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La militancia política de Sartre En el número 123 de Les Temps Modernes, de abril y mayo de 1956, páginas 1371 a 1386, aparece un artículo de Sartre denominado El colonialismo es un sistema, que no es otra cosa que su intervención durante el mítin efectuado en la Sala Wagram de París el 27 de enero del mismo año para protestar por la guerra de Argelia. Esta fue la respuesta de Sartre a un llamado del Comité de Acción de los Intelectuales contra la prolongación de la guerra en Africa del Norte: "El neocolonialismo es un necio que cree aún que se puede arreglar el sistema colonial, o un maligno que propone reformas porque sabe que son ineficaces. Esas reformas vendrán a su tiempo: el que las hará, será el pueblo argelino. La única cosa que podríamos y deberíamos intentar - que es esencial hoy en día -, es luchar junto a ellos, para librar a la vez a los argelinos y los franceses de la tiranía colonial". Es ésta, que recordemos, la primera actitud franca, frontal de Sartre frente al fenómeno neocolonialista, que comprometía a Francia en una lucha tan perniciosa y antihistórica como la que terminó para ella en Dien Bien Phu. Desde algunos años atrás, tal vez cuando la Unión Democrática Revolucionaria (UDR) en 1948, de la que Sartre formó parte como codirector al lado de David Roysset, venía sufriendo una notoria evolución frente a la lucha política activa, al compromiso abierto con las masas, aunque todavía no tenía una concepción bien clara de la praxis política que reclama el marxismo. Y es como consecuencia de este descubrimiento y en razón de su plena identificación con las líneas generales de la filosofía marxista, que más tarde abandona la UDR por encontrarla inferior a las necesidades políticas y sociales del hombre de su tiempo. |
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Pero ya se había iniciado en el compromiso político del escritor y ya su moral formalista o revolucionaria empezaba a diluirse o transponerse en simple proyecto "filosófico", para devenir más que en "una moral", en moral revolucionaria, es decir, el contenido moral de su viejo existencialismo frente a la realidad sorprendente del marxismo lo llevaba a hacerse una pregunta totalizadora, concluyente y al mismo tiempo sintética de los dos pensamientos filosóficos: "¿Poseemos los medios para constituir una antropología estructural e histórica?" Casi toda la plana mayor de los escritores, pensadores y científicos franceses, empezaba a tomar conciencia de la necesidad de ubicarse por o contra la guerra de Argelia, lo que implicaba una rigurosa posición frente a su propio gobierno. Cabe a Sartre el honor de haber sido uno de los primeros y a la vez de los más beligerantes y valerosos en su posición radical al lado de los combatientes del FLN. A raíz de distintos actos de terrorismo y sabotaje consecuentes de la guerra irregular y desorganizada de los argelinos contra los franceses y de la derecha francesa contra la independencia argelina, los esposos Guerroudj son condenados a muerte por "complicidad". Sartre y su infatigable compañera Simone de Beauvoir, junto con toda la izquierda intelectual francesa, emprenden una campaña de defensa de los condenados tan agresiva, consciente y efectiva, que éstos obtienen la gracia y Sartre deja un formidable artículo en Les Temps Modernes, de marzo de 1958, bajo el título de Todos somos asesinos, como referencia directa a los bombardeos masivos de Sariet: "¿Ha sido del todo oportuno hacer ejecutar a los esposos Guerroudj? ¿No nos interesaría el suavizar un poco nuestra soberbia severidad? ¿Un país cuyo gobierno toma orgullosamente por su cuenta lo que Mauriac llamaba tan bien, el otro día, una matanza de pobres, está verdaderamente calificado para que sus representantes apliquen en su nombre la pena de muerte a un hombre que no tenía otro papel que el de asegurar los enlaces políticos entre los grupos de origen comunista y el FLN; a una mujer que, participando en una empresa de sabotaje, tomó todas las precauciones necesarias para que en la operación no hubiese muertos ni heridos? Hay que repetirlo cada día a los imbéciles que desean espantar al universo mostrándole "el rostro terrible de Francia": Francia no espanta a nadie, no tiene siquiera los medios de intimidar; comienza a horrorizar, eso es todo. En la ejecución de los Guerroudj, si es que va a tener lugar algún día, nadie verá ni admirará nuestra inflexibilidad de Arcángel. Pensarán sencillamente que hemos cometido un crimen más." |
