<<<  La Esquina de Germán Uribe


Del machismo feminista


No deja de ser arbitraria, normalmente, y a veces simpática y risible, excepcionalmente, la discusión que plantean cada vez con mayor ardor, con más regularidad y con más pelos parados en sus hermosas cabecitas, las mujeres que en nuestra época comenzaron el recorrido de la liberación femenina. Alteradas por ello, excitadas, ciegas por la emoción que causa el descubrimiento de su independencia, de su autosuficiencia, inmersas en las tinieblas de la ortodoxia feminista, lo rebaten todo, absolutamente todo, en un afán desmedido por afirmarse en su novedoso y delirante y exaltado status.

Recientemente, y a raíz de la muerte de la princesa Diana de Inglaterra, muerta en compañía de su amante egipcio a las dos de la madrugada en un vehículo que veloz atravesaba las calles de París, le anotaba yo a cierta muy apreciada amiga mi extrañeza por la conducta reiterada de infidelidad que Lady D. exhibió durante su vida. No habiendo terminado aún de exponer mis puntos de vista y sustentar mi juicio, mi muy feminista interlocutora me espetó muerta de la ira y al borde del colapso, como queriendo no abrirme los ojos sino sacármelos:

¡ Machista !

Entonces, regañado, cabizbajo y un tanto deprimido pero aún no vencido, y como para intentar librarme de semejante condena, o insulto, o estigma, y queriendo extenderle un puente de cordialidad razonada que no fuera a dejarme sin su grata compañía por el resto de mis días, le reflexioné tierna, dulce y silbonamente al oído:

Pero, claro, el príncipe Carlos también...

Y de nuevo me interrumpió, exasperada, con igual o mayor enfado:

¡ Claro, machista, tenías que ser !

No podía, en esta discusión moderna y tan de moda, sin dejar de ser "machista", fustigar a una mujer por infiel; pero tampoco censurarme a mí, y a los que conmigo han sido en este mundo tales, sin caer en el recurrente y veleidoso machismo.

Palo porque bogas, y palo porque no bogas.

En conclusión, para mi amiga, la vocera universal de las mujeres de ahora y de las que seguramente vendrán todavía más alborotadas y mejor sustentadas en el próximo milenio, el hombre infiel lo es por machista y a la mujer infiel no puede condenársela por ello, si no fuera por los ojos machistas del hombre.

Estando así las cosas y vista esta conducta de los seres humanos de tal manera desde la óptica feminista, sólo nos queda a los hombres doblegarnos, callar y esperar... Pero, eso sí, ir buscando en estos finales de siglo el refugio bíblico de las copas más altas de los árboles más frondosos que nos permitan sobrevivir medianamente en el siglo XXI.

Esto, que lo escribo para mi Diario personal e íntimo, que es una reserva del sumario, ¿podré sacarlo a la luz pública, por ejemplo, en una columna periodística, sin quedar expuesta y en peligro mi integridad personal?

¿Sin que la lectora "desprevenida o reflexiva o ecuánime" me grite "machista" y me odie y me condene para siempre?

¿Sin que me saque los ojos?

¿Sin que me arañe?...



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