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Nuevas reflexiones sobre la vida
por Germán Uribe


Retomo de mis Reflexiones sobre la vida, que publicaré en este generoso espacio de Mundo Latino durante los próximos meses, de la misma manera que lo hice hasta hace algunas semanas con las Reflexiones sobre el amor y que causaron éstas, lo digo sin vanidad, una amplia acogida por parte de mis lectores, retomo, digo, algunos nuevos pensamientos referentes al devenir existencial del hombre.

El libro completo de Reflexiones existenciales al que pertenecen estos capítulos se viene publicando periódicamente en mi Home Page desde mediados del año pasado. Confío en que ahora como antes, estos pensamientos independientes, francos y espontáneos y en veces caprichosos, causen en el lector alguna inquietud intelectual generadora de autocríticas o complacencias.

Artículos anteriores de esta serie:



Si el mundo y la vida fueran comprensibles, la facultad de razonar sería totalmente inútil.

¡Cuán corta es la distancia entre la desilusión y el miedo!

¿Solidaridad sin riesgo? : ¡compasión!

Es más disimulable el valor que la debilidad.

Cómo es de fácil acicalar a la cobardía con la máscara del orgullo.

La aliada natural del desespero es la incertidumbre.

Así como todo lo que se quiere no se consigue, así todo lo que se consigue no siempre se ha querido.

La modernidad favorece más a la comodidad que a la elegancia.

Los celos no son expresiones de amor o inseguridad, los celos son la fibra más sensible del sentido de propiedad.

El rostro de la ingratitud carcome el alma tatuada por el interés.

Perder luchando es ya de por sí ganar un poco.

La angustia comienza cuando comprendemos que tenemos la obligación de vivir.

La forma más fácil de manejar una desilusión es ofrendándole nuestra resignación.

Para mantener oculto un pecado éste debe cometerse con alguien a quien le cause el mismo remordimiento.

La mejor manera de reconfortarse, engañándose, es pensando que todo pudo ser peor.

Lo que no nos deja ser es el valor social a que estamos obligados si queremos ser.

Cuando dejamos de soñar es cuando empezamos a vivir a media máquina.

El miedo, en vez de entorpecer, afina nuestros sentidos.

Vivir es sufrirse.

¿Y si tomáramos cada día de vida como si fuese el último día de lo que nos queda por vivir?

Aunque la desesperación no provenga del miedo, termina pareciéndose a él.

El sentido común no se manifiesta ni en la mente ni en el alma, el sentido común se manifiesta en los actos.

A veces el mundo es sólo un enorme cementerio de oportunidades.

Después de sentirse mal, nunca se puede estar peor.

La imaginación es la gran instigadora de nuestra voluntad.



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