su olvido será suficiente castigo.

Con frecuencia sucede que no es tanto el amor que sentimos por otra persona como el desamor que sentimos por nuestra propia soledad.

La acumulación de silencios como el exceso de ruidos terminan por matar al amor.

Cuando una mujer se angustia por la angustia de un hombre, ya comenzó a amarlo.

Reclamamos más del amor su regazo que su inteligencia.

El amor siempre busca ser pertenecido.

Los celos son más producto del amor propio que del amor por el otro.

Lo único malo del amor entre viejos es que exalta y se ampara en el temor a la muerte.

El amor es total cuando la función de uno de los dos es empeñarse en demostrar cuán útil es el otro para ese mismo amor.

Son los largos silencios los que anuncian el final del amor.

El amor comienza con el olor del deseo y termina con la pestilencia del odio.



© Germán Uribe   ( Todos los derechos reservados por el autor )
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