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Reflexiones sobre la vida por Germán Uribe Ya hablamos sobre el amor. Dijimos, en varios capítulos, a manera de frases cortas y sencillas, todo lo que éste nos provocaba en materia de sentimientos, esperanzas y nostalgias. Lo diseccionamos, lo estrujamos, lo acortamos y estiramos arbitrariamente, siempre con el prurito de fomentar e inducir en los lectores elementos de controversia y reflexión. Mostramos todo lo que en él hay de contradictorio y vimos la fuerza contundente y concluyente de su dialéctica. Ahora es el turno de la vida... de mis reflexiones sobre la vida que, como las del amor, vienen siendo publicadas, parcialmente, en mi Home Page. A mis amigos lectores, de quienes recibí numerosos mensajes a raíz de mis propuestas sobre el amor, los invito a acompañarme en esta nueva aventura. Espero de ellos no sólo su aprobación, sino su reacción inteligente. La controversia, la buena, es sana, pero sobre todo, creadora. Aquí va lo que yo opino sobre la vida. ¿Y, ustedes? |
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La muerte de los que amamos nos acerca más a la vida. Soñar es ensanchar la vida y multiplicarle sus posibilidades. Por ir detrás de la vida es que vivimos deprisa. Cuán inexpertos llegan a ser aquellos que toman a la vida como una experiencia. En nada aparece con mayor fuerza el inmenso valor de la resignación como en nuestro envejecimiento. Vivimos entre los recuerdos y el destino. A los primeros los manipulamos y del segundo somos tristes esclavos. No es que el sufrimiento esté siempre ahí, lo que ocurre es que la naturaleza del hombre tiende a buscarlo. Cuántos ideales no comienzan en la cabeza, se hinchan en el pecho y perecen en el estómago. No temer es quizás la más reconfortante manera de ser libres. No lo dude: el miedo también puede llegar a ser creativo. La vida debe asumirse a toda hora como la conclusión de cada minuto vivido. La vida vivida como un final nos ayuda a retrasar la muerte. La vida como un deber y no como una obligación: he ahí una forma honrada y valerosa de vivirla. Quien no lleva consigo su propio Dios está condenado a endiosar su propio miedo. ¡Y si tú y yo no fuésemos, entonces, qué seríamos? Cuanto más se desea una cosa, menos se disfruta al conseguirla. A la larga nos damos cuenta de que la inocencia no es que se pierda sino que debe ganarse. Si pudiéramos racionalizar la angustia, seguramente la disfrutaríamos. Lo que queremos de la amistad y del amor es que cada vez nos haga más fuertes y menos vulnerables, más locos y menos racionales, más lúcidos y menos convencionales, en últimas, más libres. Todo en esta vida alcanza una categoría salvo la infelicidad. Hay quienes en el afán de conquista, terminan robando lo que bien les pertenece. La fe cura pero es frágil y cuando se pierde, mata. Es menos traumático vivir en un mundo de mentira sutil que en un mundo de verdad desgarrada. El recuerdo es una guía para evitar tropiezos. Cuando buscamos con desespero alguna cosa, es más lo que perdemos en el camino de la búsqueda que lo que ganamos al encontrarla. |
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