Reflexiones sobre la vida de Germán Uribe

Cambiar

Este puñado de Reflexiones existenciales, lo dedico a la memoria grata de mi inolvidable y admirado amigo Alberto Suárez Casas.

Definitivamente es más fácil cambiar que cambiarse.

El mundo puede ser uno, pero nos compete a todos.

A veces nos limitamos a vivir dentro del marco de la libertad que los otros se permiten protegernos.

Es más pegajosa la soledad que la compañía.

Se puede llegar a ser más libre, cediendo que dominando.

Se puede llegar a ser deliciosamente libre siendo maliciosamente esclavo.

De hecho, la existencia es una obligación.

Mala disciplina aquella que se genera de los deseos reprimidos.

Ni la libertad ni el amor conceden espacios al miedo.

La violencia sólo podría tener validez cuando se genera de abajo para arriba.

Son numerosas las enfermedades que padecemos y que no lo serían sin nuestro consentimiento.

La gran disculpa de los perdedores se llama destino.

¿No será la fe un purgante?

Cada vez que nos ensalzan, ciertamente nos están pidiendo una disculpa.

¡Y saber que todo lo que le pedimos a la vida es un poco de calor!

Es más embriagante el dolor que la felicidad.

Es insospechable la carga de fantasía que requerimos para poder meternos en la realidad.

La felicidad, a menudo, tiene el rostro de una loca ebria.

Lo más duro de vivir un buen momento es saberlo de inmediato perdido.

Lo que no nos deja vivir en paz es la fantasía.

La única soledad saludable es aquella producto de la buena conciencia.

La entrega total es buena en cuanto no nos da tiempo para la duda.

Para mejor vivir, algunos se dedican a vivir una vida inmediata.

Para Nietzsche la vida es una mujer; para Sócrates, la vida es una enfermedad. ¿Y si la vida fuera una mujer enferma?

La moral persigue a la conciencia sin importarle que sea de ella de quien se alimenta.

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