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El poder de la resignación
por Germán Uribe


Debo admitir que siempre me produjo un dejo de vergüenza, frente a mis inquebrantables simpatías por la filosofía marxista, el venir trajinando a favor de la resignación durante mis últimos veinte o veinticinco años. Y me ha parecido, hasta ahora, corresponder esta idea a una complacencia mía, consciente o inconsciente, con principios religiosos, muy particularmente con las memorizadas lecciones de mi infancia respecto a la religión católica. Pero he resuelto de una vez por todas desprenderme de aquella camisa de fuerza, ya sea marxista, porque la niega y rebate, ya sea católica, porque la ofrece como virtud a premiar en este y en el otro mundo, que me viene impidiendo expresar sin reatos, sin turbación ni embarazo, mi entera convicción respecto a las bondades, a la favorabilidad, al poder positivo y benéfico que encierra para el ser humano su apego o al menos su aceptación de la resignación como una postura frente a las adversidades.

He venido descubriendo con el discurrir de mi tiempo ya un tanto gastado, y de ello he dejado constancia en varias páginas de mis novelas y de mis reflexiones filosóficas, que nada, en esta vida de hombre que nos ha sido dada, pero que estamos obligados a sobrellevar, nada, repito, alcanza una mayor fuerza tanto constructiva como destructiva como la resignación.

Empecemos por la vida misma. Si no nos resignamos a vivir la vida con la que azarosamente nos vimos sorprendidos al nacer, ¿qué otra cosa podemos hacer? Suicidarnos, quizás, aunque el suicidio lo concibo como la negación misma de la resignación. La niega de tajo creando nuevas circunstancias para tal vez otras fórmulas.

Después, la vida ya en camino, hace florecer todos los obstáculos imaginables e inimaginables para que el hombre, precisamente, prescinda de ella. ¿De qué otra cosa, con mayor fuerza y poder, puede él echar mano para encontrar cierto equilibrio en el mundo, no tropezarse y no caer, sino no es de la resignación? La resignación alcanza tal preponderancia que por sí sola puede ser suficiente para mantener al hombre con vida.

La resignación es como una roca a la que no se puede vencer a punta de cabezazos. La resignación está ahí, es una oferta permanente que nos da la posibilidad de hacer uso de su regazo para reclinar nuestra impotencia. Frente a una imposibilidad, la resignación deviene en paliativo. Frente al dolor, la resignación es un sedante. Frente a la inconmovible adversidad, la resignación es un mensaje de esperanza. Frente a lo perdido irremediablemente, la resignación es una esperanza.

La resignación es, en todo caso, una aceptación con conciencia, es una aceptación inteligente.

Porque, y desde luego, aflora fácil la gran pregunta: si no aceptamos con conciencia, si no aceptamos con malicia e inteligencia una realidad inmodificable, ¿de qué puede valerse el hombre para confrontar en esta vida los imposibles?

Pero, además, habría que señalar que es precisamente la resignación la que nos da aire y tiempo para continuar en la brega permitiéndonos, a partir de un fracaso aceptado, de una rendición frente a la realidad, ubicar en el horizonte nuevos caminos hacia mejores oportunidades.

La resignación no es, pues, una virtud, por supuesto que no, la resignación es una estrategia.

Y, ahora bien, quien no se resigne, pienso, quien no admita la resignación como una fórmula salvadora y alternativa, imprescindible, concreta y real y precisa como una piedra, se verá abocado a romperse la crisma inútilmente.

Por último, contrario a lo que propone Balzac cuando afirma que la resignación es un suicidio cotidiano, o a lo que afirmaba Concepción Arenal en el sentido que la resignación no era más que el hábito de sufrir, pienso más bien, afortunadamente, que la resignación salva.

Pero, y después de toda esta filigranada disquisición, cómo no dejar aflorar una leve risita cuando nos topamos sorpresivamente con la frase de Felipe IV de España quien, frente a una costosa e irremediable derrota militar, resignado ante la fatalidad, exclamó:

¡Cúmplase la voluntad de Dios!


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