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Serían copiosos los detalles de todas y cada una de las intervenciones de Sartre frente a esta nueva modalidad de guerra neocolonialista. Vamos a limitarnos a reseñar sus participaciones más sobresalientes en orden cronológico. A comienzos de abril de 1957 el acreditado periódico Le Monde solicita a Sartre hacer un comentario sobre un reciente folleto que denunciaba en boca de soldados franceses la tortura implantada en Argelia para los paracaidistas. Este escribió el texto denominado Una empresa de desmoralización, que fue considerado por Le Monde como demasiado severo y atrevido. Sartre lo recoge de nuevo y lo publica en su revista Les Temps Modernes, en la edición número 135, de mayo del mismo año, bajo el amparo de un nombre muy popular y en boga por aquel entonces, prestado a una emisión radial, "Sois formidables". Y, sosteniéndose en su tesis, repite: "¡Si al menos pudiéramos dormir, e ignorar todo! ¡Si estuviésemos separados de Argelia por un muro de silencio! ¡Si nos engañasen realmente! El extranjero podría poner en duda nuestra inteligencia, pero no nuestro candor. No somos cándidos, somos sucios..." Cuando Henri Alleg, miembro del partido comunista de Argelia y antiguo director del periódico Argel Republicano, denuncia igualmente la tortura en su obra La pregunta, Sartre hace una referencia sobre éste el 6 de marzo de 1958 en L' Express. La importante revista es censurada, su edición recogida y prohibida su circulación. Como consecuencia inmediata y por primera vez desde hacía mucho tiempo, el gobierno prohibe la circulación del libro de Alleg y ordena que se recoja. Es el pleno apogeo de la represión y de la expansión de la guerra de Argelia en los espíritus más liberales de Francia. Este artículo de Sartre (Una victoria) rebasó con rapidez sorprendente todas las fronteras. Fue traducido profusamente cuando se supo de su prohibición en Francia y es uno de los que más rápida y abundantemente han dado a conocer al Sartre politizado. En él, al analizar la tortura, construye toda una teoría de la dialéctica del verdugo y la víctima. |
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El 30 de mayo de 1958 se realiza una conferencia de prensa sobre las violaciones de los derechos del hombre en Argelia. Participaron además de Sartre, Mauriac, Laurent Schwartz, Daniel Mayer, Thorp y el general Billote. Sartre define la tarea que le corresponde en esta injusta guerra a los intelectuales y a los periodistas. Febrero de 1958: Mesa redonda sobre el teatro y la actualidad política. Sartre hace notar el peligro, relacionándolo con un proyecto suyo sobre una nueva obra teatral basada en la tortura, que podría nacer de una familia como consecuencia del silencio observado luego de sus denuncias al regreso de Argelia. 17 de septiembre de 1959: en un reportaje que le hiciera Claude Sarraute para Le Monde, Sartre indica que él traspuso en Alemania el caso de la tortura, que ya había denunciado desde su viaje a Argelia, refiriéndose a su obra de teatro Los secuestrados de Altona. Junio de 1959: Entrevista con Jeanson. Finales de 1959: En una entrevista concedida a Bernard Dort, para la revista Teatro Popular, en su número 36, insiste nuevamente en las relaciones estrechas de su obra Los secuestrados de Altona y la guerra de Argelia; ratifica: "Aunque nosotros no seamos alemanes, aunque nuestros problemas difieran de los suyos en la época del nazismo, hay entre los alemanes y nosotros lazos muy especiales. Nos encontramos frente a ellos exactamente en la misma situación en que los argelinos se encuentran hoy frente a nosotros. Lo que yo sostengo en Los secuestrados de Altona es que nadie en una sociedad histórica que se transforma en sociedad de represión está exento del riesgo de torturar". Conviene pues, saber, para quienes de mala fe ignoran o desdibujan la militancia política de Sartre calificándolo peyorativamente como "el autor de El ser y la nada" o el "anárquico filósofo del existencialismo" que fue él, desde 1956, 12 años antes de la explosión estudiantil de mayo del 68 en París, quien izó la bandera de la rebeldía, el inconformismo y la protesta frontal contra la represión establecida y amparada por un estado perturbado y minado por su propia ineficacia. La guerra y posterior liberación de Argelia no sólo hizo escuela en toda una generación de intelectuales franceses y de otras latitudes del mundo, sino que puso a prueba, con abundantes muestras de valor y sacrificio, el temple, el carácter y la férrea formación ideológica y humanística del más grande de los pensadores del siglo XX. Sartre no fue, ni de lejos, un filósofo contemplativo; Sartre fue, quizás, el filósofo de la praxis política o, como suele señalársele, el filósofo de la libertad por excelencia, en este siglo que termina. Ninguno otro como él se acercó tanto y tan arriesgadamente a una militancia política práctica. © Germán Uribe ( Todos los derechos reservados por el autor ) |
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