Nosotros los de entonces, ya no somos los mismos...
por Germán Uribe
Hasta hace algunos años, cuando no solamente era sino que me sentía joven y vigoroso, regían para mí unas licencias que me lo permitían todo a cambio de nada. Por entonces, sin mediar mayores preocupaciones, nada me era imposible o difícil. Los obstáculos eran una provocación y un reto alucinante. Pero con el paso de los años han cambiado de tal manera las reglas aconsejadas para llevar una vida equilibrada y tranquila, que hoy me veo precisado a indicarle, particularmente a los jóvenes y en busca de su beneficio y aprovechamiento, lo que antes hacía que hoy no hago, o lo que antes dejaba de hacer y hoy ya no puedo. Y no todo lo que ahora dejo de hacer se me impone por voluntad propia o porque así sería mejor, sino que algunas cosas de las que antaño hacía y ahora no hago, me vienen dictadas por fuerzas extrañas a mi voluntad, por una realidad abrupta e inexorable.
Pero mejor será ver los ejemplos y contemporizar o no con ellos:
- Yo no creía que la muerte era segura, porque de pronto vaya y quién sabe...
Ahora creo que no hay nada más seguro en esta vida que la muerte.
- Pensaba que la comida era para comerla y nada más. Ahora pienso que la comida es para alimentarnos y gozarla.
- Antes imaginaba que el amor de las mujeres era una obligación suya frente al hombre.
Ahora sé que el amor de las mujeres hay que ganárselo.
- Antaño todo era cantidad. Ahora sólo busco la calidad.
- En otros tiempos me dedicaba de noche a prender todas las luces de mi casa para verme mejor dentro de un mundo bien iluminado. Ahora sólo puedo verme a mí mismo bien y ver al mundo que me rodea preciso, en medio de la tenuidad y la penumbra.
- Otrora no me detenía a pensar en la velocidad agobiante y opresiva del tiempo, lo dejaba pasar de manera alegre e irresponsable. Ahora taso, cronometro, mido cada segundo que pasa.
- Antaño dejé de hacer muchas cosas porque simplemente no quería. Ahora dejo de hacerlas porque simplemente no puedo.
- Anteriormente reía con ganas; había mucha soberbia y despreocupación en mi risa. Ahora río con cautela.
- En épocas lejanas comía de todo. Ahora: ¿qué puedo comer?
- En mis viejos tiempos todo lo veía desde un punto de vista general, universal. Ahora todo lo miro con la lente de lo particular y lo concreto.
- Entonces mis viajes los desarrollaba por todo el mundo. Ahora viajo solo y solamente por dentro de mí mismo.
- Antiguamente los amigos me escogían a mí. Eran numerosos. Ahora yo escojo a mis amigos. Son pocos.
- Hasta hace muy poco escribía para que me admiraran. Ahora escribo para que me quieran.
- Antes me desesperaba y gritaba. Ahora me acomodo a la realidad y callo.
¡ Maduré!
© Germán Uribe ( Todos los derechos reservados por el autor )
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